jueves, 1 de diciembre de 2016

El Adviento: sinfonía de amor con María en cuatro tiempos

(Tomás Morales SJ.
Extracto de una meditación en el retiro de Cristo Rey, 20 de noviembre de 1977)

Con la Inmaculada, vivir la sinfonía de amor que es el Adviento. Sinfonía de amor en cuatro tiempos, que tú debes tener ocasión de ir saboreando a lo largo de la oración de los días próximos, y haciendo oración durante el día, con jaculatorias, letanías del amor en la calle, en el trabajo, en el estudio, donde sea; despegando siempre de lo visible, volando hacia Dios con pequeñas súplicas de amor, acompañando a nuestra Señora.
María, en el Adviento, sinfonía de amor en cuatro tiempos.
Primer momento de esa sinfonía del amor: la Virgen antes de que llegue el ángel. Basta saborear unas frases de san Lucas para situarse en órbita: El nombre de la Virgen era María. Antes de que llegue el ángel, no ha hecho otra cosa en su vida, que mirar al Padre de los cielos preparándose, con una oración sublime, a este día de la Anunciación.
Segundo momento: María con el ángel. Podríamos escoger cualquier palabra (tú las debes ir saboreando todas en los días próximos, en la oración de la mañana y durante el día, con súplicas amorosas), pero me basta con una: nada hay imposible para Dios. Confianza, seguridad, plenitud. Nada hay imposible para Dios y, como la Iglesia lo sabe, se llena de confianza en este Adviento. Como el alma, asediada por tantas miserias, infidelidades, pecados, impotencias, incapacidades. Levántate, Jerusalén, mira a lo alto (pero mira a lo alto, a la Inmaculada, en cuyo seno virginal va a nacer Jesús) y contempla la belleza de tu Dios, que viene a ti encerrado en ese relicario virginal de la Inmaculada. Estas palabras de Baruc, proféticas, recogidas por la liturgia, no solamente aluden a Belén, sino al encuentro con Él cuando, pasada ya para ti la vida presente, se inicie la eterna. Visitará a su pueblo con la paz y le dará la vida eterna. Me visitará con su paz y me dará una vida que no acaba nunca.
Tercer momento de la sinfonía de amor: la Virgen a solas. Y el ángel se retiró de Ella. Adora, ama, se ofrece. A solas con su tesoro, recogida en oración. Días y días, y el alma no acaba de agotar esta frase del evangelio de san Lucas y de contemplar a la Virgen en el tercer momento de la sinfonía de amor.
Cuarto momento: con Isabel y con José. Apresuradamente sale a anunciar el Amor. A Isabel, en el gozo y en la exultación; a san José, en uno de los sufrimientos más terribles que tuvo en su vida.
¡Ven, Espíritu Santo! Enséñame a vivir esa sinfonía de amor, repitiendo muchas veces, con amor creciente: “Dios te salve, María, llena de gracia. Enséñame a desaparecer amando para que pueda contemplar y vivir esta sinfonía de amor, adorando a Jesucristo y sabiendo que, como Él ha estado dentro de tu seno virginal, también está dentro de mí por la gracia santificante”. El Reino de Dios, dentro de vosotros está.
Porque Adviento es invitación a vivir en intimidad con el que tenemos dentro. Por eso, la Cruzada-familia enciende esas velas simbólicas cada uno de los sábados y domingos de Adviento. Por eso, aparece en las capillas de los “Nazarets” o de los hogares un pesebre vacío. Por eso, al lado de ese pesebre vacío aparece el cirio apagado, que solamente se encenderá después de la primera Misa de Navidad.

¡Ven, Espíritu Santo! Intimidad, Amor, Vida que nunca acaba.