jueves, 1 de diciembre de 2016

Abelardo de Armas, apóstol de la misericordia (y VI)

Por Bienvenido Gazapo

En homenaje al hombre que subió bajando

FLOR ESCONDIDA
Cerramos estas reflexiones sobre el estilo de vida de Abelardo de Armas con un apunte sobre la aportación poética que hizo a su doctrina. En su personalidad se entrecruzaron dos componentes: su temperamento poético y su vocación educativa, concretada en ese permanente “entrenamiento” de los jóvenes para perseverar en el arduo camino de la santidad. Por eso, además de exponer su doctrina en cientos de charlas y meditaciones, lo hizo también a través de la canción.
Aunque Abelardo escribió un buen número de canciones en los años sesenta y setenta, fue a partir del año 1981, momento de la gracia de Duruelo cuando comenzó a volcar el interior de su alma en letras elaboradas al hilo de la vida. En ellas nos abre su corazón, expresando situaciones interiores por las que atravesó: la soledad, el desamparo y la pobreza, unas veces; la confianza y alegría, otras. Muchas las escribió en el entorno de Gredos, donde él se encontraba más inspirado. Les puso música propia, unas veces; otras, utilizó melodías de sus años jóvenes.
La década de los ochenta fue de gran creatividad. Según el cancionero inédito que poseemos, escribió 16 canciones entre los años 1981 y 1989. Las dos últimas, dedicadas a la Virgen de Gredos, son de los años 1992 y 19931. Incide en los tres temas sobre los que hemos venido reflexionando: 1. Las manos vacías: el descubrimiento de su pobreza y sus consecuencias; 2. Subir bajando: el camino; 3. “Flor escondida”. La Virgen. Un tema permanente, al que dedica sus dos últimas canciones
1. Manos vacías, el descubrimiento de su pobreza.
En el año 1986, Abelardo compuso en Gredos una de las canciones más bellas de su colección: “Dios de mis manos vacías”, con letra y música suyas. Es la declaración de la paciencia de Dios para con él, desde antes de nacer hasta el momento actual; la insistencia de Dios, que no se rinde ante su pobre respuesta y la victoria final de Dios con el milagro de su transformación en él. Escribe y canta:
Dios de mis manos vacías, que de nada me creaste y eternamente me amaste aun cuando yo no existía… Mas el pago que te di fue el de mis manos vacías… Mas tu amor que nunca acaba, nuevas gracias concebía. Y al fin venciste Señor, pues en mis manos vacías, puse tu propio dolor, mis miserias y mi nada, y tú pusiste tus llagas… Manos así transformadas colman todo de tu amor; ya no las tengo vacías, las ha llenado mi Dios.
Ante esta realidad, en Abelardo triunfa la confianza, actitud que refleja en “La cumbre de la Humildad”, escrita en 1981 con resonancias carmelitanas:
La cumbre de la humildad es vivir en confianza, creer que la nada alza. Bajar por esta escalera peldaños de confianza, tanto cuanto espera alcanza. Subir bajando no es sueño ni loca imaginación; es gloria de lo pequeño que encuentra en la humillación la grandeza de aquel Dueño que, en la pobreza de un leño de todo se hizo Señor.
Intuición de Abelardo, avalada por la grandiosa afirmación de Juan de la Cruz:
En esta desnudez halla el alma espiritual su quietud y descanso, porque, no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, porque está en el centro de su humildad; porque cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga (1 Subida 13,13).
2. Subir bajando es el camino. Aquí es donde Abelardo aparece como gran guía de los montañeros del espíritu.
En 1984, escribió “Montañero”, la canción juvenil más familiar y repetida por nuestros acampados:
Montañero que vienes a Gredos buscando las cumbres de un gran ideal, mira al cielo y en la noche cuajada de estrellas, las luces de ellas de Dios te hablarán. No te canses de ver en la altura, modelo y figura tu meta a alcanzar, pero piensa que bajando se suben las cumbres más altas que existen que son de humildad.
¡Cuánto cuesta creer que miserias son gracias muy serias que matan el yo! Y que el alma se hace grande si se ve pequeña con tal de que busque los brazos de Dios.
¡Qué alegría pensar que María es la madre buena que en cruz se nos dio! Y que en ella, si te sabes hacer como un niño, serás otro Cristo gozando su amor.
Tres afirmaciones muy suyas: Primera, volar alto: Mirar al cielo. No cansarse de los grandes ideales… Pero piensa que bajando, se sube. Segunda: las miserias, nuestras debilidades, no son accidentes desgraciados, sino son gracias, que “matan el yo”, que nos hacen grandes, si nos abandonamos en las manos de Dios. Tercera: la Virgen hará el milagro de hacernos otros Cristo, si somos niños, en los brazos de Dios. Ser pequeños. Santa Teresa de Lisieux.
Pero ¿cómo hacer?, ¿cómo bajar subiendo? En 1987 escribió “La cumbre está más abajo”. Toda una lección sobre el “ganapierde”, sacada de la entraña misma del Evangelio:
Si quieres ganar perdiendo, si quieres morir amando, si quieres gozar sufriendo, si quieres subir bajando, has de vivir padeciendo y la santidad buscando, no en cumbres de exaltación mas por cruz de humillación, seguir a Jesús callando…
Y aunque parezca locura, buscar la cumbre en lo hondo y renunciar a la altura, fue la Cruz pozo sin fondo al que Jesús descendió y en ella todo se salva y todo se unificó…
¡Salve, Cruz, donde se baja a la cumbre del amor!
“Ganar, perdiendo”; “gozar, sufriendo”; “subir, bajando”… “buscar la cumbre en lo hondo”… Contradicciones lógicas. Es el lenguaje místico de san Juan de la Cruz: “abatíme tanto, tanto, que fui tan alto, tan alto, que a la caza le di alcance” (Poesías; otras del mismo a lo divino).
No pueden faltar las advertencias del maestro espiritual. En su canción “Para vivir la santidad”, escrita en 1989, a la que puso la música de “Los niños del Pireo”, nos abre horizontes:
Para vivir la santidad es preciso creer que la nada es la verdad, más la soberbia te dirá que es virtud el tener muchos dones para dar.
Y si te dejas confundir, pensarás que subir es cumbre de santidad, pero es el Niño de Belén y el Jesús de la Cruz tu modelo a imitar…
Y cuando quieras comprender que bajar es subir la cumbre de la humildad, pon tus ojos en la mujer que por Madre Jesús en la Cruz te quiso dar.
Y es María, causa de tu alegría, porque se hizo pequeña la que es madre de Dios. Y en abajarse y hacerse pobre esclava la gran lección te daba de amar la humillación.
Pobreza y humillación. Esta vez es el eco de san Ignacio de Loyola en la meditación del Rey eternal: “Que quiero… imitaros en pasar todas injurias… y toda pobreza así actual como espiritual”.
3. Flor escondida. La Virgen María: pilar, fortaleza, firmeza, paciencia, ternura… Todo un estilo de vida para los Cruzados y el movimiento de Santa María.
Comenzaba la década de los noventa. Abelardo tuvo que renunciar a las cumbres de manera real, porque su salud ya no se lo permitía. Pese al esfuerzo de años subiendo con su muleta al Circo de Gredos, ya no puede más. En julio de 1991 se instaló una imagen de la Virgen del Pilar en una grieta del Circo de Gredos. Él estaba lleno de ilusión y se hizo eco de ello. Escribió a finales de junio, unos días antes de este hecho:
Y en toda esta escuela… de una espiritualidad educadora que se expresa en un estilo de vida, con más fracasos —eso sí, aparentes— que éxitos, es la Virgen María… el pilar, la roca en que nos asentamos. Por eso, dentro de una semana, en una concavidad entre riscos de su y nuestro santuario del Circo de Gredos, colocaremos una imagencita de ella en su advocación del Pilar. Su HÁGASE-ESTAR es divisa inseparable de nuestras vida2.
Presente para nosotros, pero ausente (inexistente, de hecho) para los miles de montañeros que pasan a escasos metros de ella, a lo largo del año, la Virgen de Gredos vela por todos. A esa Virgen Abelardo dedicó en 1992 una canción, llena de nostalgia, pero con un mensaje indiscutible: Ella es la flor llena de belleza femenina, pero es fuente, vida, faro, contemplativa en la acción…
Adiós, Virgen de Gredos, que oculta en la montaña como una flor del campo te abres sólo a Dios. Sin nadie que te mire, sin nadie que te cuide. Estás y eso te basta, esclava del Señor...
Has convertido Gredos en un templo gigante, donde se rinde culto al olvido del yo...
El Hágase y Estar será nuestra oración. El momento presente, contemplación y acción.
De ti brota la vida que mana de esa herida, al convertir tu gruta en corazón de Dios”.
Flor del campo. Solitaria. Estás. Gruta pétrea, corazón de Dios… ¡Cuántas resonancias en los corazones de cada uno de los que han vivido a lo largo de estos veinticinco años junto a ella!
Un año más tarde compuso “Flor escondida” con la música de “Adiós Mariquita linda”. La invitación aquí es imitar a esa flor escondida, haciendo de su estilo de vida, el nuestro: pequeños, abandonados, mirarla permanentemente:
En Gredos hay escondida una flor que no es fácil encontrarla porque vive oculta en Dios…
Si quieres ser flor del campo y vivir solo en Dios abandonado y olvidado de tu yo, mira a la Virgen que en Gredos vive oculta, escondida y en silencio, abierta tan sólo a Dios.
Ella es tu mejor modelo de saber ganar perdiendo… Aquí tienes el sendero que la Virgen, flor del campo en Gredos te descubrió.
* * *
Es difícil transmitir al lector la belleza de este mensaje, porque estas canciones se crearon para cantarlas y oírlas con su música. Pero meditar esas letras en el silencio de la oración o por los caminos de la vida (en el día a día, al contacto con nuestras dificultades y las de los hombres) acaso nos haga mucho bien.

Agradecemos a nuestro Abelardo todo lo que recibió de Dios y acertó a transmitirnos de forma tan bella.

Notas
1 La acertada previsión de Rogelio Cabado, le hizo no sólo armonizar y arreglar estas canciones con ayuda de profesionales de la música, sino llevar a Abelardo al estudio de grabación. Gracias al trabajo de varios amigos pudieron grabarse tres CD, con sus libretos adjuntos, titulados “Manos de Dios”, “Hijo del Hombre”, “Flor escondida” (Ediciones EDIBESA), y conservar así sus canciones. Desde aquí nuestro agradecimiento permanente por esta labor inestimable.
2 Impresiones marcha a los Pinares San Rafael (22-23.06.1991).