miércoles, 1 de mayo de 2013

Hacen falta educadores de verdad

Portada Estar 279

La educación es uno de los asuntos más decisivos de nuestro tiempo. Tanto en los escenarios formales -los sistemas educativos, los currículos, la formación del profesorado, la política educativa, etc.- como en los no formales -la familia sobre todo, pero también los medios de comunicación, las redes sociales, el ambiente de la calle, las modas, etc.- se aprecia que la educación está afectada por la crisis que aqueja a nuestra sociedad y a nuestra cultura.

En 2008, afirmaba Benedicto XVI: “Debemos, preocuparnos por la formación de las futuras generaciones, por su capacidad de orientarse en la vida y de discernir el bien del mal, por su salud no sólo física sino también moral… Ahora bien, educar hoy parece ser cada vez más difícil. Se habla, por este motivo, de una gran «emergencia educativa», confirmada por los fracasos que encuentran con demasiada frecuencia nuestros esfuerzos por formar persona sólidas, capaces de colaborar con los demás, y de dar un sentido a la propia vida.”

A través de la experiencia educativa se transmiten los saberes, las experiencias, los valores, los hábitos, las actitudes… Se van configurando las conciencias y forjando los caracteres. El referente de toda educación es el adecuado perfeccionamiento de la naturaleza humana en cada persona.

Pero el escenario educativo se puede convertir en lugar y ocasión de manipulación si en lugar de fomentar la libertad responsable y la búsqueda de la verdad, se orienta al niño o al joven hacia criterios, comportamientos y concepciones indignas. En lugar de hacer posible que el niño o el joven aprenda a pensar, a decidir y a actuar por sí mismo de acuerdo con el orden moral objetivo y la dignidad de las personas, el manipulador fomenta la inmadurez: pretende pensar, decidir y actuar en su lugar. Refiriéndose de manera específica a la educación cristiana, el P. Morales solía repetir con Pío XI: «El verdadero cristiano, fruto de la educación cristiana, es el hombre sobrenatural que piensa, juzga y obra constante y coherentemente según la recta razón iluminada por la luz sobrenatural de los ejemplos y de la doctrina de Cristo; o por decirlo con el lenguaje ahora en uso, el verdadero y auténtico hombre de carácter».

En el acto educativo una persona ayuda a otra a introducirse en la realidad, a crecer en humanidad, a tomar decisiones y ejercer su libertad de forma responsable y acorde con la verdad y el bien; a captar y engendrar la belleza en el mundo.

Para ello, el educador se sirve de su pericia pedagógica, pero ante todo de sus actitudes y valores personales: debe acompañar con el ejemplo, debe exigir para incitar a la excelencia y a las demás virtudes.

En última instancia, la verdadera educación requiere la dedicación amorosa -el amor busca siempre el bien de la persona amada- y el respeto. Todo auténtico educador sabe que para educar tiene que procurar dar lo mejor de sí mismo y que sólo así puede ayudar a sus alumnos a superar el egoísmo para poder, a su vez, ser capaces del auténtico amor.

Suele decir Abilio de Gregorio que cuando un educador se pone ante sus discípulos, tan sólo con su actitud ya les está diciendo: “el mundo es así”. Por ello, ante todo, hacen falta educadores, maestros de vida. Si hay verdaderos maestros que amen su labor, y transmitan lo que se esfuerzan lealmente por vivir, a pesar de las insidias de todo tipo y de un entorno moralmente demoledor, habrá esperanza para nuestros jóvenes.

La educación de la infancia y juventud

Por Santiago Arellano Hernández

Con la que está cayendo qué extraño tiene que el desaliento sea el sentimiento dominante entre educadores y responsables de la educación. No se puede hacer nada. Hombre, no. Hacer hay que hacerlo todo, aunque los frutos no los veamos. Es precisamente en estos momentos en que la humanidad, no sólo en nuestros lares, se encuentra desorientada, cuando es bueno volver la mirada a tiempos, también fuertes, pero que comparados con los nuestros hasta pueden parecer bonancibles.

Cristo y la Virgen como protectores de la infancia (1694),
de Esteban Márquez
Hay un enorme mural en el salón de actos de la Universidad de Sevilla, en el Paraninfo, que inicialmente estuvo en el colegio sevillano de San Telmo, en el que se preparaba a los futuros marineros de España. En dos momentos se ve a Nuestro Señor Jesucristo, en una, sentado, acogiendo a un grupo de niños; en otra, de pie, enseñándoles. A la derecha la Virgen protege y dirige a otro grupito, que llevan en sus manos letanías lauretanas, hacia su hijo. Arriba, unos Apóstoles, les dan de comer. Y en una esquinita, como al tanto de todo, San Telmo con su hacha encendida y el gran San Francisco Javier. No se trata de una escena idílica que tiene lugar en el cielo. Los niños están en esta ladera de la existencia. El cielo desciende a la vida cotidiana y ayuda, -resumen de toda educación- al alimento del cuerpo y del espíritu-. Los ángeles descienden gozosos a la tierra.

En nuestros días se califica como de otros tiempos cualquier referencia a lo sobrenatural. Se nos olvida que lo único realmente actual es lo verdadero, que la auténtica modernidad solo se encuentra en la adecuación de nuestras ideas con la realidad. Por eso tanto palo de ciego y tanta desesperanza. Murillo y sus discípulos lo tenían muy claro en aquella España de la segunda mitad del siglo XVII. Esteban Márquez es un pintor casi desconocido, como suele ocurrir cuando sigues la estela de un genio. Este cuadro me ha sorprendido como muy digno de tenerse en cuenta.

El segundo referente artístico es un poema de José Mª Valverde. Se titula PATERNIDAD y dice: 
Con niños por en medio, ya no hay modo de que sienta temor de Dios, que tiemble de aquel Yahvé del fuego y de la cólera que llenó mi niñez de escalofríos. Con este amor abyecto que me arrastra por verles sonreír, con mi tormento si algo les duele, el vértigo pensando qué será de ellos luego, solos, torpes, y sabiendo muy bien qué disparates hizo Dios por nosotros, no hay manera de temerle. Ya sé su punto débil: es Padre, es Hijo en medio de hermanitos. ¿Cómo no he de abusar de mi confianza? Pero a ellos no les hablo de eso: un día empezarán a verlo con sus hijos.


¿Se nos olvida que Dios, Padre más que nosotros de nuestros hijos, no se desentiende ni un instante de cada uno de nosotros? Recuerda el poeta aquella visión de un Dios severo e implacable, tan alejado tanto de la Justicia como de la Misericordia que nos reveló el Evangelio. Su experiencia de padre le lleva al encuentro con la imagen de Dios. Nosotros hacemos locuras con nuestros hijos y ¿Dios no ha hecho locuras con nosotros?


Confianza en Dios, que Dios no es una palabra sin referente. Confiar en Dios hasta el abuso. Los dos últimos versos son tan sorprendentes como ciertos. Decirlo, podría ponerlos en peligro de no exigencia, disciplina y orden. Ya lo descubrirán cuando tengan hijos.

Crisis de educadores

Fernando Martín Herráez

La crisis que padecemos y que está en boca de todos, no es sólo la amenaza de bancarrota para empresas privadas, instituciones públicas, familias o individuos. Hunde sus más profundas raíces en la falta de auténticos educadores que orienten a niños y jóvenes al bien, la verdad y la belleza auténticas.

No es cosa de hoy. El cáncer minaba hace décadas la entraña moral y social de muchos países. Pero no queríamos verlo. Cincuenta años después, la dictadura del relativismo ha corrompido sensibilidades y obnubilado inteligencias. Se sigue pensando que el principal problema de nuestro tiempo es económico. Y no. Es sobre todo un drama moral y espiritual. El papa Francisco, a los pocos días de iniciar su pontificado, denunció dos cosas: la visión por la que el hombre se reduce a aquello que produce y a aquello que consume, y la dictadura del relativismo que hace a cada uno medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia porque no puede haber verdadera paz sin verdad.

Tomás Morales lo advirtió también con claridad. Algunos le consideraban un exagerado pero, en realidad, él y unos pocos más - a este lado de la trinchera, permítaseme la expresión- supieron ver a lo lejos las consecuencias de la mediocridad, del mero interés crematístico y la superficialidad con que la educación y la profesión docente se habían ido desnaturalizando. Al “otro lado”, sin embargo, personas y grupos procuraban hacerse con cátedras y puestos de enseñanza, seguros de apoderarse de las riendas de la sociedad, con un afán predominante: erosionar la conciencia moral y espiritual -cristiana en muchos casos- de numerosos países.

El padre Morales buscaba en la historia ejemplos que ilustraran su convicción. Recordaba el “error de Constancio”, emperador romano (337-361) en el que han incurrido tantos gobernantes que permitieron que las cátedras cayeran en manos de profesores de ideología anticristiana. Pensaba Constancio que bastaba con clausurar los templos paganos, prohibir sacrificios idolátricos, decretar la pena de muerte para los que practicasen el paganismo, dejando, en cambio, a cargo de sofistas paganos y filósofos neoplatónicos la dirección de los estudios superiores y la educación de los dirigentes. Y advertía también el P. Morales acerca de las ideologías totalitarias o pseudoliberales que desde los días de la Ilustración o de Napoleón tratan de monopolizar la escuela esclavizándola a la política.

Benedicto XVI lanzó un grito de alarma ante la “emergencia educativa”, y Pablo VI afirmaba ya en los años 60 que la educación de la juventud era el problema fundamental de la acción pastoral, concluyendo que hacían falta educadores de caracteres fuertes, constantes y activos, capaces de asumir la profesión docente como un auténtico y decisivo apostolado. Con ello también lanzaba una advertencia a las familias cristianas.

La salida de la crisis actual, crisis antropológica, moral y de sentido, si ha de ser eficaz y duradera, ha de centrarse en la educación integral de la juventud. Hacen falta maestros bien formados, con ideas claras acerca del bien y del mal, conscientes del gran valor de su vocación docente. He aquí a los auténticos misioneros que necesita nuestro tiempo: la nueva evangelización pasa por suscitar auténticos maestros y educadores, profesores, padres y madres de familia. Hay una misión más estable y menos ruidosa, más fecunda y duradera, más radical y trascendente. Es la que ejerce el maestro -docente o padre- cristiano y consecuente.


Evangelizar el mundo de la enseñanza es tarea apasionante para un cristiano; suscitar y animar vocaciones a la educación entre los jóvenes mejor preparados, una urgencia ineludible.

Fascinado por la Belleza

Daniel Rodríguez Diego, ordenado sacerdote el 27 de abril

Redacción ESTAR

En la tarde del sábado 27 de abril, nuestro colaborador Daniel Rodríguez Diego recibía la ordenación sacerdotal en la Catedral de la Almudena de Madrid, de manos del Cardenal Arzobispo Antonio María Rouco Varela, junto con otros 21 jóvenes diáconos, y rodeado de familiares y amigos.

Nacido en Zamora hace 32 años, y formado como militante de Santa María, Daniel -siempre Dani para los que le queremos- estudió Historia del Arte en la Universidad de Salamanca, Humanidades en la de Navarra y Teología en la Facultad de San Dámaso, de Madrid, donde se dedica de modo especial al estudio de la espiritualidad oriental.

Ejerció como profesor de religión católica en el colegio Luis Amigó, de Pamplona, y participa desde hace unos años en el Centro Aletti, que dirige el P. Marko Rupnik SJ, y que promueve la convivencia de ortodoxos y católicos de rito oriental y latino. Ha sido destinado a la parroquia de San Jorge de Madrid.

En la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia, en 2005, recibió la gracia de reconocer cómo a lo largo de su vida -más claramente desde los 11 años-, se había insinuado una llamada de Dios que hoy se abre a una dimensión extraordinaria, a una historia de amor y de comunión, de identificación con la belleza de Cristo crucificado.

La Catedral de Santa María de la Almudena se quedó francamente pequeña para todos los asistentes que acompañaban a los ordenandos.

La ceremonia fue presidida por el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, al que acompañaban sus obispos auxiliares y el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla. En sus palabras, el ordenante recordaba a los jóvenes que se disponían a recibir el don del sacerdocio: “Tenéis que sentiros elegidos y amados por el Señor para edificar la Iglesia… habéis sido muy amados por el Señor. Elección y llamada que hoy se convierten ya en consagración, en realidad sacramentalmente transmitida y donada, y que supone por parte de Jesús un gran amor de predilección por vosotros, al que debéis de responder en vuestra vida con un mismo amor perseverante, fiel y verdadero; es decir, entregado... Vuestra misión, prosiguió, va a ser la de hacer vivo ese sacerdocio en medio de vuestro pueblo, para que todo el pueblo participe de esa vida y de esa gloria del Señor, de su amor”.

Y añadió: “El hombre necesita creer porque necesitar conocer la verdad, necesita esperar porque la muerte no puede ser su destino, y necesita ser amado y amar porque, si no, se convierte en un absurdo de existencia, en sí mismo, y un instrumento de dolor y muerte para todos”.

Exhortó finalmente a los que iban a ser ordenados presbíteros a no tener “miedo ni al presente ni al futuro”. “Tenéis que perseverar en la fe. Ejercer un ministerio que tiene que estar siempre vivo: en la predicación, en la celebración de los sacramentos, sobre todo en la presidencia de la Eucaristía, en la penitencia, en el perdón de los pecados y en el estar siempre cerca del que sufre y del que busca gracia, amor, perdón, solución y bienes de todo tipo, tanto materiales como espirituales”.


“La Iglesia os acompaña con su oración para que no vaciléis nunca. Que vuestra firmeza en la fe, vuestra apuesta por la esperanza y vuestro testimonio con una vida entregada en el amor sea siempre la señal y el distintivo de vuestras vidas”, manifestó.

La Historia Interminable

Un proyecto catequético en el año de la fe

Javier Segura Zariquegui

Todo niño -y los no tan niños- ha deseado vivir en los tiempos antiguos, de Roma, Grecia, Egipto, las historias de la Sagrada Escritura... Algo de eso, y mucho más, es lo que están realizando un grupo de treinta niños de la Milicia de Santa María. Un auténtico viaje al pasado, que se proyecta en el futuro de sus vidas.

El proyecto denominado 'La Historia Interminable', tiene como base las grandes figuras del Antiguo Testamento, con Abraham, Moisés y el Rey David como protagonistas. En torno a sus historias se reviven durante una jornada las aventuras que pasó cada uno de ellos en paisajes que evocan sus peripecias. Así con Abraham nos trasladamos a la sierra de la Cabrera, donde disfrutamos de un intenso día en las montañas, en torno a un monasterio románico, y en el entorno de poblaciones y castros de la edad de Bronce pueblos del 3000 antes de Cristo. Allí los participantes pudieron conocer a Abraham, disfrutar de la Gymkhana 'Sal de tu tierra' en la que se encontraron con Lot y su mujer convertida en estatua de sal, tuvieron que contar las estrellas o descubrir mensajes de un lado a otro de la montaña. En lo alto del monte cogieron piedras y leña para el altar del sacrificio de Isaac. ¡Fue curioso ver la disponibilidad de todos los niños cuando pedimos voluntarios para ser sacrificados como Isaac! Después de una pequeña representación, bajamos al monasterio para celebrar el auténtico sacrificio de la Eucaristía, en que Jesús, el Hijo, se ofrece al Padre por nosotros. Concluimos la jornada con el testimonio de un misionero, que como Abraham, un día oyó la voz de Dios que le invitaba a salir de su tierra. En este caso el Padre comboniano Víctor Zabala que ha estado de misionero en Centro África.

Moisés tuvo como escenario el templo de Debod, en el madrileño parque del Oeste. Los niños pudieron conocer el esplendor de Egipto, pero a la vez comprender cómo ese esplendor se construyó gracias a los esclavos judíos. El histograma de José, su descendencia y la esclavitud de la que les liberaría Moisés. Los turistas que se acercaron esa mañana al Templo se encontraron al Faraón peleándose con Moisés, a un buen grupo de músicos, a una cantante lírica que interpretaba a la madre de Moisés, y todos por medio del teatro y la música dando vida a esta famosa historia. Canciones del musical 'Hijos de la libertad', la película 'El príncipe de Egipto' o incluso de Louis Armstrong pusieron voz y color a la historia. A este momento siguió la Gymkhana en la que los niños tuvieron que sobrevivir a las diez plagas de Egipto. De allí pasamos a tener la eucaristía, esta vez centrada en la figura de Moisés y su paralelismo con Jesús. La tarde se completó con un maravilloso postre, auténtico maná en nuestro desierto, mousse de chocolate blanco, traído por dos ángeles del cielo. Concluimos la jornada con un tiempo de adoración eucarística en el que hablamos con Jesús, como hizo Moisés con Yahvé, cara a cara, como un amigo habla con un amigo.

Como fácilmente se puede ver detrás de este proyecto hay un gran equipo de colaboradores (músicos, actores, preparación de trajes, logística, cocineras...) que trabajos en equipo para hacer posible que los más jóvenes se acerquen a la fe, y en concreto a la Sagrada Escritura. Un trabajo en equipo que se completa con el de los militantes mayores que hacen de monitores de los juegos y de los equipos de chavales.


Sabemos todos que entregando la vida, en estas pequeñas coas, es como se gana. Que hay más gozo en dar que en recibir. Que lo que hagamos por uno d estos, los más pequeños, lo hacemos por el Señor.

La verdadera alegría

Foro Universitario de Primavera 2013. Palencia

Equipo Pedagógico Ágora

Del 19 al 21 de abril y sobre el tema “La verdadera alegría”, tuvo lugar en Palencia el Foro Universitario de Primavera, una Escuela de humanismo que pretende suscitar el encuentro con los valores de sentido, esos que pueden llenar el corazón humano.

Constituye un ámbito de encuentro y de amistad en el que se dan cita profesores, alumnos y profesionales de diferentes ámbitos para reflexionar juntos sobre un tema esencial. En esta ocasión éste ha sido todo menos trivial: la felicidad, el sentido de la vida, el amor auténtico, la capacidad de descubrir el verdadero valor y el encanto de las cosas, las personas y los acontecimientos, la fortaleza ante las frustraciones y contratiempos de la vida…

Una de las paradojas del momento es que nuestra civilización se ha mostrado capaz satisfacer en alto grado las necesidades materiales ineludibles, y otras tantas artificialmente creadas, y a la vez nos ha incapacitado para afrontar las verdaderas y más profundas, entre las que se encuentran el renunciar por amor, perdonar, afrontar compromisos arduos, aspirar a grandes ideales o, simplemente, saber sufrir cuando acontece, y apreciar las cosas de cada día. La más humana de todas las necesidades, la necesidad de ver el sentido de la propia vida, permanece insatisfecha para muchos.

Hay quien puede tener bastante con qué vivir, pero con frecuencia no tiene nada por lo que vivir. Lo peor de la crisis que vivimos es que muchos han cifrado el motivo de su vida en la acumulación de medios para vivir (dos asuntos muy diferentes). Además, como los recursos han empezado a faltar, todo se les ha venido abajo.

Buscamos compulsivamente la alegría y la felicidad, pero somos incapaces de tolerar la consiguiente frustración; nos hemos habituado a los deleites y a los placeres pero ya no sabemos prescindir de ellos y nos hemos vuelto extremadamente dependientes de nuestras apetencias. Nos cuesta en extremo decir no. Y decir sí hasta el final. Nos resulta difícil, en fin, aceptar que la verdadera alegría, la felicidad, es un don, un regalo.

FORUNIVER va por su edición nº 44. En todas hay un tema de reflexión que alude a “lo humano permanente” en clave de humanismo cristiano. Busca ser una escuela de vida. Se trata de hacer Universidad auténtica fuera de la universidad. El Manifiesto “Queremos”, frontispicio de esta Escuela, expone la filosofía de la actividad, de este grupo de amigos que buscan la verdad:

Queremos hacer universidad verdadera. Y humanizar el tejido social, más allá de eso que llaman universidad. Queremos conocer maestros que nos hagan ver y disfrutar del encuentro fascinante y exigente con la verdad, el bien y la belleza. Y formarnos para dar lo mejor de nosotros mismos. Porque queremos comprender nuestro mundo y hacerlo más humano. Convencidos de que la cercanía de los maestros es el mejor modo de caminar al encuentro con el saber, volvemos a reunirnos en este Foro universitario para convivir y hacer escuela de valores humanos.

UN ESTUPENDO GRUPO DE AMIGOS

Del conjunto de asistentes muchos son católicos y serlo les importa mucho. Otros no lo son, pero buscan la verdad, aman de corazón y voluntad, desean hacer de su vida algo valioso. Como decía el clásico, nada de lo humano les es ajeno. Y entre todos se van anudando los lazos de la amistad. De los 46 asistentes a este Foruniver de Primavera, casi un tercio venían por primera vez pero no lo parecía: el respeto, el afecto y la apertura, la preocupación mutua, el afán de conocer y de saber, hacen que la amistad llegue espontánea y que eche raíces profundas.

Muchos han ido pasando a lo largo de los años, y muchos también permanecen. Cuando pueden, vuelven. Y mantienen viva la relación de amistad a través de las redes sociales (Ana, tenaz valedora de esta amistad perseverante, ¡muchas gracias!), los correos electrónicos, los encuentros esporádicos. En Madrid y Pamplona se han creado seminarios estables. FORUNIVER es una amistad que crece. Unos van trayendo a otros: ¡”No vengas solo/a”!, se dice siempre en cada invitación.

DOS GRANDES MAESTROS

La sabiduría la transmiten los maestros. José Manuel Domínguez Prieto, profesor de filosofía y escritor, en la mañana del sábado 20, habló de forma extraordinariamente amena del “arte de ser infeliz” (ante un problema: no hacer nada, huir, u optar por la agresividad contra los demás o contra uno mismo), y del camino alternativo hacia la verdadera alegría: partiendo del silencio que nos ayuda a ver que somos amados, creados, llamados, bendecidos por la acción de Dios... La alegría, apuntó, “está en el abandono de la propia vida en Alguien de quien me puedo fiar; pero no depende mí, es un don gratuito que debo intentar merecer dándome a los demás”.

Santiago Arellano es el maestro principal de esta escuela de valores que tanto le debe. Su especialidad es hacer síntesis espectaculares, aunando historia, arte, literatura, filosofía, ciencia, filosofía…, y ofrecer claves de sentido acerca de lo humano permanente, partiendo siempre de la experiencia estética. El domingo, a través de una impresionante antología de textos literarios y obras pictóricas, mostró cómo el “mundo feliz” basado en la divinización del hombre y soñado en el Renacimiento -aunque sus raíces se remontan al principio de la aventura humana-, ha llevado al olvido de Dios y a la consiguiente desesperación del hombre, si bien no faltan las luces de esperanza que señalan el camino hacia la alegría: “Amor es amar desde la raíz negra. Amor es perdonar; y lo que es más que perdonar, es comprender… Amor es apretarse a la cruz, y clavarse a la cruz y morir y resucitar… ¡Amor es resucitar!”, en palabras de Dulce Mª Loynaz.

La visita al Museo de Escultura de Valladolid fue ocasión para la contemplación y la convivencia. La madera gime de dolor, se exalta en amor y gozo, hecha mensaje por la fecundidad del espíritu humano y la creatividad y el oficio de los grandes artistas.

La noche del sábado fue dedicada a ver y comentar la magnífica película de F. Capra: Qué bello es vivir, perfectamente ubicada en el marco temático del encuentro.

Al acabar, recogimos la llamada a reorientar nuestra vida hacia la auténtica fuente de la alegría. Centrarse en uno mismo, enterrar el propio talento es asegurarse la infelicidad.

La nueva evangelización no debe buscarse en utópicos escenarios; es en el día a día donde nos jugamos no sólo nuestra salvación, sino la alegría agradecida que puede devolver la esperanza a este mundo, al que hemos sido llamados como testigos del Don que nos invita a salir de nosotros mismos.

La próxima cita, el FORUNIVER DE VERANO en Logroño, del 19 al 26 de julio, sobre otro tema esencial: “Hombre-mujer. El reconocimiento y valor de la persona ante la ideología de género”.


Te esperamos… no vengas solo/a. Más información en: www.equipoagora.es

Dios da siempre el ciento por uno

Inés Rodríguez y Enrique Alonso

Desde hace siete años participamos en los encuentros de novios de la parroquia de Santa Teresa de Getafe. ¿Por qué iniciamos esta andadura? Hacía tiempo que veíamos que el Señor nos llamaba a colaborar en temas de pastoral familiar. Primero lo hicimos en nuestro grupo, organizando las reuniones mensuales que teníamos para novios y matrimonios, y después surgió la inquietud de ofrecernos a dar cursos prematrimoniales ya que en aquel momento había gran necesidad. Nos pusimos en contacto con el COF (Centro de Orientación Familiar) de Getafe, que entonces coordinaba los cursillos de la diócesis, y nos ofrecimos a ayudar. Se lo propusimos también a los matrimonios del Grupo Santa María y finalmente junto a otro matrimonio del grupo, otros dos matrimonios de Getafe y el padre Javier Mairata, empezamos a organizar encuentros de novios.

¿Qué esperamos nosotros que las parejas de novios saquen de un fin de semana? Lógicamente tenemos una verdad que trasmitirles y sobre la que hacerles reflexionar. Nos esforzamos para que entiendan que esta verdad no es un conjunto de normas y prohibiciones que lo que hacen es fastidiar, sino que justamente esa verdad sobre ellos mismos y sobre el origen y la fuente de su amor que la Iglesia les ofrece, es la que les dará la felicidad. Para ello les damos unas charlas, intentamos que participen en los coloquios y hasta les ponemos una película; pero cada vez más, nos damos cuenta de que no depende de nosotros el convencer a nadie de nada, sino que nuestra única labor es la de sembrar para que el Señor haga luego su trabajo.

Lo que también creemos que les ayuda es vernos. Ver que se puede ser católico, tener una familia católica, tener hijos y educarlos según nuestras creencias, y QUE NO SOMOS UNOS BICHOS RAROS. Por esa razón siempre hemos intentado que los encuentros sean algo más que una sucesión de matrimonios dando su charla. Según las posibilidades de cada uno, procuramos acompañarles durante todo el fin de semana y que con nosotros también estén nuestros hijos; no sólo porque se lo pasen fenomenal o porque no tengamos con quién dejarlos, sino porque pensamos que su presencia, aparte de alborotar bastante, ilustra gran parte de lo que les estamos contado. El sábado comemos todos juntos (cada uno lleva algo de comida y la compartimos) y esto les suele gustar mucho. El ambiente más distendido propicia una mayor cercanía y conversaciones de todo tipo, desde las bondades culinarias, a la situación laboral o los preparativos de la boda y esto a veces hace que su predisposición hacia nosotros y hacia lo que les proponemos cambie.

La experiencia de estos años ha sido muy enriquecedora. En primer lugar porque nos ha dado la oportunidad de renovar una y otra vez nuestro matrimonio (¡y cuánto lo necesitamos!); de dar gracias por la vocación a la que el Señor nos ha llamado, que nos convierte en reflejo del amor y la ternura de Dios, el uno para el otro y también para los demás; de sacar al Señor del rincón en el que muchas veces le escondemos y ponerle en el centro, porque por esa razón nos casamos por la Iglesia; de recordar con cariño cuando nos enamoramos, los años de noviazgo y el día de nuestra boda; de ver a los hijos como un don, cuando no los teníamos y ahora que ya los tenemos; de proponernos cuidarnos más el uno al otro, dedicándonos tiempo, con pequeños detalles, eliminando los “siempres” y “nuncas” de nuestros reproches y… tantas otras cosas.

Enriquecedor ha sido el contacto con tantas parejas de novios y el ver cómo Dios mueve sus corazones a lo largo de un fin de semana y derriba tantos prejuicios. Ha sido bonito poder acompañar a conocidos y amigos en su preparación al matrimonio y que una de las parejas que participó en los encuentros, se haya ofrecido ahora a darlos.

El Señor también nos ha regalado la amistad del grupo de personas que a lo largo de estos años hemos compartido esta labor y que no hemos dejado de crecer, ni en el número de matrimonios ni en el de niños. Familias de origen diverso, con nuestras limitaciones y agobios, pero con una misma experiencia del Amor de Dios en nuestro matrimonio que intentar trasmitir.


Dios siempre nos sorprende y nos da el ciento por uno.

Educación en un tiempo de Crisis

Andrés Jiménez Abad

Más allá, detrás y en el fondo de los problemas económicos y de los escándalos políticos, hay mucho más en lo que pensar. Los medios de difusión y las redes sociales nos ofrecen una visión del momento más que preocupante: corrupción, quiebras empresariales, paro, recesión económica, inestabilidad política, contestación y agitación callejera, descenso en los niveles de bienestar material y emocional, desigualdades crecientes… El panorama no se ciñe a un solo país, aunque a cada uno le parece que el suyo es el no va más, por la proximidad de los datos, la notoriedad de los personajes o la experiencia sufrida en las propias carnes o las de los allegados.

Pero la crisis que agita una buena parte del planeta no es sólo ni esencialmente económica. Es consecuencia de algo más serio y más profundo, se trata una crisis moral, de pensamiento y de sentido. Decía Ortega y Gasset -hace ya muchos años, pero es de gran actualidad- que “lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa”.

Es general la sensación desoladora de que “estamos mal, muy mal”, y se repite constantemente la castiza expresión: “con la que está cayendo…”, sin entrar en más detalles, con la convicción de que todos sabemos, más o menos, de qué se trata. Pero se habla de economía y de política, sin ir más al fondo. Porque hay un fondo, y de eso no se habla..., porque no se ve, o no se quiere ver.

“La que está cayendo” en economía y en política es consecuencia de algo que viene de antes: cuando se pensaba que estamos en este mundo para enriquecernos y pronto, para disfrutar y “pasarlo bien”, sin sufrimiento. Hay un credo universal que se estableció como mentalidad dominante y que podemos denominar, sin demasiada inexactitud, utilitarismo y hedonismo. Es también lo que está en la entraña del consumismo: pensar que la felicidad se compra con dinero y que consiste en lograr de forma inmediata lo que se desea, y a toda costa.

Y así, unos y otros, cada uno en su registro, cantábamos a coro aquél dicho anglosajón de que “cada uno mire para sí y al último que se lo lleve el diablo”. La mentalidad liberal desde el siglo XVIII insistía en que si cada individuo buscaba su riqueza, una “mano invisible” (la expresión era de Adam Smith, que no se sabe muy bien si se refería a la Providencia o a las leyes del mercado) propiciaría la riqueza general. La canción tiene también su versión socialista, metiendo de por medio a las clases sociales, al curso de la historia y al Estado. Total, que a distintas voces la melodía de fondo no es muy diferente (suena algo así como: “todos queremos más, los paraísos están aquí abajo, atrápalos”… democráticamente).

Pero, al parecer, a la famosa “mano invisible” de la que hablaba Adam Smith le gusta jugar a los dados… o a algo peor. Entre otras cosas, porque en muchos casos la riqueza y el éxito de unos se logra a costa de los demás. Y lo peor de todo es que el bienestar material por sí sólo tampoco parece llenar las ansias más hondas del corazón humano. Y de la vieja canción -que según parece es más antigua que los mismos anglosajones al final se escucha siempre el eco: “¿Por qué, Señor, que esto sólo no basta?”, como decía Blas de Otero.

Pero volvamos a “la crisis”. Aún más serio que el cierre de las empresas, la paralización de la construcción y del gasto público, es que la honestidad haya sido derrotada como valor social por el afán de riqueza. Ahora nos lamentamos, ay. Porque hay algo dramático en la codicia de bienestar material: ignorar dónde están los límites. Saber qué es lo que no se puede -no se debe- hacer. Porque al final pasa lo que cuenta también Ortega del rey Francisco I de Francia. Como es sabido, era éste enemigo encarnizado de Carlos I de España, y las guerras entre ambas naciones eran el pan nuestro de cada día. Alguien preguntó al monarca galo cómo era posible que siendo primos hermanos los dos reyes, vivían en tal rivalidad. A lo que Francisco contestó: “-Es que en realidad estamos de acuerdo: los dos queremos Milán”.

Así las cosas, si no se reconoce una instancia superior que establezca dónde está la diferencia entre el bien y el mal, y dónde acaba la libertad codiciosa de cada uno, se produce la “dictadura del relativismo” y con ella el camino más directo a la decadencia moral, en la que los peor parados son siempre los menos fuertes: el no nacido, el desfavorecido social y económicamente, el que no tiene preparación o trabajo, el que ya no se puede valer por sí mismo, sea enfermo o anciano… Y es que el que hace la norma hace la trampa, el que mueve los hilos de las ideologías reinantes desprecia a la persona, el que tiene los medios de comunicación y difusión manipula criterios, hechos y conciencias… El fin justifica los medios: atrevámonos a todo con tal de que no nos pillen. El dinero y el poder son dioses sin entrañas.

EDUCACIÓN DE CALIDAD: EDUCAR, ¿PARA QUÉ?

Lo raro de todo esto sería que la educación no se viese afectada. Es verdad que los resultados son malos en muchos países, como muestran una y otra vez más evaluaciones internacionales. Es verdad también que se ha politizado de forma nefasta, que desde fuera y desde dentro se ha convertido en un campo de batalla entre ideologías y entre grupos de poder. Claro, se halla en juego la orientación de las conciencias de los niños y los jóvenes.

Y luego están los otros temas: que la formación de los jóvenes no garantiza un puesto de trabajo -¿debería?-, que no hay disciplina ni respeto en las aulas, que el profesorado presenta niveles de estrés elevadísimos, que la autoridad ha dejado de ser un valor educativo, que una grandísima parte de las familias ha dimitido de su función educadora, que la enseñanza pública ha sido colonizada por la izquierda y se agranda el abismo y el enfrentamiento entre ésta y la enseñanza privada, como si no tuvieran un quehacer común más importante que sus diferencias; que los estudiantes varones fracasan estrepitosamente en comparación con las mujeres -hablamos de 15 a 20 puntos de diferencia porcentual de fracaso, sobre todo en secundaria-, las altísimas cifras de fracaso escolar (el 32% no se gradúa en enseñanza secundaria obligatoria) y de abandono temprano (28,5%), que la inversión dirigida al sistema educativo no se ve satisfecha con una mejora de resultados, que el vertiginoso cambio cultural y tecnológico de la sociedad exige a su vez una preparación adecuada -no sólo técnica- de los jóvenes y de sus maestros, que muchas empresas se lamentan del nulo nivel de los hábitos personales de respeto, modales, responsabilidad, constancia, afán de superación… de los jóvenes candidatos a un puesto de trabajo, que el uso del tiempo libre juvenil y el consumo de sustancias nocivas escapan al control de la sociedad y de las familias…

Algunos, apuntando a España, que es un buen escaparate de lo que está pasando o va a pasar en otros países, lo resumen en el escandaloso número de jóvenes “ni-ni”: que ni estudian ni trabajan. En realidad, se quedan cortos en el análisis. Es más escandaloso que esos jóvenes sean en realidad “ni-ni-ni”: ni estudian, ni trabajan… ni les importa. Exigen -es un decir- que los problemas se los resuelvan otros, el Estado por ejemplo. El fracaso educativo es aún más dramático que el fracaso escolar. Nótese que no hemos querido aludir a las creencias y convicciones morales de nuestros jóvenes, o cómo se enfoca concretamente la “educación sexual” en las leyes y en los centros escolares -lo cual merecería una reflexión aparte, más ponderada-  para no ahondar más en la herida. Todo esto apunta a una verdadera crisis de sentido.

Para los sesudos analistas de la cosa, se hace urgente mejorar la calidad de la educación: ¡oh, menos mal! Y por eso proponen que el aprendizaje sea más entretenido y diversificado, que se insista en la formación en idiomas extranjeros y en la competencia digital del alumnado para mejorar su empleabilidad. Ya. Bueno. Eso no está mal. Pero… ¿así es como se va a mejorar, de verdad, la calidad de la educación? Decía Unamuno de cierto intelectual famoso de su época que “era capaz de decir tonterías en cinco idiomas”. Lo más importante, para empezar, es acertar en la primera de las preguntas: Educar, ¿para qué? La respuesta óptima pero insuficiente a esta pregunta es: tenemos que educar para que nuestros hijos, nuestros alumnos, sean felices. Bien, pero ¿tenemos claro dónde está la fuente de la felicidad?

LA NECESIDAD DE UNA REFORMA

Si la actual crisis, en el fondo, es una crisis de finalidades, de valores y de sentido, la solución y el camino hacia el futuro vendrán de la mano de la educación de las personas, de las nuevas promociones de jóvenes a las que hoy estamos educando. Pero para ello hay que empezar por saber hacia dónde ha de ir la educación. Por ejemplo, ¿qué es más importante: ser honestos o ser ricos? Lo demás estará bien, pero es secundario con relación al sentido de la vida, a la diferencia que existe entre el bien y el mal, a la experiencia que permite descubrir la belleza, y diferenciar la verdad de las apariencias.

En España, como decíamos, se tiene la impresión de que el actual sistema educativo ha fracasado en muchas cosas. En esto se parece a otros países que impulsaron un modelo tan chato como el nuestro, y a aquellos que -oh, tristeza- lo copiaron (muchos países hispanoamericanos, por ejemplo).

Los datos que ofrecen las evaluaciones generales, son penosos sin paliativos. En la última década se ha duplicado el presupuesto público destinado a la educación, pero los resultados no han mejorado en absoluto. El sistema educativo español presenta muy graves problemas de fracaso escolar y abandono temprano. Nada menos equitativo que un sistema en el que una cuarta parte de los jóvenes sale del mismo sin haber adquirido los conocimientos y las competencias mínimas para insertarse en el mercado laboral.

El espíritu emprendedor -y no sólo el empresarial-, al parecer, brilla por su ausencia. Suele decirse que estamos ante la generación de jóvenes mejor preparada de la historia; esto es matizable. Vale para un sector, precisamente el que se coloca, emigra en busca de puestos de trabajo en el extranjero, o se lo está pensando. Sin embargo, hay otro inmenso sector de gente joven mediocremente cualificada o directamente fuera del circuito educativo, que abandonó por el camino. Otro dato interesante -éste, por lo demás, incluye a los países educativamente más destacados- es que la inmensa mayoría de quienes ocupan este segundo grupo son varones.

Desde 1980, con el Estatuto de Centros Escolares (LOECE), del ministro de UCD Otero Novas, se han venido sucediendo varias leyes que han pretendido reformar el sistema educativo español: 1985: LODE, del ministro Maravall, y la base de la reforma socialista, que estableció los límites a la iniciativa social en educación, que definió como servicio público, pasando a convertirse en atributo del Estado; 1990: LOGSE, que establece un nuevo modelo de escuela, con una nueva finalidad de la enseñanza: la transformación social y el igualitarismo, dejando de lado la transmisión del conocimiento; 1995: LOPEG, del ministro Pertierra, sigue la línea de la LOGSE aunque intenta dar cierta solidez a la dirección de los centros ante el desprestigio y pérdida de autoridad reinantes. Cuando el PP de Aznar asume el gobierno en 1996, mantiene el sistema y modelo LOGSE, hasta que al final de su mandato, en 2003, intenta aplicar su propia ley, la LOCE, que intenta reinstaurar la cultura del esfuerzo y da consistencia a la atención a la diversidad del alumnado, pero no llega a aplicarse porque el Gobierno Zapatero la paraliza inmediatamente al subir al poder en 2004. En 2006 instaura una nueva ley, la LOE, famosa por la creación de la Educación para la ciudadanía, entre otras cosas. El marco de la LOGSE sigue vigente sin cambios del todo esenciales, si bien en 2011 se aprueba la Ley de Economía sostenible, que introduce varios cambios en la estructura de la Enseñanza Secundaria.

En suma, en 18 años, de 6 Leyes Orgánicas 5 son de iniciativa socialista y la que iba a instaurar el Partido Popular no llegó a aplicarse. A pesar de los cambios y correcciones, el modelo LOGSE permanece intacto.

Según el informe elaborado por McKinsey&Company, “Educación en España. Motivos para la esperanza” (enero 2012), es necesario apostar por factores como la estabilidad y calidad del tejido familiar, el nivel de formación del cuerpo docente y la calidad de los procesos educativos en los centros. También es generalmente reconocida por todos los estudios recientes la importancia de la evaluación externa de los rendimientos escolares, con el fin de que los centros y los responsables de la administración educativa rindan cuentas a la sociedad de manera transparente (OCDE: Synergies for Better Learning. An International Perspective on Evaluation and Assessment).

¿ES LA LOMCE UNA OPORTUNIDAD?

Nada más llegar al gobierno, el PP de Rajoy se ha lanzado a plantear una nueva ley, la LOMCE, que se quiere poner en vigor en 2015-16, y que se presenta como una corrección en algunos aspectos de la LOE, destacando la flexibilidad en los itinerarios académicos seguidos por el alumnado, el establecimiento de evaluaciones externas -ojo: deberían ser corregidas de forma fiable, no por los evaluados-, la implantación de una FP básica para recibir al alumnado que abandona tempranamente el sistema escolar sin cualificación suficiente, el reconocimiento de la libertad de creación y elección de centros, una nueva ordenación de la enseñanza religiosa, una mayor autonomía en la dirección de los centros y la consiguiente rendición de cuentas…

Algunas críticas, procedentes sobre todo desde la oposición y desde la izquierda en general, acusan al anteproyecto de la LOMCE de un marcado economicismo, y de mostrar la educación casi como un proceso productivo más. Ha sorprendido también a muchos que se haya relegado la enseñanza de las humanidades y de la filosofía.

Es evidente que el sistema educativo debe estar coordinado con el sistema productivo, y que debe preparar a niños y jóvenes para un escenario complejo y en vertiginosa transformación -se habla ya de la ‘era del postconocimiento’-. Hay que mejorar la empleabilidad de los jóvenes, permitir que nuestro país se posicione mejor en la economía global, hacernos más fuertes y competitivos, canalizando mejor el talento de los jóvenes que, en la economía de hoy, es la “nueva riqueza de las naciones”…

Pero también es cierto que la persona es más que una pieza del sistema económico. De hecho, la crisis económica actual es consecuencia de una crisis antropológica y de valores más profunda. De ahí la necesidad de una buena formación moral, humanística y filosófica.

Desde otros sectores sociales, críticos con el modelo socialista, se lamenta un planteamiento educativo autocomplaciente, que en nombre de la “cohesión social” y la “equidad” practica un igualitarismo a la baja, y desconecta de la realidad eludiendo el esfuerzo, la exigencia, la disciplina, el afán de superación y de excelencia. Este es un planteamiento educativamente fallido.

La educación, es verdad, no debe ser un factor generador de injustas diferencias culturales, sociales y económicas. Pero también ha de ser motor de innovación, asunción de riesgo, invitación a lo mejor, y para todos. No merece la pena entrar en una dialéctica excluyente. La educación puede estar orientada a la excelencia, el emprendimiento y a su vez, a la equidad y la atención sin exclusiones.

La LOMCE podría ser una buena ocasión para ir al fondo del problema y no sólo a los resultados y las consecuencias (algunas). Es preciso mirar más lejos, más allá de los intereses del partido o de la ideología; está en juego algo de verdad importante. Y la educación es tan importante que no se puede dejar en manos de la confrontación política.

Apuntando a la raíz, la educación debe cuidar por encima de todo la formación cabal del carácter, del afán de conocer la verdad, la responsabilidad moral y social, la honestidad, la resistencia la frustración, el respeto a la dignidad de todo ser humano, el compromiso social y solidario con el bien común…

La educación es un factor impulsor de cambio, de innovación y de desarrollo social en una sociedad que plantea nuevos retos. Por ello es imprescindible impulsar a todos los niveles -familias, equipos directivos, profesorado, alumnado, núcleos creadores de opinión una cultura permanente de motivación a la excelencia en educación. Pero al hablar de excelencia no hablamos de destacar y sobresalir a cualquier precio; se trata de dar lo mejor de uno mismo, de suscitarlo en cada alumno. Debemos apostar por aquellos valores y virtudes que sostienen la calidad de las personas y de los sistemas educativos, erradicando el relativismo intelectual y moral.

LOS EDUCADORES

La LOMCE no entra en ello, pero es sabido que el factor más decisivo de toda reforma educativa es la calidad moral, humana y profesional de los educadores. Esto implica la formación inicial y permanente del profesorado y un sistema de selección que escoja de verdad a los mejores. Se ha dicho, y está contrastado empíricamente, que nunca un sistema educativo puede aspirar a una calidad superior a la calidad de sus docentes.

Pero también es fundamental impulsar la autoridad moral del profesorado y la revalorización de la profesión docente en todos los niveles, la recuperación de su prestigio, el crecimiento de la legítima autoestima y el compromiso ético de los educadores. Y eso empieza por el compromiso renovado del profesorado en su buen hacer, que será fuente principal de autoridad y prestigio ante sus alumnos, ante ellos mismos y ante la sociedad en su conjunto. Hacen falta maestros de vida, grandes maestros.


Y otra cosa, para terminar, aquí sólo apuntada: si la familia no respalda con una formación humana de base, el trabajo del profesorado será en vano. La familia ha de poner las bases, ofreciendo el clima afectivo, el buen ejemplo y la exigencia amorosa, el equilibrio emocional, los hábitos, las creencias esenciales y la escala de valores al afrontar la vida cotidiana. Ha de elegir responsablemente el mejor tipo de educación para sus hijos, exigirlo y defenderlo. Entramos ya entonces en algo aún más esencial, que dejamos para más adelante.

Retrato de los jóvenes actuales: ¿Cómo llegar a ellos?

Javier Fernández Lorca


Javier Fernández Lorca es maestro y licenciado en Educación Física. Desde hace ya bastantes años ejerce como profesor de dicha especialidad, y actualmente lo hace en un instituto de Getafe, donde ha ocupado el cargo de Jefe de Estudios durante algunos años. Desde de muy pronto sintió una poderosa atracción hacia la vocación de educador, que ha desarrollado asimismo como formador de jóvenes en la Milicia de Santa María, movimiento al que pertenece desde su primera juventud.

Hemos querido que desde esa doble mirada, educadora y apostólica, ofreciera una reflexión acerca de los jóvenes de hoy, y de la dificultad que al parecer existe para ponerse en situación de escucharles, de comprenderles y de animarles y ayudarles a crecer en humanidad. También en el conocimiento y la experiencia de Dios.

Agradecemos su aportación, nacida de una mirada interrogante, al mismo tiempo respetuosa y apasionada, iluminada por el deseo de que los jóvenes lleguen al conocimiento de la verdad, del bien, de la belleza; esos tres hermosos nombres de Dios
* * *

No es este un artículo con muchas respuestas, sino más bien una descripción-provocación con bastantes preguntas para irlas respondiendo sobre la marcha. Sí, sobre la marcha. No nos valen únicamente unas reuniones o congresos de los que sacar unas conclusiones para ponernos a actuar. Pueden ser necesarias, pero desde luego no suficientes. En la Milicia de Santa María, como grupo juvenil con más de 50 años de historia, siempre hemos aprendido a vivir primero y “teorizar” después. Sobre la marcha vamos trabajando con esta juventud de cada época. No estamos parados esperando a que las cosas se aclaren o mejoren los tiempos. Este es nuestro tiempo. Nosotros –como decía San Agustín- somos el tiempo.

En este sentido podemos afirmar, como nos repetía el Padre Morales, que el corazón de los jóvenes de todos los tiempos tiene unos mismos deseos: buscan la verdad, aman la belleza, se entusiasman con el bien, tienen deseos de grandes metas e ideales. Pero cada generación de jóvenes tiene unas características que le distinguen y que el evangelizador ha de conocer para poder acercarse a ellos y presentarles lo que es esencial: el mensaje y la vida de Jesucristo.

EL RETRATO DE LOS JÓVENES HECHO POR ELLOS MISMOS

Varios estudios hechos a base de encuestas nos van retratando cada cierto tiempo lo que los propios jóvenes dicen de sí mismos. Recordemos, por ejemplo, el estudio de la Fundación Santa María realizado en el año 2010, entre jóvenes de 15 y 24 años. Estas serían las principales características de los jóvenes actuales:

Consideran “muy importante”, ante todo, su familia, la salud y los amigos y conocidos.

Casi la mitad (46,3%) declara su falta de confianza en un futuro prometedor para ellos, independientemente de la crisis económica.

Disminuye su conciencia medio-ambiental. Consideran que el equilibrio de la naturaleza resiste el impacto de los países desarrollados o en desarrollo (42%).

Más del 50% sienten que hay poca integración social.

La participación social se hunde: el 81% no pertenece absolutamente a ningún tipo de asociación u organización, ya sea juvenil, cultural o deportiva.

El 56,5%, suscribe que “la política no tiene nada que ver conmigo, no afecta para nada mi vida privada”.

La emancipación forma parte de su proyectos, pero una emancipación tardía que desean en torno a los 27 años (a pesar de que se casan entre los 31 y los 34 años) y que pasa por irse a vivir previamente con su pareja.

Siguen dando mucha importancia a las infidelidades (no las aceptan). Además, en la búsqueda de la felicidad siguen apareciendo los hijos dentro de su proyecto conyugal.

La religión sigue ocupando uno de los últimos lugares en una escala de valoración de las cosas más importantes para los jóvenes (22%), aunque sube tres puntos porcentuales con respecto a los datos de Jóvenes españoles 2005.

No obstante, un 53,5% se define como católico.

Las actividades relacionadas con ir a bares o cafeterías, ir a discotecas o salir al cine son muy importantes para ellos y, según parece, no las hacen menos por la crisis.

La lectura se da más entre las mujeres que entre los hombres, si el 75% de las jóvenes lee, los jóvenes lectores son un 11% menos (en 2004 eran un 14% menos). Matizando el anterior dato, observamos que el 35,8% de los jóvenes no dedica ningún tiempo semanal a la lectura y el 34,6% dedica sólo entre una y dos horas. Hay casi un 2% que sólo lee en vísperas de exámenes o cuando lo requiere la presentación de un trabajo. Por tanto, el porcentaje de jóvenes españoles que lee tres horas o más a la semana es del 25,2% (entre ellos el 9,8% lee cinco horas o más).

Los juegos de ordenador y juegos electrónicos en general son una actividad más masculina, casi el 80% de los jóvenes dice jugar, hay un 20% menos de jugadoras.

Desciende significativamente la proporción de jóvenes para los que beber alcohol y hacer botellón es algo bastante o muy importante cuando salen (31,5% en 2004 y 26,8% en la actualidad).

El uso del teléfono móvil ha pasado de mayoritario a casi absoluto en la actualidad, pues son el sector de población que más lo utiliza, un 98%.

Se ha duplicado el porcentaje de jóvenes que usa el ordenador a diario: actualmente lo hace uno de cada dos jóvenes.

La principal utilidad de las redes sociales para los jóvenes es “pasar el rato” (40%), seguido de hacer amigos (35%) y compartir información útil con otros (17%).

Entre los menores de 20 años, el uso de estas redes se extendió entre el 70% de los entrevistados, para los mayores de 20 años si situó en el 63%.

El 77% de los jóvenes extranjeros considera que como inmigrantes deben adaptarse a la cultura de los españoles y no al revés, siendo preciso que los españoles respetemos todas sus costumbres a menos que vayan contra la Constitución (85% de acuerdo).

El 81% de los jóvenes inmigrantes afirma creer en Dios.

De entre los posibles análisis que se pueden hacer con estos datos, nos hemos planteado: “Entonces, ¿cómo llegar a ellos?”. Es evidente que este retrato de la juventud nos plantea varias dificultades a la hora de proponer un proyecto de grupo apostólico, por ejemplo. De entrada porque, como vemos, hay bastante rechazo a todo lo que signifique asociacionismo. También por el alejamiento de los jóvenes a lo religioso en general y a lo católico en particular. Pero, además, porque el joven actual rechaza o ni siquiera se plantea todo lo que suponga una implicación social, un compromiso con los demás; vive muy centrado en su entorno más inmediato, y con una perspectiva muy cerrada, centrada en el fin de semana con el horizonte vital de la diversión. Todo esto hace que un grupo que nace y vive desde el compromiso, la incondicionalidad en la entrega y la formación como eje central de su ser, tenga serias dificultades para enganchar con los jóvenes actuales.

EL RETRATO DE LOS JÓVENES HECHO POR LOS EDUCADORES

Hemos hecho un retrato de la juventud desde sus propias respuestas, pero veamos otro retrato posible, dibujado ahora desde la observación y reflexión de varios autores y de nosotros mismos, educadores a pie de obra.

Lo haremos del siguiente modo: después de la descripción de algunas características exponemos a continuación una pregunta que nos anime a buscar nuevos métodos, nuevas expresiones –estamos en la pista de la nueva evangelización-:

Aspiraciones: “…Consumismo indiscriminado, bienestar material, confort tecnológico”. (Olivero Toscani, fotógrafo de los catálogos Benetton).
* ¿Cómo hablar entonces de la austeridad de vida, de la solidaridad…?

* * *

Importancia de la fiesta: “…En la sensibilidad actual de los jóvenes [se entiende la fiesta] como ruptura de la monotonía de lo cotidiano, del aburrimiento que a menudo consume los días de jóvenes y no tan jóvenes. Por eso, una característica de la fiesta juvenil actual es el exceso, la desmesura, la transgresión. “La exuberancia es manifestación de riqueza, no principalmente de dinero; es efusión, abundancia, plenitud (Harvey Cox). Para los jóvenes es, sobre todo, atención y concentración de sentimientos, emociones, exaltación personal y colectiva” (P. Fochesato)
* ¿Cómo formar jóvenes de por sí inestables, sin términos medios, sin equilibrio?

* * *

Consecuencias de la fiesta: “Desgraciadamente, este espacio del exceso y la exuberancia conoce hoy a menudo desenlaces dramáticos que transforman la fiesta en tragedia, pero podría también convertirse en espacio de una apertura inédita, de espera y búsqueda de una palabra ulterior, de sed de relaciones más verdaderas, de disponibilidad en una perspectiva trascendente…” (A. Cencini)
* ¿Cómo hablar de Dios a tantos jóvenes rotos?

* * *

Sin padre: “…En la modernidad, la ausencia de la figura paterna es estructural e ideológica, estrechamente relacionada con la situación cultural de una sociedad sin centro, sin integración y sin continuidad y que, en cualquier caso, ha llegado, o así lo cree ella al menos, a la mayoría de edad y, por tanto, a la emancipación con respecto al padre.” (G. Ambrosio) “…Está en juego aquello que simboliza la figura del padre: la tradición, la autoridad, la ley… y también la memoria y el pasado, así como la orientación hacia el futuro, hacia el desarrollo de las nuevas generaciones.” (A. Cencini).

* Esta apreciación ya nos la hacía Abelardo de Armas hace dos décadas: “¿Cómo explicar a los jóvenes de hoy que Dios es Padre, si ellos nunca han tenido uno?”

* * *

Familias raras: Son muy numerosas las familias monoparentales, en general la madre (maternalización), nacidas de familias rotas, con malos tratos en muchos casos; también con dobles vidas de los chicos y chicas: dos habitaciones, dos conceptos de la educación, dos criterios para la autoridadobediencia, horarios diferentes… La familia estructurada y equilibrada es cada vez menos frecuente.

* ¿Podemos seguir explicando que la “escuadra” de un campamento, o la propia Iglesia, es una familia?

* * *

Feminización del varón y masculinización de la mujer: Se produce una menor diferenciación de las características propias de cada sexo, y en general hay una deriva hacia una maternalización de la sociedad.

* ¿Cómo manejar esta igualdad mal entendida que lleva a una menor riqueza de personalidades, a una menor necesidad de complementariedad, y a muchas confusiones sentimentales…?

* * *

Sensibilidad a flor de piel: Lo importante no son las razones, sino los sentimientos. La toma de decisiones se hace en función de lo que se siente, de lo que apetece, de lo que motiva, y no de la elaboración de una reflexión detenida sobre los pros y los contras de las cosas en sí, o del establecimiento de relaciones sobre lo que nos dice la historia personal o comunitaria de las consecuencias de los actos, y de la proyección personal o social de la acción que se va a realizar.

* ¿Qué lenguaje utilizar si el lenguaje lógico lo entienden mal? ¿Cómo encontrar la empatía sensible con los oyentes?

* * *

Necesidad de manifestaciones sensibles y/o sensuales: La liberalización del sexo ha llevado a la esclavitud de las pasiones. Al haber menos intimidad y pudor, hay menos interioridad. Todo es más superficial y vendible al público. No hay nada sagrado si no se puede tocar o sentir. Por otra parte está el atractivo de lo mágico, de lo virtual…

* ¿Cómo hacerles entender que la forma de presentarse en público: atuendo, piercing, tatuajes, cabello, etc. deben favorecer y demostrar su dignidad como personas?

* * *

Imaginación desbordada: por un exceso de motivaciones visuales y sensoriales no se es capaz de dominar la imaginación y todas las delectaciones o fantasías de cualquier tipo, junto a una voluntad débil impide controlar esa imaginación. No hay espacio para el razonamiento, para la meditación estructurada. La cabeza está llena de imágenes en movimiento. Pero esas imágenes no se pueden retener fácilmente porque hay muchas y las siguientes aplastan a las anteriores acostumbrando a olvidar rápido, a que no reposen o alimenten.

* ¿Cómo ayudarles en la reflexión, en la meditación profunda y en la oración, a ellos que no tienen apenas memoria, pero sí la imaginación desbordada?

* * *

Falta de capacidad de atención: Dificultad para concentrarse por exceso de estímulos. Siempre con los cascos puestos o a un click de poderse meter virtualmente en cualquier parte del mundo, con imágenes y sonidos espectaculares. Falta de atención a la palabra. Se les puede adormecer con imágenes y powerpoints, pero no entienden lo que se les dice, porque atienden poco o nada a lo que se les dice.

* ¿Cómo propagar la Palabra si las palabras no bastan?

* * *

Autoestima desequilibrada: En general, se observa en ellos un autoconcepto de que son muy buenos, excitado por una educación de la no-frustración, pero que lleva a una gran falta de realismo (“No me va quedar más que una” -dicen, cuando en realidad le quedan 5 ó 6). Y, por otra parte, autoestimas muy bajas en quien ve que no llega o no consigue ser como los modelos vips de guapos y guapas de turno, para los que, aparentemente, todo es éxito y color de rosa.

* ¿Cómo afianzar su autoestima y su sentido de la realidad para alcanzar la madurez humana necesaria para tomar las decisiones adecuadas?

* * *

‘Enredados’ pero solos: Prácticamente todos están en las redes sociales, en una nueva forma de relaciones virtuales que hace que la gente salga menos de casa (Encuesta SM: En cuanto a la vida nocturna también cambia ligeramente, 10/100 jóvenes españoles responde que no salen por la noche, frente al 3,5 de hace diez años; y el porcentaje de los que salen todos o casi todos los fines de semana ha descendido del 64,6% en 1999 al 41% en la actualidad.) Sin embargo, hay más sensación de estar en soledad, se habla menos en profundidad con los amigos, hay más relaciones superficiales y rápidas (varios chats abiertos a la vez) que están abocadas a soltar tópicos (y encima, con faltas de ortografía…)

* ¿Cómo educar en la permanencia contando con las redes sociales? ¿Cómo promover un tipo de asociacionismo no solamente virtual? ¿Cómo enseñar a vivir en comunidad, en familia?

* * *

Menos conocimientos religiosos y más prejuicios contra la Iglesia: Por un lado la formación básica sobre la religión ya no llega a todos los niños y jóvenes; y, por otro lado, hay en España un constante desprestigio de la Iglesia y de los hombres de Iglesia, lo que hace perder interés y confianza en ella.

* ¿Cómo animar a saltar por encima de lo corriente, de lo políticamente correcto, de los tópicos… si no hay sustancia, ni sentido crítico?

* * *

Con muchas potencialidades: Acceso a la información y a las relaciones humanas de forma rápida, mayor facilidad para desplazarse y viajar, dominio de los medios electrónicos, acceso fácil a la cultura y el deporte; algo hastiados de las cosas, muchos buscan lo trascendente sin saberlo; mejor salud, padres desesperados que buscan cómo ayudarles, conocimiento de idiomas, espontaneidad, necesidad de seguridades, alto concepto del cuidado de la naturaleza, mayor respeto a los demás, mayor capacidad de integración de inmigrantes…

* ¿Cómo aprovechar estas posibilidades para llegar a ellos y ayudarles en su maduración?

REFLEXIONES FINALES, PARA SEGUIR TRABAJANDO SOBRE LA MARCHA

De nuevo, desde la perspectiva del modelo de grupo y de hombre que busca formar un grupo cristiano como la Milicia de Santa María, saltan a la vista las dificultades. Valores como la responsabilidad, el cultivo de lo masculino mediante una educación diferenciada, la vivencia de la autoridad en el grupo, la reflexión como base para la acción… chocan seriamente con la compleja realidad de los jóvenes actuales.

Obviamente, esto no implica que debamos renunciar a cultivar esos valores. Más bien al contrario, su carencia nos indica más claramente su necesidad: en una sociedad culturalmente marcada por la ideología de género, cobra una mayor relevancia educar en la masculinidad en un esquema equilibrado de sensibilidad- razón-voluntad. En una sociedad que hace a los jóvenes ‘blanditos’, es vital aportar personalidades ricas y fuertes. En una sociedad despersonalizada, la labor del guía y del director espiritual cobra una especial relevancia.

Pero hemos de ser conscientes de que esta realidad nos obliga a que todos esos valores deban ser adecuadamente presentados para que puedan ser progresivamente acogidos. Hay que arrancar desde experiencias que para ellos sean relevantes, porque valores que hace unos años fácilmente sintonizaban con los jóvenes hoy ya no lo hacen o sólo lo hacen con un pequeño grupo de gente más cultivada (pensemos en la solidaridad, la ecología, etc.)

Hay que hablarles de forma que nos entiendan, posiblemente desde su lenguaje más visual, más “grafitero”, pero yendo acercándoles a un lenguaje con más palabras y palabras con más contenido.

Pero, además, hay que ser conscientes de que hay también varias características positivas que se pueden aprovechar: su necesidad de relaciones verdaderas, el sentido del propio sufrimiento, la gestión de la propia vida, la incertidumbre del futuro…, les pueden hacer sentir la necesidad de un grupo-comunidad que les ayude a caminar; o el exceso de intrascendencia les puede hacer sentir el ahogo de lo terreno y abrirse hacia la trascendencia que puede dar un sentido a lo que les pasa.


Es urgente, más que nunca, la presencia de guías que les ayuden en el camino… Grupos como la Milicia de Santa María, se enfrentan con ilusión a esta misión: evangelizar al joven de cada tiempo teniendo en cuenta sus características, enseñándole a ser hombre (a ser joven también) en plenitud, a imagen de Cristo. Pero el campo es inmenso. Es preciso rogar al Dueño de la mies que siga enviando trabajadores –apóstoles y educadores- a esta mies suya que son los jóvenes.