viernes, 1 de marzo de 2013

Humilde

Portada Estar 277
Cuando dábamos forma a este número de ESTAR nos sacudió el anuncio de Benedicto XVI de renunciar como Pontífice de la Iglesia Católica. No nos cabe ninguna duda: estamos ante un acto de humildad que mira al bien de la Iglesia y de ningún modo ante un acto de temor o cobardía.
El Papa se abraza a la cruz con un realismo lúcido y confiado: “Lo he decidido en plena libertad y por el bien de la Iglesia, después de haber rezado largo tiempo y de haber examinado mi conciencia ante Dios, profundamente consciente de la gravedad de este acto… Me sostiene e ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo. Él no le hará faltar nunca su guía y cuidado…”, revelaba el Miércoles de Ceniza.
Al renunciar, Benedicto XVI manifestaba que en el futuro quería "servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria". No es una huida. En la Vigilia de Cuatro Vientos de la JMJ, soportando la tromba de agua tras negarse a abandonar el aeródromo como le sugerían, se entregaba a la adoración ante Cristo expuesto en la Eucaristía, acompañado por sus jóvenes, en medio de un silencio que se escuchó en todo el mundo.
El 24 de febrero, ante una plaza de San Pedro abarrotada de fieles para el rezo del último Ángelus, confesaba: “El Señor me llama a dedicarme todavía más a la plegaria y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia”. Y precisaba: “Al contrario, si Dios me pide esto es precisamente para que yo pueda continuar sirviendo a la Iglesia con la misma dedicación y el mismo amor con que lo he hecho hasta ahora, pero de un modo más adecuado a mi edad y a mis fuerzas”. Nos deja así una consigna que no podemos ignorar: “la primacía de la oración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo”. Podría decirse, con el Señor, que el Papa nos da un nuevo ejemplo escogiendo la mejor parte: No la más cómoda. La mejor.
Estos días escribía con llaneza un joven en Facebook, uno de esos areópagos en los que el Papa ha querido estar también presente: “El señor Ratzinger (sic) ha renunciado toda su vida. Así de sencillo. El Papa renunció a una vida normal. Renunció a tener una esposa. Renunció a tener hijos. Renunció a ganar un sueldo. Renunció a la mediocridad. Renunció a las horas de sueño, por las horas de estudio. Renunció a ser un cura más, pero también renunció a ser un cura especial. Renunció a llenar su cabeza de Mozart, para llenarla de teología. Renunció a llorar en los brazos de sus padres. Renunció a, teniendo 85 años, estar jubilado, disfrutando a sus nietos en la comodidad de su hogar y el calor de una fogata. Renunció a disfrutar su país. Renunció a tomarse días libres. Renunció a su vanidad. Renunció a defenderse contra los que lo atacaban. Vaya, me queda claro, que el Papa fue un tipo apegado a la renuncia.
“Y hoy me lo vuelve a demostrar. Un Papa que renuncia a su pontificado cuando sabe que la Iglesia no está en sus manos, sino en la de alguien mayor, me parece un Papa sabio. Nadie es más grande que la Iglesia. Ni el Papa... Hoy en día, Ratzinger se despide… crucificado por los medios de comunicación, crucificado por la opinión pública y crucificado por sus mismos hermanos católicos. Crucificado a la sombra de alguien más carismático. Crucificado en la humildad, esa que duele tanto entender. Es un mártir contemporáneo, de esos a los que se les pueden inventar historias, a esos a los que se les puede calumniar, y no responden. Y cuando responde, lo único que hace es pedir perdón: ‘Pido perdón por mis defectos’…
“Pues ahora sé, Señor Ratzinger, que vivo en un mundo que lo va a extrañar. En un mundo que no leyó sus libros, ni sus encíclicas, pero que en 50 años recordará cómo, con un simple gesto de humildad, un hombre fue Papa, y cuando vio que había algo mejor en el horizonte, decidió apartarse por amor a su Iglesia. Va a morir tranquilo señor Ratzinger. Sin homenajes pomposos, sin un cuerpo exhibido en San Pedro, sin miles llorándole aguardando a que la luz de su cuarto sea apagada. Va a morir, como vivió siendo Papa: humilde”.

Mensajes con "chispa"


Entrevista a Antonio Rojas Ramos

En nuestro anterior número reseñábamos el, por ahora, último libro de nuestro colaborador Antonio Rojas Ramos, titulado La Chispa, que ha sido presentado en Extremadura, de donde es oriundo el autor, y en Navarra, donde desarrolla su labor profesional como director del Semanario La Verdad y como Jefe del Gabinete de la Diócesis de Pamplona-Tudela.

Hemos creído interesante profundizar en lo que mueve a Antonio a salir de sí mismo para comunicar el ardor de su fe y tocar las conciencias de cuantos se cruzan con él por el camino. Por eso le hemos pedido que respondiera algunas preguntas.

¿Cuál fue el origen de este libro, como nació, y por qué el nombre "chispa"?

El origen fue que al ser yo nombrado Director del Gabinete de Prensa del Arzobispado de Navarra, el anterior Director, Santos Villanueva, me invitó a participar en el programa de COPE, "El Espejo de la Iglesia en Navarra". Después de asistir a varios programas, le propuse a Santos cerrar la emisión con una especia de editorial breve y con mensaje. Así nació la "Chispa", un mensaje breve e impactante, con chispa. El libro lo que hace es recopilar Las Chispas que se han ido emitiendo a lo largo del 2012.

¿Por qué hay siempre una anécdota, una historia?

Como las historias siempre gustan, siempre captan la atención, decidí comenzar contando una historia, una anécdota sintetizada que encerrase un aprendizaje.

Es un poco adaptarse a la técnica radiofónica. Llamar la atención del radio oyente, darle tu mensaje y pasar a otra cosas; cuestión de segundos. En un minuto o dos, tienes que captar la atención, proponer una cuestión y aterrizar concretando. Aquí se aplica literalmente lo de que lo bueno si es breve: dos veces bueno. Es un gran ejercicio de síntesis breve que lleva mucho tiempo.

¿Destacarías algo de los colaboradores que aportan su presentación o sus ilustraciones?

Que fueron muy atrevidos, con el atrevimiento que da la amistad, al prestarse a una experiencia nueva. Julio Carballal, Director de COPE Navarra, me conoce del programa semanal que hacemos, "El Espejo de la Iglesia en Navarra". Lo oye y me aconseja. Conocía el material y estuvo encantado de presentar la edición. De Santiago Arellano poco puedo decir que no sepan los lectores de ESTAR. Es un sabio, comprometido con su fe, que colabora todas las semanas en el semanario LA VERDAD, que yo dirijo, y en el que se publican semanalmente "Las Chispas" que se emiten en COPE. Por esta razón, como "decano" de los colaboradores de La Verdad, hizo el prólogo, que agradezco, entrañablemente, porque rebosa cariño. Y la ilustradora, Ruth Gutiérrez, profesora de Guión Audiovisual en la Universidad de Navarra, hace el comentario de las películas en La Verdad y dibuja en sus ratos libres. Le pareció entusiasmante la experiencia de ilustrar un libro y aquí está el resultado.

En cierto modo es un libro para hacer pensar, para remover conciencias... ¿puede decirse que es meramente una denuncia, o tiene una vocación y una intención esperanzadora?

Se trata de remover conciencias, de soplar en el rescoldo para que surja la llama. No se trata de denunciar para desanimar, sino todo lo contrario: para despertar, para revitalizar, para ser optimista porque se puede -y se debe remontar el vuelo; mejorar el mundo con nuestra humilde - pero imprescindible- acción. Hacer caer en la cuenta que cada insignificante chispa personal, puede inflamar la hoguera. La Chispa pretende ser un aliciente para el crecimiento personal continuo, dicho  con palabras de J.L. Martín Descalzo: "No contentarme ni con lo que he sido ni con lo que soy, sino pasar la vida saltando a lo que seré".

El libro se ha presentado en Extremadura y en Navarra. ¿Quiénes te han acompañado en esta aventura, y qué eco ha despertado, por lo que has podido percibir?

Fueron dos presentaciones diferentes. En Extremadura, en mi pueblo, fue más familiar. La organizó mi familia con el Ayuntamiento en la Casa de la Cultura y me acompañó el director de COPE Navarra, Julio Carballal; El alcalde del pueblo, Juan Antonio Barrios; el Juez de Paz, Francisco Rojas y coordinó el acto, Aquilino Vicente, profesor jubilado y experto en instrumentos musicales extremeños.

La presentación en Pamplona estuvo coordinada por los tres periodistas de La Verdad, Gabriel, Itziar e Iñigo. Como está editado por la Delegación de Enseñanza del Arzobispado, quisimos hacerla en la Sala de Prensa del Arzobispado y allí iban a acompañarme los tres colaboradores del libro: Julio Carballal, Ruth Gutiérrez y Santiago Arellano. Hay que reseñar que a ultimísima hora, Santiago no pudo asistir y fue suplido, en vivo y en directo, por Andrés Jiménez, director de la revista ESTAR, revista de la que soy colaborador habitual y, por lo tanto, conocido de Andrés. Esta presentación estuvo coordinada por Maite Moro, periodista de COPE Pamplona.

En los dos sitios tuvo muy buena acogida y ha posibilitado una mayor difusión.

¿Tendremos una segunda parte?

Justo al finalizar el acto de presentación de Pamplona, le dije a Ruth, la ilustradora, que si se animaba a ilustrar una segunda parte: "¡Encantada!, pero empezamos ya para que me dé tiempo a pulir más los dibujos". Así es que ya estamos trabajando en "La Chispa2". Y esto es una primicia para ESTAR, ¿eh?

Pues gracias por la exclusiva, amigo Antonio.

El “Coloquio de Santa María”. Grupo de Colaboradores de Arequipa.


Vicente Guillén y equipo de Arequipa

Uno de los tesoros de la Cruzada y la Milicia de Santa María, un verdadero regalo de Dios, son sus colaboradores. En el artículo 8 de las Constituciones de los Cruzados se dice que éstos “podrán unir a sí, como colaboradores, a fieles que, coherentes con las exigencias de su bautismo y su confirmación y conscientes de ocupar en la Iglesia un lugar en el que son insustituibles, vivan en abundancia la vida divina del laico consagrado por el bautismo, sin otra consagración especial”. Entre ellos, prosigue, “merecen especial mención las personas que, viviendo la gracia del sacramento del matrimonio, quieren participar en su espíritu de perfección evangélica para formar hogares santos que contribuyan eficazmente a la cristianización de las familias, a mayor gloria de Dios.”

Y de este modo, en muchos lugares hay núcleos y grupos de familias y otras personas vinculados al Instituto fundado por el Padre Tomás Morales SJ, que se forman en la vida cristiana y actúan evangelizando en el corazón de las estructuras: la familia, el trabajo, la cultura, la defensa de la vida, etc. También en Perú. Conozcamos las andanzas del grupo de Arequipa.

Desde el inicio de la Milicia de Santa María en Arequipa, se contó con las familias de los militantes. Un primer contacto fue cuanto se fueron comprometiendo a cuidar del Hogar Juan Pablo II, Urbanización La Negrita.

A medida que fue consolidándose el grupo de militantes, en el 2004, Teodoro Oliva empezó a trabajar con los militantes adultos y otras personas del entorno, creándose así un grupo de militantes veteranos que propiamente llamaríamos Colaboradores.

Yo me incorporé a él en el año 2008, que es cuando llegué a Arequipa. Entonces lo componían unas cinco personas. El tráfago de la vida con sus circunstancias variantes ha ido dispersando a unas y trayendo a otras. Otras personas, así pues, se han ido agregando al grupo inicial; especialmente una de ellas, con su permanencia, se ha constituido en cierto modo en columna del grupo.

El grupo nunca ha sido numeroso pero sí animoso. En el año 2008, en una de mis primeras participaciones, una pareja que se casaba a los tres meses nos invitó a un “chupe de camarones”. En la sobremesa salió la idea de prepararse para el matrimonio con una tanda de ejercicios (por estas tierras casi todas son de dos días en el fin de semana). Asombrosamente para mí les pareció bien la idea tanto a ellos como a los demás y todos o casi todos se inscribieron “al toque” (automáticamente) y antes de un mes ya estábamos en silencio orante.

Al año se le ocurrió a uno hacer una campaña de recogida de firmas porque en un par de periódicos serios había anuncios descarados de prostitutas y en uno de ellos de abortos “clandestinos”. Se hizo la campaña, la presentamos a los periódicos y “funcionó” porque los responsables (mejor, irresponsables) cambiaron.

Poco después, se le ocurrió a otro ofrecernos a los colegios de secundaria para ayudarles en temas de afectividad y sexualidad. Estuvimos dando vueltas a la idea y se concretó en ofrecer un par de charlas, una con un resumen de los métodos anticonceptivos y, sobre todo, con lo que no se dice de ellos (como que a pesar de la supuesta “eficacia total” del preservativo, cada año hay 4.000 nuevos peruanos con sida. Por supuesto que no es por ignorancia pues lo enseñan hasta en los colegios de primaria).

La otra charla es sobre el sentido del amor en la juventud, a veces con base en el video: “Si me quieres, demuéstramelo”. La primera vez nos lo preparamos entre todos y fue una especie de acto de familia. Asistimos unos cinco y cada uno hacia un poquito. Puedo decir que ésta es nuestra actividad “estrella”.

Con frecuencia organizamos retiros de una mañana y el almuerzo, e incluso hemos hecho un par de peregrinaciones a lugares próximos. Y por supuesto que todos hacen cosas por su cuenta, en el colegio, la catequesis, la familia…

Además, y me parece fundamental, todos los años hemos realizado una tanda de ejercicios, con mejor o peor fortuna.

Como José Mª Echeverri es ahora nuestro director regional, ha venido varias veces a visitarnos. A principios de diciembre del año pasado algunos de estos militantes veteranos se acordaron de que había prometido que, cuando viniese este mes de enero, podría darnos una tanda de ejercicios. Era el momento. Además, aquí, febrero es de vacaciones e intentamos ampliar la duración de la tanda a tres días, y así lo gestionamos. Llamamos a España a José María para concretar, pensar en el lugar… Iniciado el proceso y tras varios diseños, pensamos dedicar el primer día a una convivencia tipo “Aula familiar Tomás Morales”, como las que se realizan en España en la sierra de Gredos, y ha sido un éxito.

El viernes estuvimos unas 7 personas, dos de ellas vinieron tras cinco horas de viaje, más la vuelta, y José María desarrolló el tema de la afectividad, de su expresión adecuada, de las implicaciones de su carencia, sobre todo cuando falta el padre. Por la tarde una película (recortada) centró el comentario con su correspondiente conversatorio.

En la cena se incorporaron unas cuantas personas más y se inició la tanda de ejercicios, en la que hubo once ejercitantes y a los ocho días estuvimos en el locutorio de las carmelitas para pedirles oraciones, contárselo y… les pido oraciones y ya les seguiré contando.

Mi experiencia como catequista


Esther

Empecé a dar catequesis a niños hace 11 años, cuando estaba todavía en la Universidad. Una amiga mía tenía que dejar su grupo de catequesis y me ofreció llevar su grupo. La verdad es que era algo que siempre había querido hacer desde pequeña. Cuando veía a los catequistas que nos enseñaban cosas sobre la vida de Jesús o sobre la iglesia, sentía que yo de mayor tenía que ser catequista. Por suerte, no tuve que buscar mucho, me vino casi al encuentro la oportunidad. Y no la dejé escapar.

Al principio me costó un poco, porque eran niños de postcomunión, y esos años son muy difíciles, porque no se sienten motivados para ir a catequesis ya que ya han hecho la primera comunión. Al cabo de un tiempo, casi no asistían niños a la catequesis, y yo me lo tomé como algo personal, ¡a lo mejor es que no valía para dar catequesis! Sin embargo, continué. Los años posteriores fueron mucho más fáciles porque me tocó dar grupos de comunión, y no tenía problemas con la asistencia de los niños. También la experiencia va haciendo que aprendas truquillos para motivar a los niños, y hacer que les guste más la catequesis.

A lo largo de estos años, he aprendido muchas cosas. Una de ellas es que todos tenemos que estar al servicio de la iglesia allí donde se nos necesite, cada uno con sus cualidades. Lo importante, es que pongas tus habilidades al servicio de los demás, en el país más lejano o en la parroquia de tu casa, cada uno con su vocación.

Los niños siempre te enseñan muchas cosas. Te das cuenta de lo que realmente significa el “ser como niños” que nos enseña Jesús en el evangelio: Ser como niños no es ser infantiles, sino tener una mirada inocente y confiada. Y mirar con optimismo la vida.

Muchas veces te lo pasas genial en clase. Les enseñas pero también juegas con ellos y te ríes. Pero no siempre es fácil. Algunos años he tenido grupos muy complicados, con grupillos de niños que hablaban mucho, o que intentaban boicotear la clase para hacerse los graciosos ante los demás, y no dejaban aprender al resto.

A veces salía de la catequesis diciendo: “No sé si vale de algo la clase de hoy, porque me he tirado todo el tiempo mandándoles callar”. Sin embargo, luego pienso que muchas cosas se les quedan, ya que lo que aprenden de niños lo recuerdan de mayores y puede servirles para la vida.

Me parece fundamental enseñarles valores humanos, que son en realidad valores cristianos. Intento enseñarles que no pueden insultarse entre ellos, que deben compartir las cosas, que todos somos un equipo...

Lo que más importante me parece es enseñarles a ver a Jesús en el otro y a intentar parecerse a Jesús, que en definitiva es amar a Dios y al prójimo. Por supuesto tienen que aprender cosas de memoria, como los mandamientos o el Credo, pero sin perder de vista el objetivo de vivir el mandamiento del amor.

Como conclusión, decir que es de las cosas mejores que hago a lo largo de la semana. Creo que tengo una verdadera vocación de catequista y estoy muy contenta de tener la suerte de serlo.

Por último, quiero animar a todo el que sienta esta llamada, a que no la deje escapar, porque sencillamente, es estupendo.

El legado de un gran pontífice


Con una gratitud inmensa y con emoción profunda resuenan aún las palabras que el pasado 11 de febrero conmovieron al mundo:

“Queridísimos hermanos: Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice. Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria. Vaticano, 10 de febrero 2013.
BENEDICTUS PP. XVI”

Con esta declaración de renuncia al ministerio de Obispo de Roma ante los cardenales reunidos en Consistorio Público, el “Papa teólogo”, el “Papa de la Verdad”, llegado al límite de sus fuerzas, abrazaba su particular cruz, la de la renuncia valiente y generosa y el humilde ocultamiento, para dejar paso a la acción de Dios, verdadero protagonista de la vida de la Iglesia. Como recordaba en la audiencia del miércoles de ceniza, dos días después, “me sostiene e ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo y Él no dejará que le falte su guía y su cuidado”.

El canon 332,&2 del Código de Derecho Canónico dispone: «Si aconteciere que el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie». Con exquisito cuidado, el anuncio realizado por Benedicto XVI se ajusta a lo establecido por la norma jurídica de la Iglesia.

El estupor universal primero, y los chismes, banales o malintencionados acerca del Papa y de los “papables” -sin olvidar las profecías apocalípticas, que de todo ha habido-…, se apresuraron a disputar el lugar a la oración, que el propio pontífice solicitó a todos los fieles para invocar al Espíritu Santo, con el fin de que sostenga y guíe a su Iglesia en este difícil momento histórico.

Sólo una luz ha guiado de principio a fin a Joseph Ratzinger, Benedicto XVI: el mayor bien de la Iglesia, de la que en todo momento se sintió “un humilde operario”. Rafael Navarro-Valls comentaba: “La decisión de Benedicto XVI es digna de respeto y honra a uno de los Papas de mayor peso intelectual que ha tenido la Iglesia católica.”


LA FECUNDIDAD DE UN LEGADO PRODIGIOSO


El 9 de abril de 2005, cardenal Joseph Ratzinger, era elegido Papa, el 264 sucesor del apóstol san Pedro. Acababa de cumplir los 78 años. Como Benedicto XVI asumió, desde el inicio de su trabajo como Papa, el mensaje íntegro del Concilio Vaticano II. Buscó defenderlo de interpretaciones erróneas, intentó aplicarlo de modo correcto y profundo, convencido de su potencialidad eclesial, para muchos desconocida u olvidada, para otros denostada o manipulada, con o sin disimulo.

Con la mirada puesta en el Concilio convocó el Año de la fe (2012-2013) para celebrar y meditar, tras 50 años de su inicio, lo que significó aquel acontecimiento, e impulsar su plena aplicación. Este es el referente principal de su herencia. Él ha dejado indicado el camino de la renovación eclesial.

En estos casi ocho años Benedicto XVI ha regalado a la Iglesia tres encíclicas. Deus caritas est, firmada en diciembre de 2005 y publicada a inicios de 2006, dedicada al tema del amor. Spe salvi, a finales de 2007, sobre la esperanza. Caritas in veritate, de 2009, analiza y aplica la doctrina social de la Iglesia para un mundo globalizado y zarandeado por la dictadura del relativismo.

En estos años ha presidido cinco Sínodos de los obispos: sobre la Eucaristía, en 2005, la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia, en 2008, dos especiales, uno para África, en 2009, y otro para los católicos en Medio Oriente, en 2010; y el último acerca de la Nueva evangelización en octubre pasado.

Por lo que se refiere a sus viajes apostólicos, el Papa viajó a Brasil en 2007, a África (Camerún y Angola, en 2009, y Benin, en 2011. A varios países de Europa: Alemania (2005, 2006 y 2011), España (2006, 2010 y 2011), Polonia (2006), Austria (2007), Francia (2008), República Checa (2009), Gran Bretaña y Portugal (2010). _Viajó a Turquía, tras las huellas de san Pablo, en 2006. También visitó los Estados Unidos de América en abril de 2008. Llegó hasta Australia, para la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney (2008). Y visitó Tierra Santa en mayo de 2009._En 2012 volvió a América para visitar México y Cuba. Y también quiso visitar el Líbano para entregar simbólicamente a todos los católicos de Medio Oriente, una de sus preocupaciones más sentidas en medio de la actual persecución, la exhortación Ecclesia in Medio Oriente. Como Francisco de Javier, soñó con poner sus pies en China, a la que se acercó de corazón por medio   de una carta apostólica en 2007.

Italia también fue objeto de 30 viajes, el último, el 4 de octubre de 2012, lo llevó como peregrino a Loreto para encomendarse a la Madre de la Iglesia y evocar el viaje que Juan XXIII hiciera poco antes del Vaticano II. En la diócesis de Roma el Papa se acercó a numerosas parroquias, confirmando a los fieles laicos, dedicando memorables discursos, espontáneos y paternales, a los sacerdotes y a los seminaristas romanos.

En estos años, centenares de audiencias generales de los miércoles le han permitido regalarnos magníficas catequesis; ha promovido la vida litúrgica, (exhortación postsinodal Sacramentum caritatis y Motu Proprio Summorum Pontificum sobre la Liturgia romana). Ha dado pasos concretos en el diálogo ecuménico y ha acogido a grupos importantes de la iglesia anglicana que deseaban volver a la plena comunión...

Ha sido un pontificado sorprendentemente vigoroso, que ha impulsado importantes iniciativas para reanimar la vida de la Iglesia. El año 2008, Año paulino. De junio  de 2009 a junio de 2010, Año sacerdotal, en el que Benedicto XVI hubo de afrontar una dolorosa prueba como pontífice, con ocasión de las campañas y denuncias de pederastia. Han quedado también aquellos tres libros, aparentemente divulgativos, pero en realidad calibrados palabra por palabra, fruto de una vida entera de reflexión y de oración, que nos muestran que Jesús es el protagonista de una historia verdadera que se ofrece a nuestra conversión. Y desde octubre de 2012 la Iglesia se encuentra en el Año de la fe, antesala de una nueva evangelización, sin duda la herencia más significativa de Benedicto XVI.


EL PAPA DE LA RAZÓN Y LA VERDAD


Vittorio Messori ha denunciado con dolor que en nuestros días “el practicante católico medio europeo parece coincidir, en la praxis moral, con el laico medio de la posmodernidad, sin diferencias relevantes”.

Benedicto XVI ha sido un profeta valiente y respetuoso, capaz al mismo tiempo de abrazar y corregir a un mundo desorientado. Su denuncia ha puesto de manifiesto que se ha infiltrado la dictadura del relativismo, ese liberalismo ético que borra diferencias entre el bien y el mal, y sobre todo la política, que, con apariencia casi cristiana, está fundada sobre lo que Cristo detesta más: la hipocresía, el eufemismo rufián, la manipulación de las palabras para esconder la verdad.

Recordaba Messori en un artículo reciente, aparecido en Il Corriere della Sera, las palabras de Urs von Balthasar: “Por encima de todo, hoy es necesario poner el cristianismo en pie”. Es decir, es necesario, volver a ponerlo derecho sobre la base en la roca de la fe: una fe firme, como fuente originaria y primaria, de la que todo derive. Este es el camino que Benedicto XVI ha marcado con su Pontificado y que de su mano él mismo nos ha hecho empezar a recorrer.

Como docente primero y después obispo, más tarde como Prefecto de la Doctrina de la Fe, y finalmente como Papa, Joseph Ratzinger ha querido siempre y solamente darnos testimonio de la Verdad, de la capacidad de la razón humana para hallar a Dios, y de la necesidad que tenemos de dirigir a Él nuestra vida entera; de que tomar en serio los Evangelios, apostar nuestra vida y nuestra muerte a su autenticidad no es ingenuidad sino inteligencia, amor, anhelo cumplido. Como otro San Agustín para nosotros.


UNA IGLESIA QUE ES, SOBRE TODO, MISTERIO


Pero la mayor fecundidad del servicio a la Iglesia tal vez haya sido este acto final de su renuncia por amor a la Iglesia. Un nueva renuncia, en realidad, que se suma a las que han jalonado su vida. La elección de una vida de contemplación y retiro para convertirse en un auténtico pararrayos capaz de atraer el Amor de Dios a la Iglesia y a la vez de defenderla del mal que siempre la acecha, dentro y fuera.

Este gesto nos lleva a pensar también que la Iglesia no es acción, febril impulso humano, estructura de poder… sino vivero de santidad; es la recepción fecunda, el Hágase y el Estar (permanecer en disponibilidad vigilante), como María, ante el Acontecimiento cuyo único protagonista es Dios mismo.

Es el recuerdo de que la Iglesia de Cristo es un Misterio. Su doble naturaleza, al mismo tiempo humana y divina (a imagen de su Señor: Dios y hombre; crucificado y resucitado) provoca siempre que, a lo largo de los siglos, haya aparecido sufriente, cuando no agonizante; y quizá siempre, al mismo tiempo, llena de vida, aunque a veces sólo visto con ojos de la fe.

Benedicto XVI, con su renuncia humilde y libre, nos despierta al hecho de que Dios está en su Iglesia, presente con una energía vital capaz de manifestarse y de reanimarla incluso en el fondo de las peores crisis.

Jamás, ni siquiera en los siglos más oscuros, jamás esta Iglesia ha dejado de ser madre de santos, nunca le han faltado —a pesar de todo— hombres y mujeres que han hecho del Evangelio carne y sangre de su vida.

En el fondo, todo se resume en la búsqueda de un Rostro, anhelado por todo hombre en lo profundo de su corazón, y en la que merece la pena empezar la vida: “Nos hiciste, Señor, para Ti…”

Demos gracias a Dios por el regalo de este gran Pastor. Fieles a su ejemplo, comprometamos nuestra vida, en el seguimiento de Cristo, unidos estrechamente al corazón de la Iglesia, como María, estrella de la nueva evangelización.

La realidad existe para conocerla


Abilio de Gregorio

En ocasión no lejana, dejaba constancia en estas páginas de la preocupación por uno de los síntomas más perversos del relativismo en nuestras aulas: la “logofobia” o miedo a la verdad. Si las cosas siguen por los derroteros actuales, algún día los historiadores de la educación podrán afirmar que, a la escuela la hizo la Ilustración y la deshizo el Romanticismo.

Ha tomado asiento en nuestras cátedras un antiintelectualismo o resentimiento contra la enseñanza-aprendizaje de conocimientos para dar paso a una práctica sentimentaloide de paidolatría rousoniana. La denominada “escuela nueva” afirmaba que para enseñar matemáticas a Juan, lo primero que tenía que aprender el maestro es conocer a Juan antes que saber matemáticas. El resultado en muchos casos ha sido generaciones de docentes con amplios conocimientos sobre Juan, pero generaciones de alumnos que salieron de las aulas sin saber matemáticas.

La fácil aceptación del romanticismo educativo por parte de las “vanguardias” docentes se explica quizás por esa porción de verdad que contienen algunas de sus proposiciones. Es cierto que es más productivo en términos educativos desarrollar en el educando capacidades para transformar conocimientos y construir otros nuevos, pero es preciso advertir que tales capacidades no se desarrollan más que en el manejo de los conocimientos que se adquieren y que, cuanto más amplios y diversos son éstos, más posibilidades se crean de relación y, en consecuencia, de transformación y de construcción.

Es cierto que es más relevante la adquisición de una mentalidad crítica que el almacenaje erudito de los conocimientos, pero no es menos cierto que esa mentalidad crítica, o es deseo de verdad y consecuencia del conocimiento claro y distinto de la realidad, o es rebeldía de opinante superficial y necio (ne-scio).

Es cierto que el maestro ha de saber conectar con el mundo de intereses de los alumnos, pero es más cierto que su papel de educador consiste en elevar antes el nivel de esos intereses a cotas de valores superiores para situar al educando en condiciones de comprensión y disfrute de realidades axiológicamente más sofisticadas.

Es cierto que es bueno que el niño aprenda jugando, pero sería mucho mejor que el niño jugase con lo que aprende.

Es cierto que la enseñanza no debe poner en juego de aprendizaje solamente la memoria del alumno, pero es igual de cierto que no hay posibilidad de aprendizaje sin memoria.

Es cierto que es preciso proporcionar al educando competencias útiles para desenvolverse con soltura en la vida, pero es también cierto que la diferencia entre el hombre y el animal es que éste solamente hace aprendizajes útiles. Lo más valioso de determinados conocimientos es que no “sirven” para nada.

Es cierto que hay estadios óptimos de madurez para el aprendizaje en relación con determinados conocimientos, pero también es cierto que determinados conocimientos pueden contribuir al desarrollo de la madurez necesaria para la adquisición de otros nuevos.

En último término, lo que está ahí ante mí, por el hecho de ser y estar ahí, pide respuestas proporcionadas a su condición de realidad. Todo lo que es, provoca o incita siempre una pregunta de conocimiento y una pregunta de valoración. La ignorancia o la indiferencia, en último análisis, no dejan de ser actitudes desleales –antiéticas- con la realidad. El primer homenaje a lo que es, es conocer qué es. Y el maestro, que por definición ha de desplegar honestamente la realidad ante el alumno para que éste la vuelva a plegar, una vez conocida de la mano del maestro, y la guarde en su interior, cuando renuncia a mostrarla, a enseñarla, traiciona su misión, por mucho que pretenda ocultar su deslealtad con alardes de pedagogismos y de sustituciones engañosas. Quizás la escuela ha comenzado a construir su fracaso a partir del momento en que abandonó su misión de “médium” para iniciar al educando en el conocimiento del depósito cultural de la humanidad, sustituyéndola por el mesianismo de la pedagogía naturalita. “Lo paradójico de esta pedagogía, decía Gramsci a pesar de su espíritu iconoclasta, es que este nuevo tipo de escuela es defendida como democrática, mientras que, de hecho, está destinada no sólo a perpetuar las diferencias sociales, sino además a cristalizarlas en una mayor complejidad”.

Dos bebés


En el vientre de una mujer embarazada se encontraban dos bebés. Uno pregunta al otro:

-¿Tú crees en la vida después del parto?

-Claro que sí. Algo debe existir después del parto. Tal vez estemos aquí porque necesitamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

-¡Tonterías! No hay vida después del parto. ¿Cómo sería esa vida?

-No lo sé, pero seguramente... habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y nos alimentemos por la boca.

-¡Eso es absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer por la boca? ¡Eso es ridículo! El cordón umbilical es por donde nos alimentamos. Yo te digo una cosa: la vida después del parto está excluida. El cordón umbilical es demasiado corto.

-Pues yo creo que debe haber algo. Y tal vez sea sólo un poco distinto a lo que estamos acostumbrados a tener aquí.

-Pero nadie ha vuelto nunca del más allá, después del parto. El parto es el final de la vida. Y a fin de cuentas, la vida no es más que una angustiosa existencia en la oscuridad que no lleva a nada.

-Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del parto, pero seguro que veremos a mamá y ella nos cuidará.

-¿Mamá? ¿Tú crees en mamá? ¿Y dónde crees tú que está ella?

-¿Dónde? ¡En todo nuestro alrededor! En ella y a través de ella es como vivimos. Sin ella todo este mundo no existiría.

-¡Pues yo no me lo creo! Nunca he visto a mamá, por lo tanto, es lógico que no exista.

-Bueno, pero a veces, cuando estamos en silencio, tú puedes oírla cantando o sentir cómo acaricia nuestro mundo. ¿Sabes?... Yo pienso que hay una vida real que nos espera y que ahora solamente estamos preparándonos para ella...

Anónimo

"Largo para facellas..."


P. Tomás Morales SJ

San Juan de la Cruz escribía: «Luego que la persona sabe lo que han dicho para su aprovechamiento, ya no ha menester oír ni hablar más, sino obrarlo de veras, con silencio y cuidado, en humildad y caridad y desprecio de sí, y no andar luego a buscar nuevas cosas, que no sirve sino de satisfacer el apetito en lo de fuera y dejar el espíritu flaco y vacío sin virtud interior».

Si sabiendo lo que tenemos que hacer, no lo hacemos por pereza o cobardía, si encima nos entretenemos discutiendo lo que debería hacerse, acabaremos no haciendo nada nunca. Por eso no hay que permitir al joven que se entretenga en largas discusiones, sino obligarle a actuar, venciendo dificultades, saboreando alegrías y cosechando experiencias que hagan cada vez más fecunda su acción. Tiene que emular al Cid, «largo para facellas y corto para narrallas». «Los jóvenes aquí tienen hoy muchas ganas de reunirse y hablar, pero muy pocas de hacer», me decían unos sacerdotes en Alemania.

El pastor protestante Martín-Lutero King, Premio Nobel de la Paz, en un sermón sobre el Buen Samaritano, apuntó con ironía y precisión que tal vez una de las causas que impidieron al sacerdote y al levita detenerse a socorrer al herido fue la prisa que llevaban porque tenían una ponencia en el congreso convocado por la Asociación pro mejora del camino de Jericó para limpiarlo de bandidos. Claro que eso es atacar el mal en su raíz, lograr que esa ruta dejase de producir víctimas. La «Subida de la Sangre» así llamaban los antiguos a aquel camino se vería libre de bandas de salteadores. Pero mientras tanto, un hombre agonizaba en la cuneta, y nadie se paraba a socorrerle, porque lo importante era reunirse, disertar sobre la reforma de las estructuras, cambiar impresiones sobre la panorámica política, social, cultural, económica...

Ante el sarampión de congresos, cursillos, reuniones, equipos que nos ha atacado, esta ocurrencia colorista del campeón de la integración racial puede actuar de lenitivo y rectificador. Nos hará aterrizar en la realidad viva del actuar sin aplazamientos, haciendo algo que, aun cuando parezca poco, es ya mucho, porque es todo lo que yo puedo hacer en lugar de hablar dejándome llevar por la «reunionitis ». Si todos los que transitan por el camino de la vida hacen algo, ayudan al samaritano, socorren al hermano maltrecho, acabaríamos limpiándolo de malhechores. Es lo del refrán chino: si cada vecino barre su puerta, toda la acera estará limpia. Traducido al lenguaje de hoy: si cada hombre se transforma, se reformarían las estructuras.

(Laicos en Marcha)

La vida no es un absoluto sino una ocasión para ser mejores


Santiago Arellano Hernández

Es sorprendente la antinomia en que se encuentra la legislación sobre la vida humana en nuestros tiempos; su consecuencia, la contradicción habitual entre los ciudadanos. Los más la exaltan hasta colocarla sobre un pináculo sagrado como ídolo al que se le venera. Al cuerpo se le dedica tiempo y hacienda con más veneración y rigor que al culto debido al Dios verdadero. Por otra parte, estos mismos desprecian la vida como si no tuviera ni sentido ni valor. Se entiende, la vida de los demás. Defienden el crimen del aborto, de la eutanasia y no me extrañaría que en su lógica interna aplaudan axiomas que con horror hemos escuchado recientemente: “las guerras son necesarias para regular el crecimiento de la población mundial”.

Para un creyente la vida es sagrada. Dios es el señor de la vida. Cada uno de nosotros somos administradores. Responsables de la vida, sí; pero no dueños omnímodos. Ni la vida ni la muerte están en nuestras manos. La preocupación del creyente no es “la calidad de vida” y si no, eliminarla. Es más importante llenarla de sentido, lograr que cada instante se convierta en valor de eternidad. Por ejemplo ¿asentiríamos de corazón que es más importante la libertad que la vida? Así se lo manifiesta Don Quijote a Sancho en el capítulo 58 de la II parte:

“-La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres.”

Más aún ¿Seríamos capaces de entregar nuestra vida para obedecer antes a Dios que a los hombres? Siempre me ha conmovido la muerte del anciano macabeo Eleazar:

“Eleazar, uno de los principales maestros de la Ley, de edad muy avanzada y de noble aspecto, fue forzado a abrir la boca para comer carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida infame, marchó voluntariamente al suplicio, después de haber escupido la carne, como deben hacerlo los que tienen el valor de rechazar lo que no está permitido comer, ni siquiera por amor a la vida. «A nuestra edad, decía, no está bien fingir. De lo contrario, muchos jóvenes creerán que Eleazar, a los noventa años, se ha pasado a las costumbres paganas. Entonces también ellos, a causa de mi simulación y de mi apego a lo poco que me resta de vida, se desviarán por culpa mía, y yo atraeré sobre mi vejez la infamia y el deshonor. Porque, aunque ahora me librara del castigo de los hombres, no podría escapar, ni vivo ni muerto, de las manos del Todopoderoso. Por eso, me mostraré digno de mi vejez entregando mi vida valientemente. Dicho esto, se encaminó resueltamente al suplicio”.

Fernando Martín Herráez

La noticia nos llenaba de estupor: El Papa Benedicto XVI renuncia. Como todo acontecimiento importante, ha suscitado revuelo, comentarios, interpretaciones, sospechas, apoyos, miles de sentimientos y manifestaciones para todos los gustos.

Yo he gozado profundamente de la lectura y relectura de la “Declaratio” que el día 11 de febrero publicaba la página web del Vaticano. Selecciono tres fragmentos que revelan un poco, al menos desde mi punto de vista, la grandeza de alma, el amor a la verdad, la humildad y la sabiduría (y no me cansaría de añadir adjetivos) de este segundo Papa del tercer milenio. He sido profesor de Antropología Filosófica y si tuviera que seleccionar algún texto por medio del cual explicar la dignidad de la persona, y sus valores de humanismo, de libertad y de amor a la verdad, creo que elegiría el texto del Papa.

“Os he convocado… para comunicaros una decisión… Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino… Siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro”.

Como digo es todo un homenaje a la libertad de conciencia, al amor a la verdad por encima de conveniencias y de pareceres. Desde la plena conciencia y desde la libertad, Benedicto XVI ha sido capaz de romper una tradición, por amor a Dios y por amor a la Iglesia.

“Os doy las gracias de corazón…, y pido perdón por todos mis defectos”.

Si tuviera que elegir entre el elenco de sus muchas frases memorables que nos ha dejado durante su pontificado, me quedaría con estas que estoy comentando. Sencillo y revolucionario, porque el perdón es la gran revolución cristiana. ¿Hay algo más humano, más divino, más cristiano, que dar las gracias y pedir perdón? ¿No es esta la radicalidad evangélica que el mundo está esperando oír continuamente de labios de los cristianos?

Y al final la gran lección del hombre de Dios, del humilde obrero de la viña que ha descubierto que el gran sentido de su vida es servir a su Señor:

“En el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”.

No hay palabras para describir lo que es este don que el Papa Benedicto XVI ha dejado a la Iglesia. Y creo que necesitaremos tiempo, especialmente “tiempo de Sagrario”, para asimilarlo y entenderlo en plenitud. Pero por ahora, basta y sobra con una palabra: Gracias.

La fe y la Iglesia


P. Juan Ignacio Rodríguez Trillo

Estas líneas son hoy un homenaje agradecido al Papa Benedicto XVI. Escritas antes del anuncio de su renuncia a la Sede de Pedro, se convierten en un testimonio de todo lo que han sido estos ocho años de su Pontificado y el gran legado que nos ha dejado: un amor a Jesucristo y la Iglesia, de la cual él ha sido su humilde servidor. Y esta conciencia de servicio a la Iglesia le ha llevado a seguir siendo su siervo, ahora de manera orante. En la tercera catequesis sobre el año de la fe, Benedicto XVI nos preguntaba: ¿la fe tiene un carácter sólo personal, individual? ¿Interesa sólo a mi persona? ¿Vivo mi fe solo? Con ellas construye esta hermosa catequesis sobre fe e iglesia.

Esta es la afirmación principal: “No puedo construir mi fe personal en un diálogo privado con Jesús, porque la fe me es dada por Dios a través de una comunidad creyente que es la Iglesia y me introduce así, en la multitud de los creyentes, en una comunión que no es sólo sociológica, sino enraizada en el eterno amor de Dios que en Sí mismo es comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; es Amor trinitario”.

Tenemos que profundizar en este aspecto y saber que “nuestra fe es verdaderamente personal sólo si es también comunitaria: puede ser mi fe sólo si se vive y se mueve en el «nosotros» de la Iglesia, sólo si es nuestra fe, la fe común de la única Iglesia y que la Iglesia, por lo tanto, desde el principio es el lugar de la fe, el lugar de la transmisión de la fe, el lugar donde, por el bautismo, se está inmerso en el Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Cristo.

El Papa aborda y supera esa difundida tendencia a relegar la fe a la esfera de lo privado afirmando que ello contradice a su naturaleza misma. Necesitamos la Iglesia, nos dice, para tener confirmación de nuestra fe y para experimentar los dones de Dios: su Palabra, los sacramentos, el apoyo de la gracia y el testimonio del amor. En un mundo en el que el individualismo parece regular las relaciones entre las personas, haciéndolas cada vez más frágiles, la fe nos llama a ser Pueblo de Dios, a ser Iglesia, portadores del amor y de la comunión de Dios para todo el género humano.

De este amor a la Iglesia Benedicto XVI ha sido testigo en estos últimos días. Para que su magisterio siga resonando entre nosotros ofrecemos a continuación un decálogo para el año de la fe, extraído de textos de la carta Porta Fidei.

1. Redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo.

 2. Invitar a una auténtica y renovada conversión al Señor, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida.

 3. Decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree.

 4. Abandonarse en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande, porque tiene su origen en Dios y llegar a poseer así la certeza sobre la propia vida.

 5. Suscitar en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, confianza y esperanza.

 6. Sentir con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre.

 7. Comprometerse en la Iglesia a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y el entusiasmo de comunicar la fe.

 8. Profundizar en la responsabilidad social de lo que se cree. Es la dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe.

 9. Vivir fe y caridad en mutua relación. La fe sin la caridad no da fruto y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda.

 10. Hacer cada vez más fuerte la relación con Cristo, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero.

XXV Aniversario del Instituto Secular Cruzados de Santa María

El domingo 10 de febrero tuvo lugar en Madrid un encuentro celebrativo de un acontecimiento providencial, del que ya informamos a nuestros lectores en el número anterior de ESTAR: la aprobación canónica de los Cruzados de Santa María como Instituto Secular, y de sus Constituciones.

Damos cuenta aquí, a modo de crónica y reflexión, de lo acontecido en este encuentro familiar para agradecer a Dios y a la Iglesia su predilección, su exigente y magnífico llamamiento a la santidad y a la evangelización a través del carisma del siervo de Dios padre Tomás Morales SJ y en el del instituto secular masculino por él fundado, los Cruzados de Santa María.

Miembros del instituto, jóvenes componentes de la Milicia de Santa María, colaboradores de los Cruzados, amigos y simpatizantes de Madrid y de toda España hicieron familia en torno al Comisario Pontificio, Mons. Francisco Cerro Chaves, obispo de Coria-Cáceres, y del director general del instituto, Fernando Martín Herráez. También asistieron Mons. Fabio Duque Jaramillo, obispo de Armenia, Colombia, y el P. Elías Royón SJ, Presidente de la Confederación de Religiosos de España (CONFER).

Tras una evocación histórica acerca de este primer cuarto de siglo de los Cruzados como Instituto Secular, en la que las figuras del P. Tomás Morales y Abelardo de Armas fueron recordadas de manera sobresaliente, tuvo lugar una emocionante mesa redonda. Formaban parte de ella Mons. Melchor Sánchez de Toca, Subsecretario del Pontificio Consejo para la Cultura, Juan Antonio Gómez Trinidad, catedrático de filosofía y exdiputado, María José San Telesforo, madre de familia y psicóloga, y Pablo Sanz, estudiante de INEF y militante de Santa María. La Moderación corrió a cargo de Bienvenido Gazapo Andrade, profesor de la Universidad Europea de Madrid.


UN CARISMA Y UNA VOCACIÓN QUE MIRAN A LA SANTIDAD


“Vuestra vocación es la estar en el mundo asumiendo todas las cargas y los anhelos con una mirada humana que coincida cada vez más con la divina, de la que brota un compromiso original y peculiar fundado sobre la certeza de que Dios escribe su designio de salvación en el entramado mismo de los acontecimientos. La relación entre la Iglesia y el mundo el mundo ha de ser vivida con el signo de la reciprocidad, ya que no es sólo la Iglesia la que se da al mundo, contribuyendo a hacer más humana la familia de los hombres y su historia, sino que también es el mundo el que se da a la Iglesia de manera que ella pueda comprenderse mejor a sí misma y vivir mejor su misión.” (Benedicto XVI)

Con esta palabras daba comienzo Bienvenido Gazapo al intenso y emocionante coloquio: “Esto -añadió- es lo que los Cruzados de Santa María venimos intentando con la Gracia de Dios desde hace más de 25 años: no huir del mundo sino cristianarlo desde dentro. Y este es el objeto de esta tertulia.”

Los miembros de la Mesa y también los asistentes “encarnan una convicción y tres amores. Una convicción, heredada del P. Morales: La nueva evangelización pasa por la movilización del laicado. Por ello nos sentimos muy cerca del corazón de Benedicto XVI. Tres facetas de mismo amor: a la Iglesia, guiada por nuestros pastores, a los jóvenes, esperanza de la Iglesia, y a la familia, fundamento de la persona y de la sociedad.”

Tras comentar cómo conocieron a los Cruzados de Santa María y qué les llamó la atención del Instituto, los componentes de la Mesa se refirieron a su carisma, que caracterizaron como la búsqueda de una santidad laical, educadora, familiar y apostólica: una experiencia radical de fe, de encuentro en lo cotidiano con Dios, y plenitud de una vida “oculta con Cristo en Dios”. Insistieron en la necesidad de despertar en los jóvenes el deseo de buscar grandes ideales y de humanizar una naturaleza herida, así como de cultivar el apostolado de la amistad, “alma a alma”.

Con relación al Instituto, animaron a los Cruzados a “volver al amor primero, a echar las redes a pesar del cansancio” cuando lleguen los embates o las dudas; les pidieron paciencia y dedicación incansable y personal a los jóvenes, cuidar a las familias ayudándolas crecer en su vocación, y que afirmen su condición y vocación de laicos en todos los campos del mundo, dando testimonio de fe con valentía allí donde Dios es ignorado o combatido.


FERNANDO MARTÍN: “UN GOZO Y UNA RESPONSABILIDAD”


A continuación tomó la palabra el director general, Fernando Martín Herráez, quien, evocando unas palabras del P. Morales a propósito de la aprobación del Instituto, hizo suyo el sentimiento de gozo por la aprobación al tiempo que recordó la responsabilidad que lo acompañaba: vivir con fidelidad creativa “aquello que la Iglesia aprobó y que con el paso del tiempo hemos ido comprendiendo con mayor profundidad”.

Se trata de una vocación maravillosa y a la vez difícil de entender: “seguir a Cristo en su camino de Encarnación, seguir al Cristo oculto de Nazaret, que sólo dedicó unos pocos años a la vida pública y la mayor parte de su tiempo lo pasó en vida oculta“. Es, añadió, la “vocación del fermento que desaparece en la masa” y cuyo “ocultamiento es la clave de su eficacia”.

Remarcó que la Iglesia, al aprobar como Instituto Secular a los Cruzados los quiso “laicos o sacerdotes en medio del mundo, viviendo su consagración total a Dios en medio de él, animando e impulsando la vida apostólica laical… animadores de una santidad laical que tiene que irradiar por todo el mundo”.

Hizo suyas también unas palabras del padre Morales: “La Virgen quiere desencadenar una catarata de santidad en la Cruzada, en la Iglesia, en el mundo… Una santidad sencilla y oculta sin acciones brillantes, sin apostolados espectaculares. Una santidad alegre y atrayente que multiplique pequeños detalles, robe el corazón de muchos sin salir de la profesión, vivida cada día con mayor competencia. Una santidad discreta y abnegada que prefiere, a las actuaciones masivas, el apostolado alma a alma imitando la vida de Nazaret.

La Virgen no quiere en su Cruzada santos malogrados, es decir, personas excelentes, fervorosas, apostólicas, pero que no sean sencillamente santas. Quiere hombres olvidados de sí en los que Dios trabaje a su gusto”. Este, añadió Fernando Martín, era el sueño de nuestro fundador hace 25 años. Esto es lo que hemos tratado de vivir su hijos en estos años… con la fuerza de la gracia pero también conscientes de la fragilidad de toda obra humana.”

La santidad en la fidelidad a este carisma es el futuro que afrontamos, viviendo como contemplativos enamorados de Dios en medio de las estructuras del mundo, viviendo la sana tensión entre la fidelidad al carisma y la responsabilidad del discernimiento de los signos de los tiempos.

Asumimos como parte fundamental de nuestro carisma el reto de la nueva evangelización especialmente entre los jóvenes y las familias, de modo prioritario a través de la Milicia de Santa María y de “esa realidad tan amplia y entrañable” que son los Colaboradores.


MONS. CERRO CHAVES: TRES AMORES, TRES FACETAS DE UN MISMO AMOR


En la homilía de la Eucaristía conclusiva, que presidió el Obispo de Coria- Cáceres, y Comisario Pontificio de los Cruzados de Santa María, Mons. Francisco Cerro Chaves, junto a Mons. Fabio Duque y diez celebrantes más, entre ellos varios sacerdotes cruzados, manifestó su profundo aprecio por el Instituto y su labor en la Iglesia, y expresó su gratitud por el lugar que la Iglesia le ha otorgado en su seno.

Evocando vivencias personales, reconoció haber encontrado y recibido junto a los Cruzados y la Milicia de Santa María “tres amores, tres manifestaciones de un mismo amor: a Jesucristo, a María y la Iglesia”. Rememoró de modo sobresaliente las figuras del Padre Morales y de Abelardo de Armas, cofundador del Instituto, y animó a todos los presentes a perseverar en esa corriente de amor que ha de traducirse en frutos de apostolado y de santidad laical, y que no dudó en describir como un tesoro para la Iglesia y para el mundo.