sábado, 1 de septiembre de 2012

A las puertas de un cincuentenario


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El cincuentenario, obviamente, es el de la apertura del Concilio Vaticano II, que tendrá lugar el próximo 11 de octubre, fecha en la que también dará comienzo el Año de la Fe proclamado por el Papa Benedicto XVI.

Pero no es momento de meras celebraciones. A no ser que asumamos que celebrar es juntarse para revivir –para hacer vida- algo que es importante para nosotros. Es preciso recordar para adquirir certezas sobre quiénes somos y de dónde venimos. Pero el recuerdo ha de ser un resorte de lanzamiento hacia el futuro, porque eso es revivir, es vivir como nueva la misma vida, para que alcance la máxima fecundidad y venza a la muerte.

A pesar del tiempo transcurrido desde el Concilio Vaticano II, con el impulso que éste supuso para que el laicado adquiriese su mayoría de edad, todavía queda mucho por hacer. Urge que los bautizados tomemos conciencia de nuestro ser y misión en el mundo. Los medios de comunicación ofrecen habitualmente una visión mostrenca de la realidad de la Iglesia, en la que se apunta (casi siempre antes de disparar improperios) principalmente al Papa y a los obispos, y en todo caso al clero, pero se procura pasar por alto que la Iglesia también somos los laicos, el pueblo, la inmensa mayoría de nuestra sociedad, presente en tantas realidades y escenarios de la vida social, también la pública.

El laicado católico es un gigante aletargado, adormecido, que ignora lo más apasionante de su naturaleza: que es portador de una energía llamada a transformar el mundo desde su raíz. Esa energía es el Evangelio, y la gracia actuante de Dios -Creador y el Señor de la historia- que puede mover las montañas y los corazones para que todo renazca nuevamente. Y este gigante necesita despertadores entusiastas que le hagan ponerse en camino.

“Este mundo bueno fue si bien usáramos de él”, escribió el poeta. La creación es portadora de un mensaje, el de la presencia amorosa de un Dios que es padre, de un Logos que ama a sus criaturas. La creación está atravesada por un orden de amor, por un sentido. Dios ha confiado al ser humano una doble tarea: madurar en su capacidad de amar y hacer progresar el mundo, renovándolo en la justicia y en la paz (Benedicto XVI). En este cometido se encuentra también la misión de quienes están llamados a llevar desde dentro el sentido a este mundo, desorientado y deformado por el pecado.

La vocación del laicado católico -la vocación de la Iglesia en realidad, vivida desde el seno de las realidades temporales- es estar en el mundo asumiendo todas las cargas y los anhelos, y hacer de ellos ocasión para que Dios siga escribiendo su historia de salvación en el entramado de nuestra historia humana. Hay en todo esto una carga de dramaticidad, puesto que se nos pide dar la vida, comprometerla por algo grande, comunicar una experiencia de amor que es el fundamento de la vida de todo hombre y mujer. Abrazar con caridad -portadores del amor de Dios en nuestra mirada, en nuestra vida y en nuestras acciones- todas las heridas del mundo, y aun las de la misma Iglesia, nuestra madre. Prolongar en el mundo la Encarnación del Verbo, construir esperanza.

Estamos preparados para ir al mundo cada día, llevándole una mirada de misericordia y de verdad. Estamos listos para la nueva evangelización. Estamos dispuestos a ser, con nuestra vida de fe, luces en la noche.

El concepto de persona como reducto de la dignidad del ser humano

Santiago Arellano Hernández

En medio de la gran celebración que con ocasión del Encuentro Laicos en marcha movilizará a tantos jóvenes y familias, yo en esta página también me pongo en pie y me uno al espíritu de esa “movida”.

Levanto mi voz para salir en defensa no de la rana verde, que ya hay quien la defienda. Sino de la definición del ser humano como persona. Es tan crucial que si ocurriese un cataclismo gigantesco como el de la caída del Imperio Romano yo me llevaría esta palabra, porque desde ella se podría reconstruir todo lo derrumbado. La dignidad del ser humano nos llevaría a Dios y su imagen al corazón del evangelio: Dios es amor.

Mi maestro Don Francisco Canals Vidal nos impulsó a salir en defensa de la comprensión del ser humano como persona, eso que nos lleva a exigir que nos traten como alguien y no como algo. Nunca debemos ser reducidos a cosa ni recibir un trato de esclavo, ni en las relaciones laborales, ni en el amor, ni en circunstancia ninguna. Tal es nuestra dignidad.

Enseñaba: “Las ‘ciencias’ particulares, tal como son concebidas por el cientificismo, y utilizadas por la hegemónica "tecnología», no podrían justificar la dignidad personal del hombre. Pero esta capital verdad es patrimonio del recto sentir común humano, y es una exigencia humana el que encuentre una tematización especulativa conexa con aquel recto sentir en el horizonte de una comprensión ontológica del hombre y del universo.”

Existe hoy como nunca la tendencia a reducir el hombre a sólo materia inerte y a olvidar su alma. No es que sea doctrina de ahora mismo. Viene de lejos. Uno puede pensar que tal exaltación del cuerpo nos devolverá a la visión apolínea que nos legaron los clásicos. No es posible. El occidente al renegar del alma del ser humano, ha reducido el cuerpo a un espacio sin sentido. La fealdad directamente pretendida en algunas modas juveniles y en el arte, no son casualidad, expresan el horror del estados ancestrales primitivos, crueles y bárbaros.

Me viene al recuerdo el cuadro de Picasso titulado “Venus y Cupido”... El mito queda sarcásticamente destrozado. La diosa del amor y su diosecillo, el deseo, se reducen a un cúmulo de horror y fealdad; es un auténtico esperpento deplorable, que denuncia de inhumanidad a quien lo pinta. No, no, no. Ni es eso el amor ni es eso una mujer. Picasso ignora lo mejor del ser humano.


Saciará la sed de los humildes
Sor Isabel Guerra

Fijaos en la mirada plena de Sor Isabel Guerra, autora de este prodigioso cuadro que os presento. No voy a comentarlo yo. Voy a reproducir unas palabras de Benedicto XVI al Instituto Juan Pablo II el 13 de mayo de 2011: “...Nuestros cuerpos esconden un misterio. En ellos el espíritu se manifiesta y actúa. Están llamados a ser cuerpos espirituales, como dice San Pablo (1Cor 15,44). Podemos ahora preguntarnos: ¿puede este destino del cuerpo, iluminar las etapas de su camino? Si nuestro cuerpo está llamado a ser espiritual, ¿no deberá ser su historia la de la alianza entre el cuerpo y el espíritu? De hecho, lejos de oponerse al espíritu, el cuerpo es el lugar donde el espíritu habita. A la luz de esto, es posible entender que nuestros cuerpos no son materia inerte, pesada, sino que hablan, si sabemos escuchar, con el lenguaje del amor verdadero”. Para meditar.

Leed mi pancarta: “YO, POR LA PERSONA”.

La movilización del laicado

Fernando Martín Herráez

A los fieles laicos corresponde testificar desde las vicisitudes de la vida ordinaria, familiar y social, cómo la fe cristiana constituye la única respuesta plenamente válida a los problemas y expectativas que se plantean a cada hombre y a cada sociedad. Pero eso sólo será posible si los laicos logran superar en sí mismos la fractura entre el Evangelio y la vida. Los cristianos somos responsables de nuestro tiempo, se nos ha encomendado que nuestra vida sean un ámbito cotidiano de encuentro con Dios, para nosotros mismos y para quienes viven junto a nosotros. Porque todo lo humano ha sido creado para ser signo y morada de Dios.

Pero evangelizar hoy desde la radical pertenencia a Dios pide la coherencia del testigo, y puede llegar a ser un testimonio martirial en determinados ambientes hostiles a la presencia de Dios. Hoy, concretamente, no podemos permanecer ajenos por más tiempo a la pérdida de la identidad cristiana que se advierte en tantos sectores de la vida social, laboral, familiar, económica y política, de los cuales nosotros formamos parte y de los que somos directa o indirectamente responsables.

Para un laico bautizado, estar en el mundo no es algo circunstancial o añadido, sino consustancial a su vocación cristiana. Es su modo de ser cristiano. La índole secular reclama en el laico cristiano un estilo de vida caracterizado por una presencia real y responsable en el mundo y en la sociedad, participando por entero y con plenitud de dedicación a las tareas cotidianas, ordinarias y extraordinarias.

Pero se apoya en una honda unión con Dios que resplandece en las obras y contribuye a transformar desde dentro las realidades terrenas infundiendo en ellas, de acuerdo con su orden y valores propios, el Amor y la presencia de Dios. A través de sus laicos, la Iglesia se hace solidaria de modo tangible con la humanidad entera, vive y sufre con ella, hace suyos sus afanes y problemas, y los sitúa ante el amor de Dios.

A lo largo de nuestra historia, los Cruzados de Santa María hemos transmitido a numerosas personas, especialmente a través de la Milicia de Santa María, la pasión del Padre Tomás Morales por la evangelización y por el papel protagonista que en ella corresponde a los laicos bautizados.

Jóvenes militantes que se formaron durante su adolescencia y juventud en la Milicia son hoy hombres maduros que siguen asumiendo como propia su espiritualidad. De hecho, desde hace décadas, un considerable número de ellos han venido manifestando su deseo de participar en el espíritu de los Cruzados de Santa María y de hacer partícipes a sus familias de la misión de prolongar en el mundo la Encarnación del Verbo y de consolidar su vida cristiana según el estilo de la familia de Nazaret.

“Cuando un bautizado toma conciencia de su fe se hace misionero” (J. Pablo II, Javier, 1982), el P. Morales repetía esta idea con frecuencia y con pasión. Pero no podemos vivir nuestra vida cristiana y asumir la misión como francotiradores. Es preciso un ambiente, una familia espiritual, en la que la común experiencia de fe, y el amor y los afanes compartidos, se vean respaldados por un ambiente de comunión, formación y proyección apostólica.

La movilización del laicado, en extensión y en profundidad, es tarea y misión de todos. “El laicado está descubriendo con conciencia más clara su papel insustituible en la Iglesia. Inmensas y continuas gracias a Dios tenemos que dar todos por esta realidad esperanzadora. Pedir en nuestra oración continua que todos los bautizados descubran y vivan esta realidad debe ser nuestro empeño constante.” (P. Tomás Morales)

El III Encuentro Laicos en Marcha, que pronto celebraremos en Getafe quiere ser el Cenáculo de este movimiento impulsado por el Espíritu, el impulso que llene de entusiasmo nuestra entrada en el Año de la Fe, el compromiso de una familia espiritual dispuesta a asumir el reto de la nueva evangelización. No faltéis, apoyad con vuestra presencia y oración.

Un nuevo compromiso social y político

Del Concilio Vaticano II a la Nueva Evangelización
XIV Congreso Católicos y Vida Publica
16,17 y 18 Noviembre 2012

Una nueva oleada del Espíritu se está dejando sentir en la Iglesia. Es tiempo de evangelizar.

Por todas partes se viene percibiendo un bullir de iniciativas, de acontecimientos, de signos que hablan de que se está fraguando algo nuevo y esperanzador. Uno de esos signos, y sin duda de los más elocuentes, es la persecución despiadada que se ha desatado en los últimos tiempos y que está sembrando la tierra con la sangre de cientos de mártires cristianos.

El Evangelio es una buena noticia, pero es una historia dramática. Es la historia de un grano de trigo que cae en tierra, y muere, para dar fruto abundante.

El Congreso Católicos y Vida Pública, uno de los acontecimientos más sobresalientes de la vida eclesial en España, promovido por la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, se hace eco del momento presente y de ese viento del Espíritu que agita nuestra historia, aquí y ahora.

El título de la XIV edición, que tendrá lugar en Madrid los días 16, 17 y 18 de noviembre, es “Un nuevo compromiso social y político. Del Concilio Vaticano II a la Nueva Evangelización”.

Tres acontecimientos eclesiales de alcance universal se dan cita en este otoño: el 11 de octubre se celebra el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y comienza el Año de la fe proclamado por el Papa Benedicto XVI en la Carta Apostólica Porta Fidei.

También en octubre tiene lugar el Sínodo de los Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

Los tres están nuclearmente presentes en el planteamiento y en el programa previsto para el Congreso Católicos y Vida Pública.

Su director, el periodista Rafael Ortega, insiste en que no se trata de un Congreso dedicado meramente al estudio sino, ante todo, empeñado en ofrecer a los problemas planteados “comprometidas propuestas concretas de acción”.

“No es, añade, un congreso meramente académico; en él aprendemos a mirarnos bien unos a otros y a compartir, desde nuestra propia originalidad, la fe que vivimos… como en una gran familia.”

Para más detalles e información sobre las actividades del Congreso puede consultarse la web: www.ceu.es/congreso.

“Una estrella de gran esplendor…”

450 Aniversario de la fundación por Santa Teresa de Jesús del Monasterio de San José de Ávila
San José de Ávila. 24 de agosto de 1562. Cuatro jóvenes se habían ofrecido a la aventura. Se les da el hábito, se hace el Santo Sacrificio. Así, sin que la ciudad se aperciba, queda establecida la Reforma del Carmen. Se ha estrenado el primer convento en la casita de Juan de Ovalle y su hermana Juana de Ahumada.

Teresa utiliza allí a la que luego llamaría "su Priora", la Virgen, y a San José, "mi verdadero Padre y Señor". Les encargó el incipiente monasterio. No sólo se restablece la Regla del Carmen en su primitivo esplendor. Un espíritu evangélico íntegro y perfecto, unos nuevos primeros cristianos, una vida tan pura de oración, retiro, amor y sacrificio, que con razón pudo decir la santa reformadora, refiriéndose a sus monjitas, que "le parecía que andaba entre ángeles" (Fund. 1, 6). Teresa estaba encendida en amor. Se sentía quemar como Jeremías: "Era un fuego ardiendo en mi corazón, encerrado en mis huesos. No podía contenerlo" (20, 9). Ella que nunca había pensado en más conventos que el de San José. Allí encerrada con aquellos ángeles de sus hijas, se santificaría y moriría tranquila. Pero los designios del Señor son tan contrarios a las matemáticas humanas... Llevaba unos cuatro años en San José, y, estando en oración, una voz le dice: "Espera un poco, hija, y verás grandes cosas" (Fund. 1,8).”

Así relata el P. Tomás Morales en su semblanza de Santa Teresa de Jesús, con la precisión y el entusiasmo de fe que le caracterizaba, el momento el que la santa de Ávila inicia la reforma del Carmelo. Y con ella, un modo de vida evangélica y una espiritualidad basadas en la configuración personal con Cristo y en la vivencia radical del Evangelio.

Se cumplen, así pues, 450 años del inicio de la reforma teresiana, con la fundación del Monasterio de San José de Ávila, el primero de los “palomarcicos” de la Virgen que la santa castellana engendró para su Señor y para la Iglesia entre pruebas y contrariedades. Una anécdota entre elocuente y en cierto modo divertida: El Ayuntamiento de Ávila acaba de cerrar formalmente el proceso abierto hace 450 años contra la apertura del Monasterio de San José, que aún permanecía sin resolver. Si algo es de Dios, Él le da vida, permanencia y fecundidad.

COSA DE DIOS
Recuerda el Santo Padre Benedicto XVI, en su mensaje al Obispo de Ávila con ocasión de este acontecimiento, que el Señor mismo fue quien animó a Santa Teresa para que fundase el Monasterio de San José, inicio de la reforma del Carmelo, de la cual este 24 de agosto se cumplen cuatro siglos y medio, y que se celebra precisamente con un Año Jubilar en la diócesis abulense.

En dicho mensaje, el Papa se refiere a la espiritualidad teresiana como “una luz segura para descubrir que por Cristo llega al hombre la verdadera renovación de su vida”. Y define el estilo de la santidad que trasparenta una Teresa enamorada del Señor y que sólo quiso agradarle en todo: “Un santo no es aquel que realiza grandes proezas basándose en la excelencia de sus cualidades humanas, sino el que consiente con humildad que Cristo penetre en su alma, actúe a través de su persona, sea Él el verdadero protagonista de todas sus acciones y deseos, quien inspire cada iniciativa y sostenga cada silencio.”

PARA TIEMPOS RECIOS
La raíz de esta fuerza espiritual, añade el pontífice, está en la oración, en ‘tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama’ (Vida, 8,5), y propicia una forma de vida que favorece el encuentro personal con Cristo, para lo cual hay que ‘ponerse en soledad y mirarle dentro de sí, y no extrañarse de tan buen huésped’ (Camino de perfección, 28,2).

Este nuevo estilo espiritual sale al encuentro de un mundo nuevo también, de unos ‘tiempos recios’ en los que ‘son menester amigos fuertes de Dios’, y en los que no es posible la comodidad ni la superficialidad: “Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, quieren poner su Iglesia por el suelo. No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios asuntos de poca importancia” (Camino…, 1,5)

Benedicto XVI indica que “el fin último dela Reforma teresiana…, en medio de un mundo escaso de valores espirituales era abrigar con la oración el quehacer apostólico; proponer un modo de vida evangélica… desde la convicción de que toda auténtica reforma personal y eclesial pasa por reproducir cada vez mejor en nosotros la «forma» de Cristo (cf. Gal 4,19). No fue otro el empeño de la Santa ni el de sus hijas... Ante el olvido de Dios, la Santa Doctora alienta comunidades orantes, que arropen con su fervor a los que proclaman por doquier el Nombre de Cristo, que supliquen por las necesidades de la Iglesia, que lleven al corazón del Salvador el clamor de todos los pueblos.”

Esos tiempos son los nuestros: “También hoy, como en el siglo XVI, y entre rápidas transformaciones, es preciso que la plegaria confiada sea el alma del apostolado, para que resuene el mensaje redentor de Jesucristo… En esta apasionante tarea, el ejemplo de Teresa de Ávila nos es de gran ayuda. En su momento, la Santa evangelizó sin tibiezas, con ardor nunca apagado, con métodos alejados de la inercia, con expresiones nimbadas de luz. Esto conserva toda su frescura en la encrucijada actual, que siente la urgencia de que los bautizados renueven su corazón a través de la oración personal, centrada también en la contemplación de la Sacratísima Humanidad de Cristo como único camino.”

UN HORIZONTE DE NUEVA EVANGELIZACIÓN
¿Qué aporta el espíritu teresiano y carmelitano a la evangelización? Poner en Cristo el centro de la vida. “Consentir que el Espíritu Santo nos haga amigos del Maestro y nos configure con Él”, poniendo “la humildad en la conducta, la renuncia a lo superfluo, no hacer agravio, proceder con sencillez y mansedumbre de corazón… No anteponer nada a su amor, estando siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza y viviendo en filial obediencia a nuestra Santa Madre la Iglesia.”

Empezará esta novedad evangelizadora por la formación de familias que se apoyen y crezcan al fuego del Evangelio, de comunidades cristianas vivas y unidas que se funden en Cristo y sirvan a los demás de forma sencilla y generosa, en las que la oración y la vida interior impulsen el aprecio y vocación a la hermosura de la vida consagrada. De modo especial se refiere el Santo Padre a los jóvenes para que, a imitación de Teresa, tomen en serio la llamada a la santidad: “Aspirad también vosotros a ser totalmente de Jesús, sólo de Jesús y siempre de Jesús. No temáis decirle a Nuestro Señor, como ella: ‘Vuestra soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?’.”

Una hermosa conclusión cierra el mensaje de Benedicto XVI: “Que María, Estrella de la evangelización, y su casto esposo San José intercedan para que aquella “estrella” que el Señor encendió en el universo de la Iglesia con la reforma teresiana siga irradiando el gran resplandor del amor y de la verdad de Cristo a todos los hombres.”

De modo especial, menciona a “las queridas Carmelitas Descalzas del convento de San José, de Ávila, que perpetúan en el tiempo el espíritu de su Fundadora.” A ese recuerdo y gratitud que abraza a todas las hijas de Teresa de Jesús, nos sumamos también los que deseamos alimentar nuestra vida con la savia carmelitana.

¿Educar, para qué?

Crónica del XV Foruniver de Verano
Lardero-La Rioja, 20-27 de julio de 2012

Lardero, a un paso de la capital riojana, ha sido de nuevo el escenario del XV Foro Universitario de Verano, FORUNIVER, un ámbito de encuentro y de amistad en el que conviven profesores, alumnos y profesionales de diferentes campos para reflexionar juntos sobre una cuestión esencial. En esta ocasión, sobre uno de los temas centrales del crítico momento que nos toca afrontar: “Educar en un tiempo de crisis. ¿Educar, para qué?”

Tres veces al año y con dos formatos, una en verano, durante una semana, y otras dos de fin de semana en primavera y otoño, se han realizado ya 43 ediciones hasta la fecha. Promovido por el Equipo Pedagógico Ágora, FORUNIVER es una escuela de valores humanos basada en el humanismo cristiano, que se toma la cultura en serio porque intenta sembrar valores de sentido en un mundo de oscuridad intelectual y relativismo. Por ella han ido desfilando en todos estos años los temas más candentes, y se han tratado las más decisivas claves para la formación de un hombre o una mujer que quiera estar a la altura del tiempo presente.

De la mano de magníficos maestros, a través de una profunda y gozosa relación de amistad, y guiados por el deseo de saber, se pretende suscitar el amor a la verdad, al bien y a la belleza.

EDUCAR EN UN TIEMPO DE CRISIS…
Más de cincuenta asistentes de toda España, principalmente de Madrid y Pamplona, aunque no han faltado otros procedentes de diferentes puntos de España, hemos vivido este verano una experiencia privilegiada, reflexionando juntos sobre el horizonte de la educación en estos momentos de crisis.

No se trata sólo de la educación escolar. Hablamos de “toda la educación”, la que se funda en la familia, la que llevan a cabo los medios de difusión, configuradores de las modas y mentalidades, y de los valores y gustos compartidos por las masas; la que se trasluce en el cine, la que ahora nos exigen los responsables y gurús de la economía -esa que tiene que ver, dicen, con el fomento del “emprendimiento” y la empleabilidad-…

Pero también se trata de esa educación del corazón que se forja entre la maraña de solicitaciones que nos bombardean a diario y a través de la convivencia. Son las experiencias vitales de las que sacamos lecciones para nuestra vida. Y por medio de las cuales nos vamos educando nosotros mismos, muchas veces de forma dispersa y a menudo no muy bien estructurada.

Si nos lamentamos de que nuestra época de crisis económica ha estallado, cuando las finanzas y los excesos del consumismo nos han agujereado los bolsillos, es preciso reconocer que antes fuimos educados en la cultura del éxito a ultranza, del pragmatismo del “todo vale para estar a gusto conmigo mismo” y ver satisfechos mis deseos. Esto sólo es el resultado.

MÁS VULNERABLES
Al mismo tiempo nos hemos hecho más frágiles a la hora de encajar y superar las frustraciones que florecen por doquier. Nos hemos hecho hedonistas, idólatras del cuerpo y la salud, individualistas de tomo y lomo. Superficiales, incapaces de asumir compromisos a largo plazo, amigos del enriquecimiento material fácil. Han aparecido nuevos síndromes, como el de Peter Pan -eternos adolescentes incapaces de asumir responsabilidades y madurar-, el vacío existencial, el síndrome del pequeño emperador, -esos hijos que maltratan a sus padres por no haber obedecido nunca y por carecer de límites en su comportamiento. Esclavos del “me gusta/ me apetece/tengo ganas” y del “no me gusta/no me apetece/ no tengo ganas”… Más manipulables por los magos de los estímulos de agrado y desagrado, de los conductores de masas y los demagogos…

Y además, ya no tenemos tiempo. Para lo esencial, para nuestros hijos, para nuestros padres, para contemplar, para pensar, para leer sosegadamente, para hacer balance de nuestra vida…

Tenemos, a pesar incluso de la recesión económica, más medios educativos que nunca. Y el fracaso escolar y educativo, y la insatisfacción, son mayores que en otros momentos. Tenemos más libertad, pero no sabemos muy bien qué hacer con ella. Ya no nos hacemos grandes preguntas. Lo peor de todo es que se trata en el fondo de una crisis de educadores y de verdadera autoridad. Necesitamos auténticos maestros de vida.

Si nos falla la educación, es porque antes nos fallaron los valores de sentido; y si falla la educación acabará fallando todo. Porque el futuro se nubla de desencanto y desesperanza.

Algunos, con Benedicto XVI a la cabeza hablan sin ambages de que vivimos una “emergencia educativa”. Sí. Necesitábamos volver a pensar juntos en la educación y preguntarnos: ¿PARA QUÉ?

UN MAGNÍFICO PLANTEL DE MAESTROS
En los FORUNIVER hablamos directamente de maestros. Maestros en el sentido más profundo de la palabra y de la idea: personas a las que la vida y la experiencia les han otorgado una autoridad moral que otros tomamos como referencia para vivir. Maestros en el saber y maestros de vida. Personas que viven lo que enseñan y que enseñan lo que viven. Y que transmiten luz, energía, pasión por la verdad, la belleza y el bien.

En todos los Encuentros, y también en éste, ha estado presente -¡que gran privilegio!- el genio y la bondad, amable y bienhumorada, de Santiago Arellano. En su trayectoria como educador se dan cita, en una síntesis que impresiona, la literatura, la docencia, la fructífera dedicación a la política educativa, la filosofía, una mirada que es capaz de ver en el arte el espejo de la condición humana, y la capacidad de enseñar a contemplar, a “leer la vida”. Un humanista que halla su luz en la fe. Y el buenísimo humor, la cercanía, el trato generoso y paternal del mentor que da seguridad y suscita en los demás el deseo de aprender y de bendecir la vida.

Santiago está convencido de que el fin de toda educación auténtica es enseñar a amar -para eso hemos venido a este mundo-, sus claves se basan en una luminosa convicción: el ser humano, la persona, es a un tiempo ‘don y tarea’. Somos “alguien”, y estamos aquí para aprender a amar y para llevar a su perfeccionamiento este mundo nuestro. Somos responsables del contenido y de la orientación de nuestra vida, porque la historia humana es una opción de libertad. Y la libertad es la libre y amorosa elección del bien, la mirada esperanzada y creativa basada en que la verdad del hombre y de todas las cosas es que hemos sido creados para el amor. Y esto vale para las acciones ordinarias de la vida cotidiana como para las más arriesgadas y complejas de la vida social y pública.

“La sucesión de movimientos estéticos, cada uno con causas propias que explican su nacimiento, en una perspectiva diacrónica no son saltos cambiantes en el proceso creativo del tiempo, sino un continuo en el que determinados anclajes temáticos nos permiten comprender y relacionar aspectos básicos de lo humano permanente. La cristiandad medieval es un modelo de civilización cuya clave se encuentra en la concepción cristiana del hombre como persona. Ello explica la ciudad medieval, las catedrales, las universidades, las ‘sumas’, los códigos, los cantares de gesta, los poemas de la clerecía, los cantos líricos o las representaciones teatrales.

La literatura y el arte en general moderno y contemporáneo surge para proclamar la autonomía del hombre, su individualismo radical. Si en el principio contemplamos el gozo de la liberación de los lazos que lleva consigo el concepto de persona, trescientos años más tarde, sobre todo en los siglos XIX y XX, escucharemos el horror del hombre desolado, del hombre desorientado y roto.”

Junto a Santiago Arellano, otros grandes protagonistas. Para empezar, Abilio de Gregorio desarrolló las claves de los “grandes paradigmas de la educación”, recalcando que es preciso humanizar la enseñanza, la escuela, la educación familiar. En las últimas décadas se ha mirado en direcciones equivocadas poniéndose en peligro el “principio de humanidad”, y haciendo que la persona se viera difuminada en su dignidad. Contrapuso cuatro grandes paradigmas: los modelos de una educación “instruccional”, “socializadora”, “crítica” y “personalizadora”. Llamó especialmente la atención sobre la actual falta de verdaderos maestros, de personas maduras que ofrecen significados a los alumnos, más allá de la mera transmisión de datos. Los valores surgirán, apuntilló, cuando se haya interiorizado en el hecho educativo el valor de la persona como centro.

Fernando Carbajo, con su personal forma socrática de hacer pensar y de iluminar las grandes cuestiones, propuso una sugerente definición del educador. Educa el que es maestro de la belleza. La belleza está presente en la realidad, es el esplendor mismo de la verdad que atraviesa las cosas y las trasciende. El educador enseña a mirar, muestra el misterio, ese resplandor de lo real que atrae y conmociona. Y añadió Fernando: “Pero sin esperanza no se puede apreciar la belleza. Educar es un servicio, que se realiza a través del ejemplo, del diálogo y del hacer- hacer.”

LA EDUCACIÓN DEL CORAZÓN
Si las mañanas fueron momento para las ponencias de fondo, las tardes, a través de talleres que buscaban el enganche con lo concreto, lo emocional y lo práctico, fueron tiempo de educar especialmente el corazón. Un taller de música -“¡Siyahambaaaa…!”- convirtió a la concurrencia en un inesperado y magnífico coro de góspel, de la mano del profesor Javier Ibarz. José Alfredo Elía introdujo a los presentes en la entraña y elocuencia del cine. Y el psicólogo del ‘Teléfono de la Esperanza’ Alfonso Echávarri puso el dedo directamente en el corazón en el taller sobre educación emocional. Inolvidables apuntes que hicieron del saber una experiencia tangible.

En esa dirección estuvieron planteadas las sesiones de cineforum de la tarde-noche. Películas que dieron pie a la reflexión compartida, a la mirada compartida, a la expresión y expansión de sentimientos, anhelos y experiencias personales.

¿Y LA POLÍTICA…?
Una sustanciosa mesa redonda acerca de ‘Educación y política’ tuvo lugar en la tarde del jueves 26. Presentados por Miguel Ángel Echávarri, joven periodista en ciernes, aportaron sus reflexiones tres personas que se han dedicado y se dedican a servir a la educación y al bien común desde una actividad hoy tan denostada -pero tan esencial- como es la política. José Iribas, Consejero de Educación del Gobierno de Navarra, Juan Antonio Gómez Trinidad, catedrático, exdirector general de Educación del Gobierno de la Rioja y exdiputado, actualmente alto inspector de educación en la Rioja, y el propio Santiago Arellano, exdirector general de educación del Gobierno de Navarra, ofrecieron una visión realista de las implicaciones visibles y menos visibles entre política y educación, y su mirada -nada complaciente pero siempre positiva- acerca del panorama actual y de la necesidad de proyectos educativos de envergadura, que estén por encima de las turbulencias políticas, económicas y sociales del momento.

LA COMPLEJA Y LUMINOSA MIRADA DEL ARTE
Especialmente elocuente fue el día de convivencia, dedicado a visitar el museo de arte contemporáneo que las empresas Würth tienen abierto en La Rioja. El arte contemporáneo ofrece una mirada fiel del desesperanzado horizonte vital del hombre moderno, como un ser sombríamente “arrojado a la existencia”; muestra la desaparición de la dignidad en el rostro de la persona, la desfiguración -en más de un sentido- que delata la verdadera crisis de fondo, que es una crisis de sentido.

Para elevar los ánimos - pues más allá de la asombrosa pirotecnia formal del arte, el sentimiento de angustia era difícil de evitar- el contrapunto fue la visita al prodigioso pórtico gótico de la Iglesia de Santa María en Laguardia (Álava). Otra visión de la vida y de su sentido. Un contraste que se hace lección incuestionable y concluyente.

Una elocuente prueba de cuál es el drama del humanismo ateo, puede también advertirse en el poema “Altazor” (imagen del ser humano), de Vicente Huidobro:

“Altazor ¿por qué perdiste tu primera serenidad? / ¿Qué ángel malo se paró en la puerta de tu sonrisa / Con la espada en la mano? / ¿Quién sembró la angustia en las llanuras de tus ojos como el adorno de un dios? / ¿Por qué un día de repente sentiste el terror de ser? / Y esa voz que te gritó ‘vives’ y no te ves vivir / ¿Quién hizo converger tus pensamientos al cruce de todos los vientos del dolor? / Se rompió el diamante de tus sueños en un mar de estupor / Estás perdido Altazor / Solo en medio del universo / Solo como una nota que florece en las alturas del vacío / No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza. / ¿En dónde estás Altazor?...”
 
El día dedicado especialmente a la convivencia terminó en una bodega familiar, donde las viandas de la tierra, el humor y el buen ambiente ofrecieron también un contrapunto cordial y necesario, que todos disfrutamos y agradecimos: “Dios, que en su infinita bondad aquí reunidos nos tiene: -Será por que nos conviene…, -Pues hágase su voluntad” (¡gracias, José Eduardo, “oh capellán, nuestro capellán”! y amigo entrañable).

GAUDEAMUS
El himno universitario –Gaudeamus igitur- inspira el sentir general con el que todos los asistentes regresábamos a casa -“a casa, siempre a casa”, como gustaba decir Hölderlin-, deseosos de llevar a la vida diaria los lentes de una nueva mirada con la que contemplar el mundo y a las personas. Con la mochila del corazón llena de nombres y de rostros irrepetibles y queridos.

Transformados por esta experiencia profunda de reflexión y de amistad, alternando el tiempo del trabajo y del descanso, la convivencia y la reflexión compartida, escuchando a los maestros…, tocados una vez más en lo profundo del corazón, somos conscientes de que el FORUNIVER empieza precisamente ahora, cuando la luz recibida empieza a hacerse tarea: en las aulas y en el trabajo, en la familia y en el ocio, en la presencia cívica y en el consejo al amigo. En la vida.

En un tiempo de crisis, llevamos esperanza para humanizar nuestros ambientes, aspirando a ser maestros de vida. Es nuestra forma de ofrecer, hoy, a la educación un para qué.

Andrés Jiménez

Un testimonio de fe

Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría (Benedicto XVI, JMJ 2011)

Janire Peñafiel

Todo cambió cuando conocí a mi marido Javier hace ya 9 años. Él venía del entorno de los Cruzados de Santa María, a los que siempre ha estado ligado, desde su primer campamento a los 12 años. El caso es que a raíz de conocerle a él, también fui conociendo a mucha gente de los colaboradores de los Cruzados y cada vez más, participando en las actividades que organizan. Digo poco a poco porque para una persona como yo, cuya vida ha estado alejada de la Iglesia, participar en actividades como la Vigilia de la Inmaculada o los retiros, es algo totalmente novedoso y en ocasiones, desconcertante. Mi cabeza se iba llenando de preguntas a las que nunca antes había buscado respuesta y que poco a poco iba encontrándolas.

Sin duda, ellos han contribuido enormemente en mi “conversión” y desde aquí les doy las gracias. Pero también la familia de mi marido ha tenido mucho que ver en ella, por el ejemplo y vivencia de fe que son capaces de transmitir a todo el que les conoce. Además de una familia unida que vive su fe activa y abiertamente, son una familia fuerte que ha tenido y sigue teniendo que enfrentarse a situaciones muy complicadas de salud y siempre sin perder la alegría, las fuerzas y sobre todo la fe.

Ahora, que estamos sumergidos en plena Campaña de la Visitación, ningún ejemplo me viene a la cabeza mejor que el de confianza y abandono que nos dan día a día la hermana de mi marido, mi cuñada María y mi cuñado, Juan Diego.

Son un matrimonio cristiano joven, como tantos otros, pero hace tres años y medio que viven una experiencia que les ha cambiado tanto a ellos como a los que estamos a su alrededor.

Todo comenzó con la espera de su segunda hija Sara, con la que conseguían, por el momento, la parejita. En una revisión rutinaria durante el embarazo, le detectaron una obstrucción en el intestino y les informaron de que deberían hacerle un seguimiento especial y practicar una cesárea y una operación para corregir el problema, antes de que se produjeran males mayores.

Pero llegado el momento, el daño ya se había producido y su aparato digestivo estaba muy dañado. Seis meses después de nacer, con sus seis respectivas operaciones (prácticamente una por cada mes de vida), los médicos informaban de que la única manera de arreglar el daño que sufría el aparato digestivo de Sara era un trasplante multiorgánico y que precisaban ser trasladados al hospital madrileño de la Paz. A la incertidumbre y al miedo pasados esos seis meses, se unía el traslado a Madrid, con la separación que ello conllevaba del resto de la familia, y sin saber por cuánto tiempo.

Transcurrieron cinco largos meses en el hospital, hasta que la situación de Sara se estabilizó y los médicos consideraron que por fin podía irse a casa y esperar en Pamplona la llegada del trasplante.

Coincidió que durante el tiempo que permanecieron en Madrid, yo me encontraba trabajando allí y tuve la suerte de poder acompañarlos y compartir muchos de esos momentos. En ese tiempo me sorprendió la serenidad y la dedicación que continuamente veía en María, en Juandi o en la tía Rosa, que no dudó en dejar todo y marcharse a Madrid durante toda la estancia allí.

Al trasladarla a Pamplona, por fin podría ver su casa, dormir en su cuna, jugar con su hermano mayor Javier, al que apenas conocía… Pero qué miedo sacarla del hospital, las posibles complicaciones… y todo con la vista puesta en un futuro trasplante multiorgánico muy complicado.

Los meses transcurrieron sin poder hacer grandes planes y sin separarse del teléfono las 24 horas del día. Sarita se ha pasado 20 horas al día conectada a una máquina, con la que se alimentaba. Hasta que año y medio más tarde, el 13 de diciembre de 2011, llegó la noticia de un donante compatible, como un regalo de Navidad anticipado. Los nervios se mezclaron con la alegría de algo tan esperado, con estar otra vez la familia separada, pero sobre todo, con el miedo al peligro que conlleva un trasplante de este tipo. Inmediatamente, los teléfonos, los mensajes y las redes sociales se pusieron a trabajar. Cientos de personas rezamos para que durante esa larga noche la Virgen acompañase al equipo médico y diese fuerzas a Sara y a sus padres.

La operación del trasplante fue un rotundo éxito, pero ahora llegaba la hora de la verdad; el cómo respondían y aprendían a funcionar esos órganos en el cuerpo de Sara. Estábamos concienciados de que sería un proceso lento y largo, en el que un día se podía avanzar y los dos siguientes retroceder…

Y así fue, incluso hubo momentos en los que no había ni progresos ni retrocesos y no se veía el fin. ¡No creo que haya muchas familias en las que las conversaciones sobre las cacas y la comida de un niño se hayan comentado y celebrado tanto!

Pero el final siempre llega y el Señor nunca había abandonado a Sara, así que casi cinco meses después, en abril de este año, volvían a Pamplona… y ahora, ¡con un miembro más en la familia!… Porque durante la espera del trasplante sucedió que María volvió a esperar un niño, y se fue embarazada de siete meses a Madrid y dio a luz allí, en el mismo hospital de la Paz, a una preciosa niña a la que han llamado Julia y de la que soy la orgullosa madrina.

La historia de Sara no acaba aquí, todavía quedan muchos aspectos médicos que tienen que ir evolucionando, como la recuperación de sus defensas. Otros solucionándose, como la eliminación total de la alimentación que le suministran vía parenteral, pero todo indica que lo peor ya ha pasado… ¡¡que no ha sido poco!!

El caso es que durante todo este tiempo, jamás he oído a mis cuñados caer en la queja, en el victimismo, en el “porqué a nosotros”, en el “cómo es posible que el Señor nos envíe esta prueba”…

Al contrario de lo que pudiera esperarse, lo que he visto han sido muchas sonrisas, mucho agradecimiento a todo el que se ha acercado a preguntar por Sara (¡incluso sin conocerles de antes!) y han rezado por ella, he visto mucha paciencia y sobre todo, mucha confianza en el Señor.

En los momentos más críticos de Sara, ellos han sido capaces de vivir cada día de su hija como un regalo inmenso, sabiendo que nada estaba en sus manos, ni siquiera en las de los médicos.

Y me parece algo tan extraordinario, que se ha convertido en el testimonio de fe más cercano y fuerte que he tenido la suerte de compartir.

Y sé que no sólo me ha marcado a mí, sino a todos los que les conocemos, bien del entorno familiar, bien amistades o simples conocidos, porque nadie se ha quedado sin comentárnoslo, sin decirnos que alrededor de esta familia… hay algo especial. Muchos no saben de qué se trata, y se sienten atraídos como las moscas a la miel, queriendo para sus vidas una pizca de esa entereza y de esas sonrisas.

Otros, como yo, sí que sabemos la respuesta: Dios está presente en medio de esta familia, dando fuerza, alegría y amor en situaciones que parecen insuperables.

Gracias María y Juan Diego, por enseñarme a Dios.

Reflejos del campamento

Impresiones del campamento de Gredos 2012
Milicia de Santa María

DAN GONZÁLEZ

El Señor siempre nos sorprende. El campamento de este año no podía ser una excepción. Yo pensaba que también este año me tocaría ser jefe de escuadra. Sin embargo, dos meses antes de que empezara me enteré de que me tocaría estar dentro del equipo de dirección. La noticia no me sentó muy bien pues el año anterior salí con muchas ganas de retomar la tarea de jefe para seguir creciendo en todos aquellos aspectos en los que me había visto superado. La preparación del campamento fue un tiempo de incertidumbre por no saber qué me iba a encontrar a partir del día 1 de julio. Lo que he descubierto es una manera distinta de vivir el campamento.

Haciendo un repaso general de estos quince días tengo la sensación de no haberlos aprovechado al máximo. La tarea de subjefe de campamento, la que al final se me encomendó, no supone el mismo trabajo y tensión que la de jefe de escuadra. Uno vive más relajado, con más tiempo, un poco fuera de la actividad. Es más costoso estar encima de uno mismo para corregir tus fallos. Es como si uno pasara por Gredos sin que Gredos pasara por él. Conociéndome, que tiendo a ver más intensamente mis fallos que mis aciertos, busqué algo bueno de mi nueva función. Así encontré la clave: “Yo no he elegido ser subjefe de campamento. Ser subjefe supone estar en campamento con otro ritmo. He de buscar la manera en que Dios quiere que lo viva.”

Me parece que esa clave es el servicio. Yo no soy subjefe para crecer yo, para pasármelo bien o para recibir grandes toques del Señor. Yo soy subjefe de campamento para entregarme a los demás, para que otros crezcan, se lo pasen bien y tengan esos toques del Señor. No es que yo no necesite esas tres cosas o que no se den en mi campamento. La cuestión es que yo no vengo para recibir, que ya he recibido mucho, sino para dar. Para olvidarme de mí, para vivir la campaña de la Visitación. Solo viviendo en esa clave, solo si no estoy todo el día pensando en si me está sirviendo para crecer, si estoy a gusto, en si el Señor me habla o no me habla en la oración; solo viviendo así, haré un buen campamento. El resto, se nos dará por añadidura. Se trata de cambiar una manera de ver las cosas. Pasar de estar fijándome en qué tal me ha ido a mí para confiar en que si hago lo que tengo que hacer, o al menos me esfuerzo en hacerlo, el Señor cuidará el resto. Es el reto de creer en el amor de Dios. De que por muy mediocre que te parezca tu vida el Señor puede hacer obras grandes con ella. De dejarle a Él hacer tu vida aunque pienses que está mal hecha. Ya no es tan necesario sentir el amor de Dios. Basta con creer en él.

Vuelvo a mirar al campamento desde esta perspectiva y no me queda sino aceptar lo que hay. También se lo ofrezco al Señor a pesar de que no lo hallo de mucho de valor. Veo cuantas veces he sido incapaz de salir de mí mismo para dar aquello que verdaderamente necesitaba el campamento. Veo también las veces en que no he querido tener ese pequeño detalle que tenía en mis manos. Y encuentro un motivo para la esperanza. Aunque he hecho muchas cosas mal, he hecho otras muchas que han ayudado a la marcha del campamento. Aunque pudieran haber salido mejor, aunque hubiera podido entregarme más, ahí están. El campamento ha salido adelante. No sé cómo pero he amado. Me queda aprender y seguir mejorando. Tenemos la promesa de que “nada nos separará del amor de Dios”. Poco a poco Dios irá sacando más y más amor de mí. Aunque ahora me parezca imposible de conseguir. Pero sucederá.

A los jefes de escuadra. Vosotros también estáis descolocados por lo que acabáis de vivir. Quizás os apena el no haber disfrutado de campamento como otras veces. No importa. Vuestra alegría debe ser que habéis amado con el corazón de Cristo, a pesar de vuestros pecados. Habéis hecho lo que tenías que hacer, el resto, ¿qué más da?

CARLOS JUAN DE DIOS

Este campamento ha sido distinto a los anteriores para mí ya que me tocó ser jefe de escuadra. Desde que me lo dijeron estaba ilusionado porque ser jefe de escuadra implica tener ciertas responsabilidades que me permitirían mejorar en la vida diaria. Así pues, fui al campamento con ganas, pero a su vez un poco triste ya que me perdía los Sanfermines. No obstante, mereció la pena.

El día que llegué y me presentaron a mi tienda me llevé una alegría, pues conocía a casi todos. Además, ya habían estado en campamentos anteriores, por lo que no era necesario andar detrás suyo en todo momento porque sabían lo que debían hacer. Conforme pasaban los días nos llevábamos mejor y acabamos como una “piña”.

Los días de la primera etapa, la de la responsabilidad (antes de ir al circo de Gredos), nos sirvieron para conocernos bien y me permitió observar los peligros que tendríamos allí. Así, en una reunión, hablé con ellos y les pedí cuatro cosas que nos ayudarían a no tener problemas en Gredos. Sin embargo, nunca pensé que la segunda etapa, la de reflexión (los días en Gredos) iba a ser tan buena. No sólo cumplieron con lo que les pedí sino que lo hicieron lo mejor posible siendo todo un ejemplo. Así en Gredos me ayudaron entre todos a llevar la tienda como pretendía.

A la vuelta de Gredos comenzamos a estar más unidos que nunca. Les propuse analizar sus fallos para mejorar como personas, pero me fui desanimado en este aspecto porque me da la sensación de que podía haber hecho mucho más. Los últimos días en el campamento fueron una auténtica maravilla. Nunca olvidaré la noche en la cabaña que hicimos, ni el día de las olimpiadas.

En resumen, este campamento me ha permitido mejorar como persona ya que el ser jefe he tenido más responsabilidad y me ha ayudado a tener más paciencia, ser más ordenado y puntual. Estas superaciones no hubieran sido posible sin la tienda tan buena que tuve. Ahora viene lo difícil, que es llevar todo esto a la vida real.

JAVIER BASTANTE

Vivimos rodeados de constante actividad. En un mismo día puedes ir a la universidad a matricularte, a la autoescuela, a la Escuela Oficial de Idiomas y al dentista... Parece una misión imposible, pero el hecho es que el hombre de hoy se está dejando llevar por esta corriente de "activismo desenfrenado", como me gusta llamarlo a mí. Para mí el Campamento de Santa María es una frenada en seco para todo este envoltorio que muchas veces no me deja mostrar lo que soy en realidad y desenvolverme como a mí me gusta.

Además, como jefe de escuadra, lo que más he buscado este año ha sido que mis escuadristas disfrutaran al máximo de la experiencia que suponen estos quince días, ya que no solo se quedan en intimidad con Dios y consigo mismos, sino que también es la oportunidad perfecta para darse a los demás y poner en práctica todo aquello que se habla en las asambleas y que, a veces, en casa, es muy difícil de llevar a cabo.

Sin embargo, de este campamento me llevo un mensaje breve y sencillo de entender, aunque profundo y complejo de vivir. He comprendido que si somos nosotros quienes intentamos que el mundo del "activismo desenfrenado" no nos coma, de ser los mejores, de llevarnos los méritos por lo mucho que hemos ayudado a los demás en este campamento, etc.; no estamos dejando a Dios la oportunidad de actuar en nosotros. No se trata de tenerle como un salvavidas para cuando las cosas nos van mal, sino que debemos aceptar que somos pequeños y frágiles y que SOLO DIOS es quien puede darnos la verdadera felicidad y, por tanto, debemos dejarnos hacer por Él.

De este modo, y como dije en el último fuego de campamento, ya no soy yo quien hace la foto (los que tenéis tuenti conocéis la típica "autofoto" en la que solo sale medio cuerpo y el flashazo de la cámara), sino que es Dios quien me saca en plenitud, aunque ahora salga más pequeño. Porque gracias a eso pueden aparecer también en la foto la Virgen de Gredos, a la que espero ver al año que viene, y los maravillosos y cuantiosos paisajes y amigos que he conocido durante este campamento.