sábado, 1 de mayo de 2010

Edificados sobre roca

El II Encuentro Laicos en Marcha que estos días tiene lugar en Móstoles (Madrid), como bien conocen nuestros lectores, es una iniciativa del Instituto Secular Cruzados de Santa María y la Delegación de Apostolado Seglar de la Diócesis de Getafe, con el fin de impulsar una efectiva movilización del laicado católico en nuestra sociedad.

En su mayor parte se dan cita jóvenes y familias que sintieron en su día la llamada a la movilización del laicado a la que animaba el siervo de Dios Tomás Morales S.J. Están invitados igualmente todos aquellos fieles laicos que sientan el deseo de vivir su cristianismo de una forma activa en medio de nuestra sociedad.

El objetivo del Encuentro es crear un espacio de convivencia para compartir experiencias personales y asociadas dentro del ámbito de la evangelización de nuestra sociedad, como laicos insertos en el mundo. Quiere ser también un punto de encuentro para futuras colaboraciones e iniciativas evangelizadoras. Se trata de vencer al mal con mayor abundancia de bien.

Pero también es una provocación a nuestra propia vivencia de la fe, un impulso, un reto, una llamada entusiasta. Hoy sólo se puede anunciar a Dios si se tiene dentro de sí una sólida identidad cristiana. Quizá nuestro lenguaje parece a veces incoloro e insípido, porque no estamos todavía suficientemente convencidos de la hermosura de la fe y del gran tesoro del que somos portadores, y nos dejamos fácilmente aplastar por un ambiente demoledor, sumamente manipulable y manipulador. Es preciso mantenerse firmes y entusiastas en medio del temporal que arrecia. Si ponemos nuestra confianza en el Señor y en nuestra Madre la Virgen María saldremos fortalecidos y nuestra fe servirá de faro en un mundo anegado por el odio, la trivialidad y el desencanto.

Jesús nos habla en el evangelio de San Mateo de la importancia de edificar nuestra vida sobre roca, algo que sentimos con una especial necesidad en el mundo en que vivimos, cambiante y no pocas veces tumultuoso y hostil. Una sensación que no es nueva. El Encuentro Laicos en Marcha, presenta justamente como consigna para este tiempo nuestro "Edificados sobre roca".

El primer libro de Abelardo de Armas, un laico que se ha convertido en referente para muchas generaciones de bautizados y con cuyo homenaje se da comienzo al Encuentro, se titulaba Rocas en el oleaje. El lema del Encuentro hace referencia a esa publicación y rescata sus llamadas a cimentar nuestra vida firmemente en los principios inconmovibles del Evangelio.

Es la misma idea que recoge el lema de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid el próximo año: 'Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe'. A ella quiere hacer también referencia el escogido para nuestro encuentro, para que sirva especialmente para los jóvenes, como preparación para vivir esta extraordinaria experiencia eclesial con el Papa Benedicto XVI.

Se ha desatado un huracán de crístofobia en numerosas partes del mundo. Sin embargo los católicos siguen aumentando en número. Como nuestros mártires. Es preciso que crezcamos también en ansias de santidad y de autenticidad. No se trata de ser perfectos. Se trata de... no cansarse nunca de estar empezando siempre. Que Santa María, en este mes de mayo, nos ayude a vivir así, agradecidos, humildes, pero firmes, edificados sobre roca.

Preces al glorioso Patriarca San José

"Sed devotísimos de San José. No dejéis nunca de tenerle grandísima devoción en vuestras necesidades."Así nos insistía el buen y querido monje benedictino, hombre de oración y de Iglesia.

El regaló a nuestra revista estas hermosas y sentidas preces al glorioso santo, defensor de la Sagrada Familia, para que avivemos nuestra fe y le tengamos siempre muy presente en nuestras necesidades y dificultades, y para que las difundamos. En este mes de mayo -Santa María, seguro, estará encantada por ello- las ofrecemos a nuestros lectores.

San José, llamado el varón  justo por el mismo Espíritu Santo.
Asistidnos en nuestra última hora
San José, angelical. Esposo de la siempre Virgen María:
Asistidnos...
San José, a quien el mismo Hijo de Dios llamó su padre:
Asistidnos...
San José, a quien el Padre celestial hizo participante de su paternidad y de su amor infinito a su eterno Unigénito:
Asistidnos...
San José, jefe de la Trinidad terrestre:
Asistidnos...
San José, padre nutricio del que alimenta a todas las criaturas:
Asistidnos...
San José, salvador del Salvador del mundo:
Asistidnos...
San José, guía de la Luz increada, aparecida a los hombres:
Asistidnos...
San José, director de la eterna Sabiduría venida a la tierra:
Asistidnos...
San José, a quien estuvo sumiso el Hijo del Todopoderoso:
Asistidnos...
San José, a quien sirvió la Reina de los ángeles y de los hombres:
Asistidnos...
San José, a quien la Trinidad deífica asoció el gran misterio de la Encarnación:
Asistidnos...
San José, a quien Dios confió el tesoro inmenso de Jesús y María:
Asistidnos...
San José, cuyos trabajos, cuyos sudores, cuya vida entera se consagró al Dios humanado y a su Madre santísima:
Asistidnos...
San José, modelo de sufrimiento, dechado de virginidad I y volcán de amor divino:
Asistidnos...
San José, príncipe de los patriarcas y el primero de todos los Santos:
Asistidnos...
San José, que en la gloria ocupáis un trono, cerca al de Jesús y María:
Asistidnos...
San José, que en el cielo ejercéis la influencia y el valimiento de un padre con su hijo, y de un esposo con su esposa:
Asistidnos...
San José, protector de las almas vírgenes:
Asistidnos...
San José, espejo del ministerio sacerdotal:
Asistidnos...
San José, ejemplar de la santidad del casado cristiano:
Asistidnos...
San José, defensor de los moribundos en su agonía:
Asistidnos...
San José, abogado de la humanidad en todas sus miserias y necesidades:
Asistidnos...

Antífona

Por todos estos privilegios, méritos y gracias, os pedimos vuestros devotos, excelso y poderosísimo Patrón nuestro San José, que nos alcancéis imitar vuestras eminentes virtudes; que nos asistáis en las varias vicisitudes de esta mortal vida; nos patrocinéis en la hora de nuestro tránsito, y nos presentéis después en el cielo a Jesús y a María. Amen.

De la Revista “Tierra Santa”, noviembre de 1974

Tres aniversarios y un fundamento

Tres aniversarios y un fundamento

Fernando Martín Herráez


Es una coincidencia providencial que en estos días concurran tres aniversarios, ligados entre sí por una referencia a la imagen del fundamento de nuestra fe. Intento explicarme.

El 25 de marzo pasado se celebraba en Roma, con una participación masiva de más de 70.000 personas, el 25 aniversario de la Jornada Mundial de la Juventud. Hace 25 años que el anterior Pontífice, el inolvidable Juan Pablo II, inauguraba esa manifestación eclesial de juventud que tanto ha dado que hablar en la Iglesia y en el mundo. Una iniciativa suscitada por el Espíritu Santo que no cesa de sorprendernos con esa perenne vitalidad. Una iniciativa que ha rejuvenecido a la Iglesia y que tanto bien nos ha hecho a todos los que, de un modo o de otro, hemos participado en alguna de las jornadas que se han sucedido desde entonces. He querido destacarlo en primer lugar porque es un aniversario que nos llena de gozo, y también porque así va caldeando y preparando el corazón para la próxima jornada, que si Dios quiere se celebrará en Madrid.

Lo que me ha llevado a hablar de los tres aniversarios, es que en el lema paulino escogido para la Jornada de Madrid está presente la imagen del fundamento, del cimiento, de la roca sobre la que debe estar edificada la vida del joven cristiano: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe".

El segundo aniversario es más reciente. Tan sólo cinco años. El 19 de abril de 2005 los cardenales reunidos en Roma eligieron a Joseph Ratzinger como el Sucesor de Pedro. Hace cinco años que el nuevo Papa Benedicto XVI preside la Iglesia desde el servicio de la caridad. Es un aniversario en el que merece la pena detenerse, para dar gracias a Dios y para rezar por el Papa para que en estos momentos de dificultad, y en tantos otros que nos pasan desapercibidos pero que también existen, el Señor le siga sosteniendo. Pero sobre todo dar gracias a Dios porque su nombre, Benedicto, es símbolo de la multitud de bendiciones que han venido sobre la Iglesia.

El Papa es el Sucesor de Pedro, y aquí vuelvo a la coincidencia al recordar las palabras del Señor en el

Evangelio al instaurar el ministerio petrino: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,18).

Y llegamos al tercer aniversario. El más reciente. Es el primer aniversario, casi como un recién nacido, del Encuentro Laicos en Marcha. Y de nuevo os animo a que nos unamos todos en acción de gracias porque este año vamos a celebrar un nuevo Encuentro. Acción de gracias a Dios porque nos sigue dando fuerzas e ilusión, junto a la Diócesis de Getafe, para impulsar una efectiva movilización del laicado católico en nuestra sociedad.

El lema de este año hace referencia a la parábola del Evangelio de Mateo: "Edificados sobre la roca" (Mt 7,24). Y también es un sencillo homenaje a alguien que ha edificado su vida sobre el fundamento de Cristo, Abelardo de Armas, en sus 80 años.

Porque el fundamento, la roca sobre la que se asienta la vida cristiana de los jóvenes, la Iglesia y cualquier iniciativa de movilización de los laicos, es Cristo. No nos ha sido dado otro fundamento.

María, causa y razón de nuestra vida

Por Santiago Arellano Hernández

Mayo es la representación visible de María. Las flores, en toda su asombrosa variedad, esplendor y belleza son insinuaciones de su indescriptible hermosura, bocetos de su imagen, vagas aproximaciones a su identidad física y espiritual. María es rosa de abril, es lirio, es azucena, es clavel de las marismas. El pueblo cristiano que sabe lo que representa esta Mujer en la Historia de la Humanidad y en el cada día de nuestro vivir personal, ha querido alabarla y ha echado mano de las hermosuras de la Creación: estrella de los mares, estrella de la mañana, flor de las flores. Bien sabe que es imposible aproximarse a la maravilla de María ni siquiera como Reina y Señora de Cielos y tierra y eligió con sabiduría el mes de mayo como mes de María.

Un conocido mío, que a veces ejerce de trovador, le compuso a la Virgen un poema de alabanzas y de consuelos. Le decía a Nuestra Señora.

No tendrían las rosas su perfume.

Ni esplendor ni el rocío ni la estrella.

No mantendría el valle su querella.

Por la luz que en la cumbre se resume.



Difícilmente el mar, que en sí presume.

De hondura sosegada y ola bella,

plasmaría en la arena, como huella

Retumbante, el soñar que me consume.

No podría la aurora entusiasmarme

Ni extasiarme en el arte y sus delirios

Ni asir la espina ni, al sangrar; gozarme



Si no dijera mi ángel, como un padre:

"Que María sostiene tus martirios

Y que está junto a ti como tu madre."

Algunas lenguas que también lo conocen me aseguran que llevaba el soneto una dedicatoria que decía: "A Fernando Martín, a quien tanto ama la Virgen"

Hace algún tiempo leí en santa Teresita del Niño Jesús que prefería considerar a María, más como Madre que como Reina y que desde luego desdeñaba aquellas cursilerías que alejaban a María de su cotidianidad como doncella, mujer y madre en Israel. A mi me cuesta no admirarla en el esplendor de su poderío en los cielos y la tierra, aunque me emociona saber que me la dieron como Madre.

La Iglesia la define como Madre de Dios, Virgen y Madre, Inmaculada, Asunta al cielo, Madre de la Iglesia. En revelaciones privadas como Auxiliadora o Corredentora o Milagrosa; otras recogen su presencia maternal en el peregrinaje doliente de los pueblos: Pilar, Rosario, Lourdes, Fátima. Otras la presencia de María en cualquier rincón del mundo, son las advocaciones de los pueblos. Bendito sea.

En esta ocasión os propongo que contempléis este cuadro en que María abraza a su niño, no sólo con ternura sino con adoración. La elegancia de las cortinas alejan la escena de la cotidianidad sencilla de la familia de Nazaret, sin duda para enmarcar con decoro al Espíritu Santo, cuidador supremo del Dios encarnado. La presencia de los ángeles, aún en actitudes la mar de graciosas, asomándose tras el cortinaje o sosteniéndolo para hacer visible al Espíritu, son esas cursilerías o beaterías que a la santita de Lisieux le desazonaban. María es madre de la fe. Nos precedió en todo como lo que era una mujer sencilla, elegida por Dios, llena de gracia, pero viviendo como cualquiera de nosotros, aunque exenta del pecado por ser La Madre de Dios y por los méritos de la muerte en cruz de su Hijo. Como contrapunto al predominio de la mirada idealizadora, destacan, por un lado, el libro que como tarea educativa y como cumplimiento de las promesas anunciadas en las Alienzas a nuestros padres, anuncia lo que tiene que suceder; por otro, la comida, como signo del cuidado de la realidad material encarnada. Dios y hombre verdadero.