jueves, 1 de diciembre de 2016

Libro de villancicos II

Les ofrecemos en formato pdf el Libro de villancicos II entregado con la revista Hágase Estar 301 de diciembre de 2016.

Si lo desean adquirir en papel pueden hacerlo llamando al tfno. 91 543 70 00 o por e-mail: administracionestar@gmail.com. El precio es de 2€/ejemplar.

Libro de villancicos II


sábado, 1 de octubre de 2016

Allá por 1966

Portada Estar nº 300
El nº 1 de la revista Estar apareció en mayo de 1966, escrita a máquina y con 17 páginas, tamaño folio en horizontal. Se abre la revista con un original editorial, JUSTIFICACIÓN:
Un título siempre es algo importante. A no ser que se enganche frívolamente la primera palabra que viene a la cabeza, el título de una obra, de una revista, de un libro, siempre da mucho que pensar. Se trata de sintetizar en una o dos palabras todo el espíritu que anima a todos los colaboradores. Una palabra que dé la tónica a todo lo que se publicará en el futuro, algo así como la nota inicial de una melodía que obliga a los demás a relacionarse con ella.
Y continúa, durante dos páginas, dando razones de por qué se escogió ese nombre; acaba la Justificación diciendo: Por eso el Estar de María nos ha parecido el lema idóneo de nuestra revista. Un lema que hay que realizar, que supone una tensión continua para permanecer en él.
Esa tensión ha estado presente en todos los cambios y modificaciones que, inevitablemente, tienen lugar en un vivir de cincuenta años, y, aunque sea a riesgo de simplificar mucho, podríamos decir que, en las páginas de Estar, se reflejan las notas educativas de la Cruzada-Milicia: mística de exigencia, espíritu combativo, cultivo de la reflexión y educación de la constancia.
Leyendo las experiencias narradas en la larga vida de la revista, encontramos, entre otras cosas, reflejos del brioso carácter del fundador de la Cruzada-Milicia, P. Tomás Morales, en las anécdotas narradas hablando de la exigencia, la autoexigencia, el compromiso.
Cuando uno ojea esos relatos se acuerda de Antoine de Saint-Exupéry: una civilización se apoya en lo que exige a sus gentes, no en lo que les proporciona.
Se ve cómo a lo largo de los años, Estar propone razones a los padres para que eduquen a sus hijos en la generosidad y el desprendimiento, porque el joven que no aprende a dar, pronto se convierte en exigente defensor de sus caprichos.
Se ve también cómo a través del tiempo, la revista sigue animando a ser almas de grandes deseos, que decía santa Teresa, porque un deseo ardiente de ser y de hacer es el punto de partida desde el que el soñador (educador) debe lanzarse.
La revista comenzó siendo una recopilación de testimonios y vivencias apostólicas; pasó por varias etapas y, actualmente, mantiene ese tono vivencial además de atender al aspecto formativo que nos ilumina para dar razones de nuestra fe.

Hace ya cincuenta años. Y se han publicado 300 ejemplares de la revista Estar. No es ni mucho ni poco tiempo, no es inmovilismo ni revolución esnobista, es una ilusión hecha realidad que comenzó hace ya cincuenta años, allá por 1966.

lunes, 1 de agosto de 2016

El mayor desafío

Portada Estar 299, agosto 2016
Evangelizar. Está en el ADN de la Iglesia: id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16,15). Es la tarea que le ha sido confiada desde siempre: la evangelización. Y, sin embargo, podríamos decir que es el mayor desafío lanzado a la Iglesia desde principios de este milenio.
Quizás como nunca, esta tarea evangelizadora de la Iglesia tropieza con innumerables obstáculos: cambios personales y sociales, creciente proceso de secularización, una agresiva “dictadura del relativismo” que decía Benedicto XVI, una tremenda carencia de valores, una alarmante erosión de la fe, que llevan a lo que Juan Pablo II llamó “una apostasía silenciosa”. El mundo globalizado se ha vuelto, en verdad, una gigantesca tierra de misión.
Por eso, en nuestros días, es más urgente que nunca anunciar a Jesucristo en los grandes areópagos modernos de la cultura, de la ciencia, de la economía, de la política, de los “mass-media”. Se necesitan nuevos métodos, nuevas expresiones y un nuevo coraje para llevar a cabo la nueva evangelización.
En este contexto, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son portadores de un precioso potencial evangelizador, del que la Iglesia tiene acuciante necesidad hoy. Pero dadas las características de nuestra sociedad, se siente, con urgencia, la necesidad de un anuncio fuerte y de una sólida y profunda formación cristiana.
Se asiste, hoy, a una preocupante carencia de ambientes educativos y, precisamente los movimientos eclesiales se presentan como lugares de profunda y sólida formación cristiana, por una rica variedad de métodos y de itinerarios educativos extraordinariamente eficaces.
El carisma es la fuente de la extraordinaria fuerza educadora de los movimientos. Se trata de una formación que tiene como punto de partida una profunda conversión del corazón. No por casualidad, estas nuevas realidades eclesiales cuentan entre sus miembros a muchos convertidos, gente que «viene de lejos». Son, por ello, verdaderas escuelas para la formación de cristianos adultos.
A la otra gran urgencia que tiene hoy la Iglesia, el “anuncio fuerte”, los movimientos y las nuevas comunidades responden innovando sobre los esquemas habituales del apostolado, reexaminando formas y métodos, y proponiendo modos nuevos. Se dirigen con naturalidad y coraje hacia las difíciles fronteras de los modernos areópagos de la cultura, de los medios de comunicación social, de la economía y de la política. Prestan una especial atención a los que sufren, a los pobres y a los marginados.

Evangelizar para convertir, porque la conversión lleva a un cambio positivo de vida. La evangelización, pues, es causa vital para la Iglesia y por eso podemos decir que es su mayor desafío. Y, en este punto, los movimientos tienen mucho que decir

miércoles, 1 de junio de 2016

Transformadores eficaces

Portada Estar 298
Cuando parece que los enemigos de la civilización cristiana tienen un poder omnímodo que pretende excluir a Dios de todas las realidades temporales, puede sonar a atrevido y utópico hablar de una floreciente primavera. Pero así es.
Aumentan los católicos en el mundo. Del 2005 al 2013, los bautizados pasaron de casi 1.115 millones a 1.254 millones, con un aumento absoluto de 139 millones de fieles. El número aumenta, sobre todo en África, en América y en Asia, mientras permanece en los mismos niveles en Europa. Son algunos de los datos del Annuarium Statisticum Ecclesiae 2013, publicado contemporáneamente al Anuario Pontificio de 2015.
En este reverdecer primaveral de la fe tienen su protagonismo propio los jóvenes. Unos jóvenes que no se dejan intimidar por el entorno laicista que trata de envolverlos, y que viven decididos sin miedo al mundo ni al futuro ni a su propia debilidad.
Unos jóvenes enraizados en Cristo a los que no puede detener ninguna adversidad, y que se convierten en el motor de los “líos” que la Iglesia promueve para la dignificación que nuestra sociedad necesita.
San Juan Pablo II, en el histórico encuentro con los jóvenes en el estadio Santiago Bernabéu, les propuso un programa de lucha para vencer el mal con el bien: Cuando sabéis ser dignamente sencillos en un mundo que paga cualquier precio por el poder; cuando sois limpios de corazón entre quien juzga sólo en términos de sexo, de apariencia o hipocresía; (…) Entonces os convertís en transformadores eficaces y radicales del mundo y en constructores de la nueva civilización del amor, de la verdad, de la justicia, que Cristo trae como mensaje.
Son, sin duda, una manifestación rutilante de energía renovadora las JMJ, reuniendo jóvenes de los cinco continentes, que hacen visible una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
Pero la primavera de la fe no puede, ni debe, reducirse a un acto multitudinario temporal. También en el día a día, los jóvenes aportan su granito de arena como se indica, por ejemplo, en algunas experiencias que se reseñan en este número de ESTAR: Tema de Portada, 25 aniversario de la Virgen de Gredos, la entrevista a José María Ausín, las experiencias de Semana Santa´16, etc.
A los que no somos tan jóvenes, también debe llegar la primavera renovando nuestra creatividad para ofertar a la juventud criterios sólidos ante un mundo que encandila con su falsa y fatua policromía.
Primavera de jóvenes y menos jóvenes, bautizados consecuentes, que hacen penetrar el evangelio en sus vidas y, así, con sencillez, audacia y alegría se convierten en transformadores eficaces.

viernes, 1 de abril de 2016

Es distinto

Portada Estar 297
Es distinto, sí, pero, en el fondo, es lo mismo. Han variado, y mucho, las formas, los medios, pero el objetivo final es idéntico: evangelizar la cultura.
Decía san Juan Pablo II en 1982 al Consejo Pontificio de Cultura, que una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida. Y hoy parece que los vivos son los anti fe. Tienen los enemigos de la civilización cristiana un “celo apostólico” que los creyentes hemos perdido.
Tienen una virulencia, una agresividad impositiva a la que los católicos, en general (siempre hay excepciones), damos alas con nuestra pasividad y encogimiento.
Y, sin embargo, hoy como ayer, tenemos la obligación de evangelizar la cultura, de cristianar la sociedad, de mejorar a nuestros contemporáneos ofreciéndoles lo mejor que tenemos: nuestra fe.
Y no vale la excusa de que es que hoy… Sigue siendo cierto que la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. De hecho, los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás.
Tenemos numerosos ejemplos de ello en los trabajos que presentamos en este número: Jóvenes en marcha, Estar en América, Laicos en marcha, Entrevista a Eder, etc.
Hay que atreverse a encontrar los nuevos signos, los nuevos símbolos, una nueva carne para la transmisión de la Palabra, las formas diversas de belleza que se valoran en diferentes ámbitos culturales, e incluso aquellos modos no convencionales de belleza, que pueden ser poco significativos para los evangelizadores, pero que se han vuelto particularmente atractivos para otros.
Es imperiosa la necesidad de evangelizar la cultura para inculturar el Evangelio. Para ello, nada de pesimismos estériles, sino que volvamos a los orígenes como aconseja el papa Francisco en Evangelii gaudium (263):
Es sano acordarse de los primeros cristianos y de tantos hermanos a lo largo de la historia que estuvieron cargados de alegría, llenos de coraje, incansables en el anuncio y capaces de una gran resistencia activa. Hay quienes se consuelan diciendo que hoy es más difícil; sin embargo, reconozcamos que las circunstancias del Imperio romano no eran favorables al anuncio del Evangelio, ni a la lucha por la justicia, ni a la defensa de la dignidad humana.
En todos los momentos de la historia está presente la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo y, en definitiva, la concupiscencia que nos acecha a todos.
Entonces, no digamos que hoy es más difícil; es distinto.

Testigos de Dios en medio del mundo

Por Santiago Arellano
Al padre Morales y a Abelardo, buenos caballeros.
Ese buen Cid Campeador,
Que Dios en salud mantenga,
Haciendo está una vigilia
En San Pedro de Cardeña.
Que el caballero cristiano
Con las armas de la Iglesia
Debe de guarnir su pecho
Si quiere vencer las guerras.
Doña Elvira y doña Sol,
Las sus dos fijas tan bellas,
Acompañan a su madre
Ofreciendo rica ofrenda. Cantada que fue la misa,
El abad y monjes llegan
A bendecir el pendón,
Aquel de la cruz bermeja.
Soltó el manto de los hombros,
Y en cuerpo con armas nuevas,
Del pendón prendió los cabos, Y de esta suerte dijera: —Pendón bendecido y santo, Un castellano te lleva,
Por su rey mal desterrado.
Bien plañido por su tierra.
A mentiras de traidores
Inclinando sus orejas
Dio su prez y mis hazañas,
¡Desdichado del y de ellas!
Cuando los reyes se pagan
De falsías halagüeñas,
Mal parados van los suyos,
Luengo mal les viene cerca.
Rey Alfonso, rey Alfonso,
Esos cantos de sirena
Te adormecen por matarte, ¡Ay de ti si no recuerdas!
Tu Castilla me vedaste
Por haber holgado en ella, Que soy espanto de ingratos
Y conmigo non cupieran.
¡Plegue a Dios que non se caigan, Sin mi brazo, tus almenas!
Tú, que sientes, me baldonas;
Sin sentir, me lloran ellas.
Con todo, por mi lealtad
Te prometo las tenencias
Que en las fronteras ganaren
Mis lanzas y mis ballestas. Que venganza de vasallo
Contra el rey, traición semeja,
Y el sufrir los tuertos suyos
Es señal de sangre buena”. —
Esta jura dijo el Cid, Y luego a doña Jimena
Y a sus dos fijas abraza. Mudas y en llanto las deja. Humillándose, el Abad Larga bendición le diera Y a las fronteras camina al galope de Babieca.
Os ofrezco este romance anónimo de la saga del Cid, injustamente olvidado y que, para un creyente de todos los tiempos, recuerda y prescribe los modos, los medios, la actitud y el camino para no descarriarnos, para no perder el rumbo de nuestra misión en esta vida, mientras estamos aquí y ahora. Haced una lectura alegórica empezando por identificaros con El Cid. Tú, hombre o mujer, y yo somos caballeros cristianos a los que se nos ha encomendado, velar por que las almenas de la ciudad de los hombres, ordenadas según la voluntad de Dios, se conviertan en el castillo donde habita la humana felicidad posible.
Hay falsías halagüeñas y embaucadores que desorientan incluso a la autoridad responsable sobre el orden debido, hasta alejarte de tu Castilla amada y de los tuyos; como dice el poeta Luengo mal les viene cerca. Más que desterrado en este valle de lágrimas, desterrado en tu interior y a contracorriente de todo lo que constituye tu sentido de la existencia.
Es admirable la reacción del caballero. Nada de venganza. Lealtad a nuestras obligaciones y compromisos, aun en los tuertos que se nos hagan y ofrecer esas “tenencias” que con tu esfuerzo has de conseguir.
No es posible humanamente, dirás. Pues claro, te dice el Cid: Que el caballero cristiano Con las armas de la Iglesia Debe de guarnir su pecho Si quiere vencer las guerras. Oirás misa antes de salir al mundo y además te ceñirás de las armas nuevas de la oración y de las virtudes y tu identidad cristiana el pendón bendecido con la cruz que es la señal del cristiano—. Pendón bendecido y santo bien en alto o bien sin ocultar tu fe. Dirán de ti: Y a las fronteras camina al galope de Babieca.

Pregonad desde la azotea

Aquella mañana Juan y los demás discípulos esperaban inquietos a Jesús. Venía del monte; había pasado la noche orando... Y ahora Juan irradia alegría porque Jesús, mirándolo con amor, lo ha escogido para ser de los doce. Tiene los oídos bien abiertos, para escuchar las instrucciones del Señor, que los envía al mundo. Desde entonces guarda en su corazón estas palabras: lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea (Mt 10, 27). ¿Qué querrían decir?
Hoy, dos mil años después, también nosotros somos alcanzados por la llamada de Jesús. Nos sigue mirando con amor, nos envía y renueva sus disposiciones: ¡lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea! ¿Cómo cumpliremos esta palabra? Las azoteas hoy se han poblado de antenas, y las tecnologías de la comunicación dilatan las terrazas y permiten transmitir no solo al vecindario, sino al universo entero. Estamos llamados a ser antenas vivas de la Buena Noticia. ¿En qué sentidos?
·                  La antena capta una señal y la emite amplificada. Lo importante es la señal, el mensaje. Hemos de ser fieles al mensaje recibido; si pretendiéramos expresar nuestra propia señal, sólo emitiríamos interferencias que distorsionarían el contenido.
·                  Además hemos de ser antenas sensibles para captar lo dicho al oído… Si perdiéramos agudeza auditiva se nos escaparía parte del mensaje. Y hemos de ser capaces de discernir, entre tantas ondas que surcan los aires, aquella para la cual somos enviados. Debemos señalarnos en reconocer el mensaje y en vibrar con él. Hemos de estar en la onda.
·                  Pero la antena no se queda el mensaje para sí. Lo transmite; más aún, lo amplifica. Y lo emite en el código de frecuencias con el que funcionan los receptores a quienes va destinado. Hemos de ser capaces de transmitir a Jesucristo en el lenguaje de la calle. Y para ello hemos de aprovechar todas las azoteas de la cultura actual: las artes, la televisión, el cine, la prensa (¿qué decir de Estar?)…, sin olvidar los blogs, los chats, las webs y todo el mundo de internet.
·                  Los laicos hemos de ser antenas de doble sentido: atentos al mensaje de Jesucristo para transmitirlo al hombre, pero atentos también a los hombres para trasladar sus inquietudes al Señor. Siguiendo el estilo de María en Caná. Ella captó la necesidad de los esposos y se la transmitió a su Hijo: No tienen vino (Jn 2, 3). Como señaló el papa Francisco a los miembros de los Institutos Seculares italianos: Vosotros sois como antenas dispuestas a acoger los brotes de novedad suscitados por el Espíritu Santo, y podéis ayudar a la comunidad eclesial a asumir esta mirada de bien y encontrar sendas nuevas y valientes para llegar a todos (10.5.2014). ¡Vaya misión!: atentos a captar y acoger cuanto el Espíritu Santo suscita en nuestro mundo, y responder abriendo nuevos caminos en la Iglesia y en el mundo, con creatividad y valentía.
* * *
“¡¡Ya está!!”. Juan acaba de recibir una nueva luz que ilumina aquellas palabras del Señor: lo que os digo al oído pregonadlo desde la azotea… Y comienza su primera carta: lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida ¡os lo anunciamos…! (1 Jn 1-3). Sus cartas y su evangelio serán la azotea desde la que comunicará la Buena Noticia, que es Cristo mismo.

Este mensaje es el que recibimos y el que estamos llamados a difundir: ¡lo que hemos oído, lo que hemos visto, lo que palpamos del Señor, os lo anunciamos! ¿No merece la pena dedicar la vida a transmitir por todas las antenas de nuestras azoteas de hoy la mejor de las Noticias, Jesucristo?